Publicado: 30/01/2026 UTC Nación Por: Fernando Riva Zucchelli

Combo Milei: La Argentina sufre la destrucción creativa y la trampa de los sectores medios

Opinión.
Combo Milei: La Argentina sufre la destrucción creativa y la trampa de los sectores medios
Fernando Riva Zucchelli
javier milei

La Argentina está viviendo un momento muy especial en su vida productiva mientras crujen sus estratos sociales y esto se verifica en la cantidad de despidos de distintos sectores de la industria nacional a lo largo y ancho de todo el país. Pareciera una demolición deliberada. Vayan algunas consideraciones al respecto para entender mejor qué se les pasa por la cabeza a los teóricos del este fenómeno.

La destrucción creativa es una creación de Joseph Schumpeter (nacido en 1883 en Austria, pero que desarrolló gran parte de su carrera en Estados Unidos) y es el proceso central del capitalismo donde la innovación constante reemplaza tecnologías y modelos de negocios antiguos por otros nuevos, impulsando en el mejor de los casos el crecimiento económico, pero también generando obsolescencia y disrupción negativa, siendo un "vendaval perenne" de cambio sin rumbo, desde dentro, que revoluciona la estructura económica y social. Este ciclo continuo, introducido por el economista Schumpeter, implica que los nuevos productos y métodos de producción no solo compiten, sino que eliminan a los anteriores, como el ferrocarril a la diligencia en su momento, internet a las viejas comunicaciones y los gigantes del e-commerce al comercio tradicional.

Aunque nuestro Presidente se declaró desde su inicio como un admirador de la escuela austríaca, el bueno de Shumpeter tuvo algunas coincidencias con ellos (Mises y Hayek), aunque nunca fue parte de ella. El economista se centraba en la innovación y en el papel del empresario como agente del cambio, mientras la escuela austríaca ponía más énfasis en la libertad individual y la teoría del mercado, exactamente los ejes del presidente Milei en Davos hace unos días.

La destrucción creativa no es un defecto (en su teoría), sino es la esencia misma del sistema, un impulso para la transformación continua y permanente. Son los nuevos bienes, los métodos de producción, distribución y mercados los que desmantelan todo lo viejo. El empresario innovador es la figura central, introduciendo estas innovaciones que alteran y modifican sustancialmente las estructuras existentes.

La competencia principal ya no es por precios (aunque logren superioridad en ellos), sino por la innovación que borra a los competidores. Puede llegar a generar prosperidad a largo plazo en un proceso virtuoso que no siempre se logra, pero garantiza en el corto plazo importantes pérdidas de empleos y la obsolescencia de industrias, implicando un cambio social significativo.

Es en ese marco, en el cual Javier Milei desea primero destruir la industria nacional existente y que el mercado haga surgir lo que entienda que sea “competitivo”. También quiere una educación pública privada o con subsidio a la demanda (insólito, ya que nunca pudo realizarse) y por último destruir la salud pública. En pocas palabras, todas las conquistas sociales que hicieron diferente a nuestro país del resto de la región, ahora está todo en la mira y desde allí se genera una movilidad social descendente en el corto plazo, muy border con la conflictividad que llegará de la mano de las estructuras sindicales, de movimientos sectoriales o de la gente harta de tener que vivir día a día, sin una esperanza de estar incluida en ninguna reactivación. El proceso de destrucción creativa también necesita una macro equilibrada, para que exista DC sino sólo hay destrucción. La reforma laboral agravará esta situación. Veremos qué capacidad de lucha tienen las centrales obreras y sectores de la oposición. Aunque la mira está puesta en los desencantados o no favorecidos por estas políticas. Una incógnita a develarse en el 2026.

Acá introducimos el concepto de **la trampa de los sectores medios, **que Argentina domina como muy pocos ya que los forjó en el siglo pasado y por una sucesión de errores de los gobiernos en ejercicio del poder, fueron invirtiendo la movilidad social ascendente por el actual tobogán de todos aquéllos que los tiraron del último tren. No alcanza con la ya desbordada capacidad laboral chatarra de Pídalo Ya, Rappi o Uber para nombralos con nombre y apellido, para mostrar números más o menos alentadores, o con el crecimiento exportador de Vaca Muerta para dibujar un boom de la Argentina exportadora. Tampoco el RIGI aportó soluciones, y este país gobernado con una única visión, la economicista, solo seguirá conociendo negocios financieros – de acuerdo a cada realidad- y hechos por los mismos de siempre.

La trampa de los ingresos medios describe el estancamiento económico de ciertos países que, tras superar la pobreza y alcanzar un nivel de renta media (peronismo desde la década del 40 hasta los 60/70, estado de bienestar) no logran convertirse en economías desarrolladas. Ocurre cuando los salarios aumentan, pierden competitividad en la manufactura básica, pero carecen de la innovación y productividad necesarias para competir en tecnología de alto valor añadido, algo bastante común en vastos sectores de la economía argentina.

Los salarios más altos impiden competir con economías más pobres o de menor valor en la mano de obra, mientras la baja productividad frena la competencia con naciones ricas con buenos salarios. Siempre perdemos.

Se cae en la dependencia excesiva de los recursos naturales (en nuestro caso el agro, petróleo-gas, minería/litio) o manufacturas realizadas con baja tecnología. A todo ello se le suma la escasa inversión en investigación y desarrollo (I+D) o directamente la desinversión aplicada por este gobierno condenándonos a salir de selectos colectivos donde estábamos muy bien posicionados como en el Club Atómico Mundial o con los satélites del INVAP, así como tantos otros rubros del conocimiento que continúan siendo desfinanciados permanentemente, tales como las universidades, el régimen educativo en general. La salud pública ya los dijimos. La fila es larga.

Las expectativas de la clase media crecen más rápido que la capacidad del país para satisfacerlas, lo que a menudo genera inestabilidad política y desgaste de la credibilidad cuando a la esperanza se la lleva el viento.

Para evitar esta trampa, y en esto se debe enfocar nuestro país se requieren reformas de segunda generación enfocadas en la productividad, educación de calidad, ciencia y tecnología y mejoras institucionales e integrales sobre todo en atención social inclusiva, más allá de la simple apertura de importaciones que, cómo medida pasajera y sin lo anterior, sólo complica la situación.

Como todas las elites, la dirigencia política, empresaria y la gente de a pie, pone la atención en lo que puede coronar el 2027, todos ellos en sus tiempos. La prioridad inmediata para el país, oficialismo y oposición, cada uno en su papel, es la de mejorar ya una calidad de vida aceptable por lo menos para las grandes mayorías. La Argentina no tiene tiempo. Demasiadas necesidades y el intenso turismo personal del Presidente con los que ignora a todas ellas. No alcanzan los números del Indec, ni los de “Toto” Caputo. El único número es lo que necesita un argentino por día para vivir. Hacé la cuenta, Milei.

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