Publicado: 15/01/2026 UTC Mundo Por: Fernando Riva Zucchelli

Soñando con Simón Bolívar se enamoraron de Trump

Opinión.
Soñando con Simón Bolívar se enamoraron de Trump
Fernando Riva Zucchelli
venezuela

El otro día cuando veía a los miles de venezolanos festejar en el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires el secuestro de su Presidente, Nicolás Maduro y el bombardeo en Caracas que dejó decenas de muertos en aquella república, me nació la pregunta acerca de qué harían ahora esos miles de migrantes que Estados Unidos les va a gerenciar (como si fueran una franquicia) su país sobre la base de la explotación del petróleo venezolano, la mayor reserva reconocida del mundo.

Si uno los escuchaba en pleno festejo porteño, todos ellos empezaban antes que nada agradeciendo a la Argentina por el trato que se les dio aquí cuando huyendo del gobierno de Hugo Chávez primero y de Maduro después, recorrieron todo el continente y según su propio decir nadie los trató tan bien como este país.

La Argentina es un país solidario, no hay duda y es muy gratificante que lo siga siendo. Uruguayos, paraguayos y bolivianos, por ejemplo, vinieron desde siempre, a veces en grandes oleadas u otras en formato hormiga, de a uno. Ninguno osó nunca meter su historia donde no correspondía.

Estados Unidos está tomando decisiones fuertes en Latinoamérica, y quizás Venezuela por la audacia invasiva y la negación absoluta del derecho internacional sea la más cuestionable de todas. Es muy triste ver como a una nación soberana, y prefiero no entrar en el juzgamiento del gobierno descabezado ya que da mismo, la asaltan a mano armada con portaviones, helicópteros, aviones cazas y guerra radioeléctrica y mientras casi todo el mundo sensato condena ese accionar, los venezolanos residentes en Buenos Aires salen a festejar la destrucción absoluta de su independencia como país. Cómo los padres y las madres reunidas en el Obelisco les van a explicar a sus hijos cuales fueron los sueños libertarios de Simón Bolívar si ellos se abrazan y ríen al compás del sobrevuelo caraqueño de las Fuerzas Armadas de Donald Trump, que sólo deja muertos en la calle mientras “extraen” a su Presidente. Inentendible, pero así sucede en este mundo tan atormentado por mentes enfermas, y en el mismo lugar donde los argentinos festejamos la alegría del fútbol por suerte bastante seguido, los venezolanos festejan que no van a decidir nunca más por un tiempo que nadie conoce, cómo se construirá el futuro de lo que antes era su patria y hoy es realmente el patio trasero de los Estados Unidos. Da vergüenza ajena.

Si tanto esfuerzo allá, tanta plata gastada en salir y tantos kilómetros hicieron todos ellos por combatir al régimen chavista, pareciera ser el tiempo de ir recalculando que tienen el gobierno que querían, no por apoyar a Delcy Rodríguez, sino porque todos tienen claro en el mundo cómo serán las cosas allí. La transformación deseada por toda esta gente -la que festejaba- para su país ya llegó, de la peor manera en términos internacionales, pero ya la pueden disfrutar al máximo en su tierra (¿suya?), ojalá no se la pierdan ni un minuto a partir de este momento, ya que tanto lucharon por ella. Con las mismas ganas que encararon en su momento la salida de Venezuela, ahora mediten -mientras empacan- sobre todo lo que dijeron acerca de su querido país, sobre todo lo que deseaban para él, lo que la Argentina les dio sin pedirles nada a cambio, y emprendan lo antes posible el camino de retorno a esa nueva colonia que nació un 3 de enero mientras festejaban.

Y una vez que lo hagan, va a ser genial para nosotros recordar con cariño al venezolano o venezolana que todos tuvimos cerca, los tiempos en el que Uber o Rappi los acogía gustoso con el régimen laboral miserable ideado por quiénes les conquistaron ahora su país, y se vuelvan de una vez por todas dejándonos ver si ahora podemos nosotros en Argentina arreglar nuestros problemas, ya que el suyo, en su corazón ya está arreglado.

Please, return to your country. Go Home. For you, all is in English now.

Traducido: Pueden agradecer la generosidad de toda América Latina y centralmente a nuestro país antes de irse, pero váyanse de una vez por todas a festejar sus agachadas a otro lado. Pueden probar ir a EE.UU que seguro estará encantado de acogerlos. Si no pueden entrar al USA de verdad, el Estado Petrolero, número 51 los recibirá gustoso en su capital, Caracas.

Noticias Relacionadas

Más de Fernando Riva Zucchelli