Promueven la protección de 31 estaciones ferroviarias

Promueven la protección de 31 estaciones ferroviarias

La iniciativa pertenece a la Defensoría del Pueblo porteña y abarca a 31 paradas de tren de la Ciudad de Buenos Aires. Propone diferentes niveles de protección.


Más allá de la gran ciudad, al interior, trenes como piezas de un modelo económico que, una vez extinguidas, trajeron la extinción de pueblos que hoy son ruinas de un museo involuntario y viviente. Más acá, en plena Buenos Aires, trenes metropolitanos, únicos en esta parte del continente en la avanzada de integración, trenes como marcas identitarias, trenes como parte de la historia porteña. Con el propósito, estrictamente cultural, de preservar y poner en valor 31 estaciones de ferrocarril de la Ciudad, la Defensoría del Pueblo porteña presentó en la Legislatura un proyecto de ley que promueve la protección no solo de una serie de estaciones ferroviarias localizadas en la Ciudad de Buenos Aires, sino también de otros elementos constitutivos del sistema ferroviario, como puentes, refugios o cabinas de señales.

El conjunto de estaciones detallado en el proyecto y cuya catalogación se propone integra una red de transporte de pasajeros y de carga “de alto valor histórico, urbanístico, arquitectónico y cultural, que son testimonio del desarrollo industrial y la consolidación de la estructura territorial”, según se desprende de los fundamentos de la propuesta. Y se abunda en argumentos de corte histórico: “El ferrocarril llegó a nuestro país a mediados del siglo XIX, en un contexto de florecimiento económico y fuerte crecimiento de la población a raíz de la inmigración, y permitió la formación de un mercado interior, acercó poblaciones distanciadas y contribuyó significativamente al transporte de cargas y de pasajeros”.

“El desarrollo del ferrocarril en la Argentina implicó la generación en pocas décadas de un sistema conformado por una serie de componentes distintivos que se transformaron en la imagen de este medio de transporte de carga y de pasajeros tan importante para el desarrollo del país. Estaciones, refugios de pasajeros, talleres, cabinas de señales, puentes, relojes, campanas, garitas, entre otros, han subsistido a través de los años, y a pesar de los cambios de tecnología han adquirido un gran significado como testimonios tangibles de una nación en expansión con la que todos nos sentimos identificados”, continúa el escrito.

Además, entre los fundamentos del texto elaborado por la Subsecretaría de Derechos Urbanos, Espacio Público y Medio Ambiente del organismo de control, se destaca que “resulta indudable que las estaciones de ferrocarril son depositarias de valores testimoniales del desarrollo industrial y del proceso de consolidación territorial en nuestro país. En la Ciudad de Buenos Aires poseen valores arquitectónicos, singulares e histórico-culturales, añadiéndose el valor tipológico, urbanístico y ambiental”. Se trata, en definitiva, de que el pasado no quede anulado en el presente –y el futuro– sino reasumido, resignificado. Se trata de un retazo de memoria vital y colectiva.

Una vez realizada la evaluación de la totalidad de las estaciones dentro del ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, la Subsecretaría de Derechos Urbanos, Espacio Público y Medio Ambiente de la Defensoría porteña planteó la catalogación de las estaciones Caballito, Villa Luro y Liniers, del tren Sarmiento; las estaciones Lisandro de la Torre, Belgrano C, Núñez, Rivadavia, del tren Mitre ramal Tigre; las estaciones 3 de Febrero, Ministro Carranza, Colegiales, Luis M. Saavedra, Dr. Luis M. Drago, Gral. Urquiza, Gral. Pueyrredón, del tren Mitre ramal Suárez; las estaciones Palermo, Chacarita, La Paternal, Villa del Parque, Devoto, del tren San Martín; las estaciones Federico Lacroze, Artigas, Arata, Franciso Beiró, Libertador, Antonio Devoto, del tren General Urquiza, y las estaciones Buenos Aires, Sáenz, Villa Soldati, Presidente Illia, Saldías, Raúl Scalabrini Ortiz, del ferrocarril Belgrano Norte y Sur.

Ahora bien, siguiendo el Código de Planeamiento Urbano, existen distintas figuras de protección, conformes, en este caso, al estado y las necesidades particulares de cada estación referida en el proyecto.

A saber, por protección integral se entiende el resguardo de la totalidad del edificio en cuestión, conservando todas sus características arquitectónicas y sus formas de ocupación del espacio. Se encuentran afectados, a este nivel, aquellos edificios de interés especial cuyo valor de orden histórico y/o arquitectónico los ha constituido en hitos urbanos, que los hace merecedores, justamente, de una protección integral. En esta categoría se ubican, por ejemplo, las estaciones de Caballito, Liniers, Belgrano C y Núñez. En tal sentido, se deberá proceder, de aprobarse la normativa propuesta, que está tratándose en la Legislatura, a proteger la totalidad de cada edificio.

La protección estructural, en tanto, preserva el exterior del edificio, su tipología, los elementos básicos que definen su forma de articulación y ocupación del espacio, permitiendo modificaciones que no alteren su volumen. Están afectados a este nivel aquellos edificios de carácter singular y tipológico que, por su valor histórico, arquitectónico, urbanístico o simbólico, caracterizan su entorno o califican un espacio urbano o son testimonio de la memoria de la comunidad. Protección estructural merecerían, entonces, las estaciones Villa Luro, 3 de Febrero, Saavedra y Luis María Drago.

Por último, la protección cautelar salvaguarda la imagen característica del área, permitiendo mayor nivel de intervención que las protecciones anteriores. Se encuentran afectados a este nivel los edificios cuyo valor reconocido es el de constituir la referencia formal y cultural del área, justificar y dar sentido al conjunto. Aquí, por caso, corren la suerte las estaciones Rivadavia, Lisandro de la Torre, Chacarita, Beiró y Libertador.

Desde la Subsecretaría de Derechos Urbanos, Espacio Público y Medio Ambiente de la Defensoría del Pueblo afirmaron a Noticias Urbanas que “el cambio de trenes, como está sucediendo con el tren Sarmiento por estos tiempos, no debe impedir la puesta en valor de las estaciones. Son dos empresas que pueden realizarse simultáneamente sin ningún problema”. Asimismo, señalaron que el organismo también está estudiando plantear el mismo tipo de catalogación para los subtes. Por estos días, precisamente, se están llevando a cabo un relevamiento fotográfico en las líneas A y C.

“Hoy está muy en boga el reconocimiento de la identidad porteña, y los trenes son parte de ello. Hay, en ese sentido, un clima de época. Por eso somos optimistas en que el proyecto prosperará”, sostuvieron.

Rieles de la historia

La primera línea ferroviaria fue el Ferrocarril Oeste, inaugurada en 1853, luego llamada Sarmiento. Posteriormente se sumaron las líneas Mitre, Belgrano, San Martín, Roca y Urquiza que, desde sus cabeceras localizadas en Once, Retiro, Constitución y Chacarita, respectivamente, atraviesan la Ciudad y la vinculan con la provincia de Buenos Aires y con el resto del país.

En su desarrollo, las distintas líneas ferroviarias adoptaron una imagen característica que las identifica hasta la actualidad, y a su vez las distingue entre sí. Y no se trata solamente de estaciones, como ya se dijo, sino también de refugios de pasajeros, talleres, cabinas de señales, puentes, relojes, campanas, garitas, que constituyen y pintan el espíritu de la escena ferroviaria en su totalidad, y han subsistido a través de los años y, a pesar de los cambios de tecnología, han adquirido un gran significado como testimonios tangibles de un país en crecimiento, pujante, del que todos nos sentimos parte.

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