La onda y el espíritu Dakar pueden definir perfectamente
la política que viene. De caminos llenos de obstáculos, de oídos sordos en el desierto, de roturas y rupturas que hacen mella, errores de cálculo de esos que no le permiten al competidor llegar a destino. No se puede negar que estamos ante un comienzo de año que se destaca por la rareza de los acontecimientos que se sucedieron hasta ahora.
El asesinato de un gobernador, la extraña huida de un intendente de esa misma provincia, algunos casos policiales que estremecen y la operación de la Presidenta condimentaron
dramáticamente los primeros días de 2012. En menor escala, podemos agregar el mensaje de Daniel Scioli, que se juntó a jugar al fulbito con el jefe local Mauricio Macri. Dos pesos pesados.
La carrera presidencial ya se juega en todos los terrenos, a pesar de que el segundo mandato de Cristina Fernández empezó hace tan solo un mes. Y en esta primera recta largaron mano a mano la Presidenta y el Jefe de Gobierno, un escalón por encima de los demás competidores, o, dicho de otra manera, mientras otros no pueden largar todavía (Scioli y otros gobernadores), Cristina y Mauricio tienen perfectamente en claro qué es lo que van a hacer. Ella pretende ser la electora estrella del próximo mandatario, para mantener el modelo, mientras él procura ser quien la suceda para cambiarlo, y no lo oculta.
La relación entre los dos gobiernos ha mejorado algo y es ahora pendular, aunque cae seguido en situaciones conflictivas. Los distintos intereses y estilos políticos hacen que cualquier negociación ?como por ejemplo la del subte? se desarrolle a los tumbos. Los tiempos y la financiación son siempre las dos aristas que sobrevuelan los temas interjurisdiccionales o de competencias. De todos modos, las hipótesis de guerras y pactos se suceden ante cada situación y es impredecible desde ahora determinar una constante, que seguramente nunca existirá, en la relación.
Macri creó dos ministerios nuevos, uno para garantizar una buena gestión en la Ciudad, que le mantenga el pago chico en calma, y otro para organizar la expansión nacional del proyecto desde la Capital. Mientras que el que conducirá Andrés Ibarra ?un pur sang de Mauricio? tiene una marcada verticalidad en su manejo, a pesar de la transversalidad de su función, el Ministerio de Gobierno es más engorroso debido a las distintas visiones de crecimiento que tienen los principales funcionarios Pro que lo conducen. Aunque esto recién empieza, los chisporroteos ya se notan y los melones se acomodarán en la marcha. O se caerán algunos, veremos.
Por el lado de los K, la Ciudad es uno de los desafíos que tienen, tanto en 2013 como dos años después. Resulta que si Macri lograra en 2015 pegar su boleta presidencial a la de jefe de Gobierno, algo que por el momento no es posible, la tarea de los kirchneristas será aún más ardua. Las dos últimas elecciones terminaron con primeras y segundas vueltas contundentes a favor del ingeniero, lo que obliga al Gobierno nacional a redefinir su estrategia si quiere dar la sorpresa. Aquí sobrevuelan todas las dudas ya que desde la Rosada se lanzará al equipo que deberá lidiar con la reconstrucción del espacio que candidateó a Daniel Filmus, y nadie conoce si serán todas caras nuevas en el distrito o un mix de lo que ya está con las nuevas incorporaciones.
Hay una base histórica que presenta algunas dudas en el selecto grupo que define los nombres. Temas a revisar: la futura conducción del PJ local y el esquema de alianzas legislativas actuales y a futuro. Juan Cabandié, Andrés Larroque, Alejandro Amor, Juan Pablo Schiavi, Víctor Santa María y Dante Gullo y Guillermo Moreno no serán ajenos a este proceso. Y falta todavía el tironeo con la CGT.
Las comunas serán otro foco de atención (y tensión) permanente, ya que el Pro, a partir de su superioridad numérica y de controlar los traspasos, corre en ventaja para llevar a su ritmo el programa de transferencias presentado en la Legislatura. Los comuneros opositores serán alfiles de una estrategia más global, de esas que gozan del respaldo de Balcarce 50. Ya hubo borocotazos y presentaciones judiciales.
Quieren ir por todo, y el clima nació picante.
La seguridad es otro de los temas prioritarios en ambos palacios, ya que el nuevo esquema de la ministra Nilda Garré incluyó en la Ciudad otras fuerzas de seguridad como la Gendarmería y Prefectura en algunas zonas donde además opera ?como siempre? la Superintendencia Metropolitana de la Policía Federal. Todavía, y mientras se prueba con una nueva división ?comunitaria y de proximidad? de la PFA en suelo porteño, toda esta estructura no ha logrado el funcionamiento y la coordinación deseada.
Guillermo Montenegro en eso la tiene más fácil a pesar de que su capacidad operativa es infinitamente menor, algo que mantiene proporcionalidad con los problemas internos, que le son más manejables. Más luego de las purgas que encabezó hace poco tiempo, con el exjefe Eugenio Burzaco como principal decapitado. La Policía Metropolitana da golpes de efecto puntuales, como el de esta semana con los manteros en calle Florida, y con ello consolida las expectativas depositadas en ella. De todos modos, la convivencia de las fuerzas seguirá el ritmo que le imponen las propias corporaciones, y especialmente de las decisiones políticas que requiera la carrera hacia el sillón de Rivadavia. Y la Justicia puede meter la mano.
El tema de los subsidios es otro que va a mover la aguja cuando la población afectada se vaya incrementando y el impacto haya que asumirlo ya no desde las palabras sino desde el bolsillo. Esto recién empieza y significa mucha plata transferida entre sectores. Gas y subtes pusieron primera, veremos cómo sigue la economía y hasta dónde necesitará llegar el Estado en esta materia.
Como planteamos más arriba, el año empezó demasiado raro. Hablamos de rally y vemos cómo hasta el amigo de Mauricio, Orly Terranova, se encargó de reeditar el papelón electoral en un sainete de dudosa credibilidad en esta edición. Los desafíos son muchos, los equipos grandes se preparan para abordar cuatro años que pueden parecer cuatrocientos, en donde todos los días pasa algo y las provocaciones se huelen detrás de cada acción. El diseño de la hoja de ruta menos errática y la tracción de los postulantes parecen fundamentales para llegar a ver la bandera a cuadros, esa que te sienta dentro de 1.430 días en el primer piso de la Rosada, con una banda argentina en el pecho.