La Unión Cívica Radical va saltando de una crisis a otra. Al nuevo adjetivo que pergeñó en los últimos días su último candidato presidencial Ricardo Alfonsín, que llamó ?chaqueteros? a los que se van del partido en busca de mejores perspectivas electorales, se sumaron por estos días otras voces preocupadas por una diáspora que arrecia.
El partido que en tiempos no tan lejanos acostumbraba a pelear grandes espacios de poder, ha ido perdiendo caudal electoral en los últimos diez años. Las razones son múltiples, pero el shock final se produjo el 19 y 20 de diciembre de 2001, cuando el presidente Fernando de la Rúa abandonó la Casa Rosada en helicóptero mientras 35 argentinos morían en las revueltas populares que se produjeron en esos días.
Hoy, los sucesores de don Hipólito Yrigoyen temen que Mauricio Macri tire el mediomundo y se quede con los numerosísimos dirigentes disconformes con la conducción, en su afán de construir su alternativa presidencial para 2015.
Para incrementar el pánico, este domingo a la tarde el jefe de Gobierno porteño se reunirá para firmar un oscuro acuerdo de intercambio cultural con el intendente radical de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, que permite imaginar acuerdos futuros más convenientes para ambos que lo que quedará plasmado en un papel.
Será bueno recordar además que Cornejo ya tuvo un pie afuera del centenario partido cuando acompañó a su comprovinciano Julio César Cleto Cobos en el salto al radicalismo ?k?, en 2007.
Si algo le faltaba a esta ensalada, la sal y el aceite los puso en el último mes el operador principal de la candidatura presidencial de Macri, Emilio Monzó, que inició acercamientos con los intendentes Horacio ?Pechi? Quiroga ?de Neuquén-; Héctor Gutiérrez ?de Pergamino-; Mario Meoni ?de Junín- y Aída Ayala ?de Resistencia.
Parece que la estrategia macrista se va a iniciar en esas células básicas de la democracia que son los municipios. Una de las primeras cosas que Macri necesita para empezar a construir su carrera presidencial sobre bases sólidas es el poder territorial, un elemento que los intendentes le venden ya hecho.
La limitación del PRO ?que intenta paliar con esos acuerdos con los caciques zonales radicales- es que su estructura política sólo existe en Buenos Aires y en muy pocos territorios más. Por esta razón Macri intentará arrastrar tras de su candidatura a los sectores disidentes de los dos grandes partidos nacionales ?el peronismo y el radicalismo- y a algunos partidos provinciales que le pueden sumar lo suyo, como los demócratas mendocinos, con dos de cuyos dirigentes ?Omar Demarchi y Luis Rosales- se reunirá este domingo de verano, antes de acercarse al Estadio Malvinas Argentinas para ver el segundo superclásico del verano.
La presencia de Macri en las plateas sonará como una señal de despreocupación que los radicales están lejos de cultivar.