La homologación de los aumentos de la salud privada desató el conflicto

La homologación de los aumentos de la salud privada desató el conflicto

Este año aumentaron el 65,87%. El aumento interanual quedaría en el 114%, mayor que la inflación.


La discrepancia, tanto en el seno del Gobierno como de la propia sociedad, no es nueva. La medicina privada es un gasto que se vuelve cada vez más pesado para la clase media, que es su clientela casi exclusiva.

Hablamos de las prepagas de mediano precio porque las otras, las más grandes y caras, quedan afuera de la discusión, ya que sus pacientes cuentan con un poder adquisitivo suficiente como para afrontar el dispendio.

El Gobierno termina de autorizar el noveno aumento del año a las empresas de medicina privada. Esta vez, el incremento fue del 13,8%, que fue considerado excesivo por todos, menos por los beneficiarios.

La vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, incendió las redes sociales con su cuestionamiento. “Resulta francamente inaceptable el nuevo aumento, esta vez de dos dígitos (13,8%), que el Gobierno autorizó a las empresas de medicina prepaga, y que de esta manera suman el 114% anual de aumento otorgado. O sea, más de un 20% sobre la inflación anualizada”, escribió en la red del pajarraco azul.

La vicepresidenta agregó luego que “oportuna y reservadamente” manifestó su “opinión contraria a seguir concediendo aumentos que afectan a las familias argentinas en un servicio imprescindible como el de la salud y que además agrava al proceso inflacionario”.

De manera coincidente con la Vicepresidenta, el economista Hernán Letcher –integrante del CEPA, sostuvo que “con estos aumentos de los valores de las prepagas, ocurren dos cosas: 1) el poder adquisitivo de los salarios, medido en planes de salud prepagos, caería 13% y 2) el costo de prepagas se ubicaría a fin de año en 25 puntos por encima de los salarios”.

A lo largo de 2022, la Superintendencia de Seguros de Salud, que es la entidad ante la que deben responder las empresas de medicina privada, autorizó subas del 9% en enero; del 6% en marzo; del 6% en abril; del 8% en mayo; del 10% en junio, del 4% en julio; del 11,34% en agosto y del 11,53% en octubre. En lo que va del año, en resumen, el incremento autorizado suma hasta ahora, el 65,87%.

Como si esto fuera insuficiente, el sector comenzó a discutir la paritaria, por lo que 2023 se iniciará con nuevos pedidos de aumento.

Los chispazos que encendió el desacuerdo entre los integrantes de la fórmula del oficialismo alertaron al sector de la medicina privada, cuyos emprendedores temen que los futuros aumentos lleguen con cuentagotas.

Una pequeña discrepancia en los números

De todos modos, si se comparasen los aumentos de las prepagas con la inflación, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), desde enero de 2016 hasta diciembre de 2020, la inflación argentina fue del 291,1%. En el mismo lapso, las empresas de medicina privada elevaron sus cuotas en un 326,2%. A partir de 2021, hasta septiembre de 2022, la inflación sumó el 195,1%, contra el 216% de las prepagas.

El único año en que estas empresas perdieron nominalmente frente a la inflación fue el 2020, donde el incremento autorizado fue del 10%. Aun así, siguieron aumentando sus beneficios sin elevar sus cuotas, porque, primero, accedieron al Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción. Además las mismas empresas fueron favorecidas con la reducción a cero de las contribuciones patronales y de Ingresos Brutos para sanatorios y hospitales; se les recortó el Impuesto al Cheque del 1,4% al 0,8% (casi la mitad); el estado pagó gran parte de la atención; recibieron muchas menos consultas médicas, debido a la ausencia de un público temeroso por los contagios; siguieron cobrando las cuotas sin descuentos, a pesar de casi no atender usuarios y, finalmente, profundizaron la desactualización y la postergación de los pagos a las instituciones de salud.

Siempre según el CEPA, las seis principales empresas de medicina prepaga –Galeno, Medicus, Medifé, Omint, OSDE y Swiss Medical-, entre 2015 y 2020 mostraron resultados promedio de u$s527 millones. El mejor año fue 2020 –precisamente, el de menores aumentos en las cuotas-, cuando los resultados fueron de unos u$s250 millones, en promedio. Ganancias en verde moneda equivalen a grandes beneficios. ¿Adónde está la crisis?

Comparando la evolución de las cuotas de las prepagas con la de los salarios, la pérdida de poder adquisitivo de éstos, medidos en cuotas de las prepagas resultó en el 17% desde 2016.

Las empresas de medicina prepaga ganaron siempre. Entre 2016-2019 y 2021-2022 la razón de sus beneficios fue el aumento –muchas veces desmedido- de sus cuotas. En 2020, las ganancias provinieron exclusivamente de los beneficios provistos por el Estado, en tiempos de pandemia. Más no se puede pedir.

Las razones de los barones de la salud

Forzando un poquito las matemáticas, los empresarios alteraron las proporciones, hablando de los aumentos pasados y de los que vendrán, es decir, las famosas “proyecciones” o las “expectativas”.

De esta manera el presidente de la Unión Argentina de Salud, Claudio Belocopitt, reclamó que “de ninguna manera la medicina prepaga sube más que la inflación, sino todo lo contrario. La medicina prepaga está muy por debajo de la inflación”, sostuvo.

De esta manera, argumentó que 2022 “podría dar por encima de la inflación”. ¿La razón? “Porque en 2021 y 2020 se fueron pasando aumentos para los años subsiguientes. Especialmente en el 2021, no se permitió un aumento necesario para fin de año y se postergó al año siguiente”, manifestó el dueño de Swiss Medical.

Así, de esta manera, Belocopitt puntualizó que “impactan en el 2022 aumentos que venían del año anterior. Cuando cerró el ejercicio 2021 el sistema de salud tenía un atraso respecto de la inflación de arriba de los 35 puntos. Insostenible”, desvirtuó sin sonrojarse.

Por esta razón, se proyectó hacia el futuro (las populares Expectativas). “Lo preocupante no es discutir lo que está pasando en diciembre, lo importante es cómo se va a hacer en 2023 para hacer frente a los aumentos paritarios. Pueden ser vistos como muy necesarios, pero para poder hacerlos hay que tener la financiación”, cerró su alocución.

Como se puede leer, no hizo ninguna alusión a los beneficios que le cedió el Estado en tiempos de pandemia.

Una breve digresión

En un trabajo del sociólogo (UBA) y doctor en Ciencia Política (USal) Federico Tobar, éste definió que “el modelo de Estado burocrático‐ autoritario que se instala en la Argentina a partir de 1976 asume características funda‐ cionales y desarrolla todos sus esfuerzos en erradicar las bases del Estado de compromiso, que asumía funciones de intervención, de mediación de intereses conflictivos, con un fuerte rol en la distribución del ingreso a través de instrumentos fiscales, que asumía un compromiso activo con el desarrollo industrial y donde las políticas sociales tenían un papel fundamental. Las Fuerzas Armadas reinstauran el discurso del liberalismo económico, pero no el político. Esto repercute en la esfera de salud primando los componentes liberales y tecnocráticos, avalando el desmantelamiento de los servicios sociales en manos del Estado, y su traspaso a la actividad privada”.

Luego, Tobar expone que “la esencia del modelo neoliberal en salud consiste en implantar una definición de salud como mercancía. No como un bien tutelar cuya producción, circulación y distribución requiere una activa participación del Estado, sino un bien de consumo. La receta que se extendió a las políticas públicas buscaba mercantilizar al máximo posible la provisión de bienes y servicios de salud. Esto requería instaurar flujos estables de financiación pero con una mínima intervención del Estado”.

Nunca estuvo tan clara la definición de la salud en Argentina. Es necesario discutir nuevamente el accionar de los tres sectores: Estatal, Solidario (sindicatos, mutuales) y Privado. Y hay que definir cómo van a ser financiados, porque los dos primeros son los principales afectados por cualquier crisis. El estatal, por la recesión; el solidario, por el desempleo y el envilecimiento de los salarios. El único sector que no depende de las crisis es el privado, porque atiende a personas de alto nivel económico y porque la clase media, siempre temerosa de mezclarse con los trabajadores, limita otros gastos para no perder su status social, ya que su alternativa sería el hospital público. Impensable para una clase a la que lo único que le queda cuando llega la escasez es la aspiración hueca, aún sin posibilidades de progreso.

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