“Desde las organizaciones sociales hacemos lo posible por la economía popular”

“Desde las organizaciones sociales hacemos lo posible por la economía popular”


Por compartir un baño entre 13 personas, una mujer de 43 años se convierte en el primer caso de coronavirus en la Villa 31. Ella, asmática, convivía en “una pieza de 3 metros cuadrados” con su padre de 85 años y su madre de 84, quien padece de diabetes.

La evidencia es clara: el hacinamiento y la precariedad habitacional de los barrios populares hacen de la salud comunitaria una utopía y de la presencia estatal, una urgencia.

Nadie mejor que Natalia Zaracho para contar cómo en el contexto de la pandemia de Covid-19 se llega a un extremo la vulnerabilidad de los barrios más humildes y destruye la economía popular.

Zaracho es referente del Frente Patria Grande y trabajadora de la economía popular de Fiorito. Tuvo que dejar la escuela para cartonear desde los 14 años, lo cual la llevó a introducirse luego en la política como herramienta para luchar por los derechos sociales. “Hoy coordino un espacio comunitario en mi barrio, que tiene un centro de jubilados, un espacio de salud y géneros y varios comedores”, contó a Noticias Urbanas.

¿Cómo acatar las medidas dispuestas por el Gobierno de “quedarse en casa” cuando la calle es el hogar, cuando las necesidades básicas urgen? “Cuando las casas son chicas, los habitantes son muchos y los servicios escasos, cumplir la cuarentena en las casas se vuelve más complicado”, contesta.

El Estado aporta una importante ayuda social, pero son las organizaciones sociales quienes se encargan de la asistencia en el día a día: que los chicos coman todos los días, que los comedores y merenderos sigan funcionando, que los adultos mayores tengan quien les ayude y cuide, que las mujeres tengan a quién asistir en caso de ser víctimas de la violencia de género, de bajar la información impartida por el Gobierno a todos para acatar las precauciones sanitarias en la medida de lo posible. Aunque no se llegue al ideal.

-¿De dónde venís? ¿Cómo llegás a ser parte de la UTEP y del Frente Patria Grande?

-Mi nombre es Natalia Zaracho, pero todos me dicen Nati. Tengo 30 años. Soy madre de dos hijos casi adolescentes y vivo en Forito desde siempre. A los 12 años tuve que dejar la escuela para cuidar a mis hermanos y a los 14, en el 2001, empecé a cartonear. Pasé por varios laburos, siempre vinculados a la economía popular y así conocí a compañeros que eran de Patria Grande y empecé a militar. Hoy coordino un espacio comunitario en mi barrio que tiene un centro de jubilados, un espacio de salud y géneros y varios comedores.

En el 2019 decidí animarme a dar un salto a la política y fui candidata a diputada nacional por el Frente Patria Grande. La verdad es que me costó bastante, pero lo hago muy convencida de que es necesario que las voces de los barrios lleguen a la política sin intermediarios. Es hora de que otros dejen de hablar por nosotros y nosotras, y que las personas de los barrios seamos protagonistas.

“Creo que este momento tan inesperado, tan distinto de lo que estamos acostumbrados, pone en evidencia algunas cosas. Una muy clara es la desigualdad, que existió siempre pero que con esta pandemia se agrava y empeora. En momentos como éste vemos lo necesaria que es la intervención del Estado, lo importante que es para atravesar este momento, pero también aparece algo que nosotros sabemos hace rato, que es la importancia de las organizaciones sociales”. 

 

 

-A sabiendas de que los trabajos callejeros se encuentran complicados por el contexto de la pandemia, ¿en qué circunstancia se encuentra la economía popular?

-Los trabajadores y las trabajadoras de la economía popular estamos en una situación muy frágil, muy afectados por este contexto. Recordemos que la economía popular está compuesta por cartoneros, manteros, feriantes, trabajadoras de espacios comunitarios, etc. Son todos trabajos que en este contexto ya no pueden hacerse. Hay algunos que cobran un estímulo del Estado que los mantiene medianamente en pie, pero la gran mayoría no cobra nada y vive solo de su producción. Además, es un sector que por lo general no tiene ahorros, es una economía de subsistencia, del día a día. Y cuando no hay posibilidad de generar un ingreso ya no tenés qué darle de comer a tu familia.

Desde las organizaciones sociales junto al Estado estamos haciendo todo lo posible para que ningún trabajador de la economía popular se quede sin un plato de comida en su casa. Las medidas que viene tomando el gobierno son correctas, pero la necesidad es tan grande que a veces no alcanza por eso es importante la solidaridad.

 

-Tenés una larga trayectoria en el campo de la salud comunitaria, ¿cuál es tu análisis sobre la situación de esta materia en los barrios y qué precauciones sanitarias son posibles allí? 

-Las precauciones sanitarias en los barrios son las mismas que en todos lados pero con las dificultades propias del territorio. Mantener ventilados los espacios cuesta porque muchas veces las viviendas no tienen ventilaciones adecuadas. Se intentan limpiar las superficies y mantener higienizado el lugar, aunque a veces no se consigue alcohol y los productos de limpieza son muy caros.

En los comedores se están tomando todos los recaudos posibles también. Se limpian y desinfectan los espacios; todas las compañeras trabajan con barbijo y guantes, y se intenta respetar la distancia prudencial tanto en el momento de cocinar como cuando se reparten las viandas, porque ya no se da de comer en los comedores, sino que la gente solo retira el alimento en un tupper y se lo llevan a su casa.

 

-¿Con qué realidades te cruzás en los barrios más humildes? ¿Y en qué condiciones se encuentran los adultos mayores?

-La situación es muy difícil para todos y todas. Incluso vecinos que tenían un trabajo formal fueron informados en algunos casos que van a recibir la mitad del sueldo. Los comercios de la zona están muy afectados también porque en el barrio no hay plata para comprar prácticamente nada. Es una cadena, y nosotros somos los que estamos más abajo.

Con los adultos mayores venimos trabajando un montón. En nuestro espacio hay un centro de jubilados y hoy lo que hacemos es llevarles directamente la comida a su casa para que no tengan que salir. La situación de muchos es de bastante abandono, están muy solos así que también los estamos ayudando con el tema del cobro de pensiones, jubilaciones y demás trámites que hoy al ser todo por computadora no pueden hacer solos. Incluso muchos estaban cursando la primaria en nuestro centro; desde el espacio de educación les están mandando tareas y actividades para que hagan en sus casas. La idea es que continúen con sus estudios y también que se mantengan entretenidos. Es un trabajo muy lindo y muy invisible el que hacen todas las compañeras que los asisten día a día.

 

-¿Qué acciones llevan a cabo desde las organizaciones sociales para socorrer las necesidades más urgentes en estos barrios?

-Las organizaciones estamos armando ollas populares en todos los puntos que podemos. En los que ya estábamos e incluso en varios nuevos. Por la emergencia alimentaria, los comedores ahora están produciendo más alimentos, y para reforzar se están organizando por Facebook y otras redes algunas ollas más para garantizar que la mayoría tenga un plato de comida en la mesa todos los días.

En el espacio en el que estoy yo, que es un centro de jubilados, hoy estamos dando 450 viandas diarias. Antes de la pandemia dábamos 150. También colaboramos bajando la información del Estado sobre cómo tomar precauciones y cómo hacer para sacar el IFE u otros trámites.

 

“Desde las organizaciones sociales junto al Estado estamos haciendo todo lo posible para que ningún trabajador de la economía popular se quede sin un plato de comida en su casa”.

-¿Considerás suficiente la asistencia estatal?

-La verdad es que si bien hubo una respuesta rápida de parte del Gobierno y del Ministerio de Desarrollo Social para los sectores populares, las políticas que hay no alcanzan. Vemos con buenos ojos el aumento a las AUH y el bono IFE pero eso te ayuda a sostener lo más básico y mínimo. La gente que tiene que pagar un alquiler no llega a cubrirlo. Y tenés que pagar, porque le alquilás a un vecino del barrio que también vive de eso, por lo general.

 

-¿De qué forma se puede cumplir con la cuarentena en estos sectores? ¿Con qué complicaciones se encuentran?

-Cuando las casas son chicas, los habitantes son muchos y los servicios escasos, cumplir la cuarentena en las casas se vuelve más complicado. Ya lo hemos dicho, la cuarentena en los barrios no se vive con el lujo de poder ver series en un sillón y hacer grandes compras de comida, se vive con la incertidumbre de no saber qué vas a comer mañana.

Pero de todas formas quiero dejar en claro que nuestro mensaje no es “la cuarentena en los barrios populares es insostenible así que no vamos a respetarla”. Los especialistas dicen que ésta es la mejor forma de prevenir contagios y nosotros hacemos todo lo posible por cumplirla lo más que se puede, y más allá de las actividades solidarias en comedores no salimos de nuestras casas e intentamos concientizar a los vecinos y vecinas de que es importante salir lo menos posible y tomar todos los recaudos que recomienda el Gobierno.

 

-¿Cómo se puede ayudar? 

-Quienes quieran pueden ayudar con donaciones que las centralizamos y recibimos en la sede central del MTE en Pedro Echagüe 1265 o sino se pueden comunicar al mail sociocomunitario@mteargentina.org.ar.

Una forma de ayudar también es reconocer el trabajo que están haciendo miles de compañeros y compañeras en todo el país para contener la crisis en los barrios populares, para acompañar día a día a los que más necesitan. Acá la gente saca lo que no tiene para ayudar a otros. Reconocer ese trabajo, el rol social que cumplimos, es muy importante para nosotros.

 

-¿Cómo tratan y combaten la violencia de género en los barrios? 

-La violencia de género hoy está potenciada por el encierro y por la necesidad económica de las mujeres que hace que aumente su dependencia. Es muy triste saber que para muchas mujeres y niños estar encerrados en sus casas no es un espacio de resguardo y salud sino un lugar en donde son golpeados, abusados. El propio hogar puede ser muy terrible a veces.

Nosotras siempre intentamos acompañar todas las situaciones que nos llegan, articulando con los espacios municipales que hay y derivando lo que se puede ahí pero acompañando mucho desde el territorio. Con la escucha, poniendo el hombro y dando una mano con lo que se necesita.

 

-¿Querés agregar algo?

-Creo que este momento tan inesperado, tan distinto a lo que estamos acostumbrados, pone en evidencia algunas cosas. Una muy clara es la desigualdad, que existió siempre pero que con esta pandemia se agrava y empeora. En momentos como este vemos lo necesaria que es la intervención del Estado, lo importante que es para atravesar este momento, pero también aparece algo que nosotros sabemos hace rato, que es la importancia de las organizaciones sociales. Éstas trabajan en el territorio y son quienes pueden brindar la mano más cercana para contener las consecuencias de esta pandemia. Lo otro que venimos pensando es cómo salimos a largo plazo de esta situación. El Papa habló de “salario universal”. No sé qué forma debería tomar exactamente pero sí creo que hay que seguir pensando estas formas posibles de hacer más igualitario el acceso a algunos recursos, también hablar de distribuir lo que hay. Hay algunos pocos que tienen mucho y muchos que tienen muy poco. Me parece que esa es una discusión que tenemos que dar.

 

“Quienes quieran pueden ayudar con donaciones que las centralizamos y recibimos en la sede central del MTE en Pedro Echagüe 1265 o sino se pueden comunicar al mail sociocomunitario@mteargentina.org.ar”.

 

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