Testimonios de los repatriardos: cómo es la vida de los que vuelven y están encerrados

Testimonios de los repatriardos: cómo es la vida de los que vuelven y están encerrados

Distribuidos en hoteles, deben permanecer dentro de sus habitaciones, y les dejan la comida en la puerta, hasta cumplir los 14 días de aislamiento social obligatorio.


La Organización Mundial de la Salud declaró el brote de Coronavirus como una pandemia el pasado 11 de marzo. Esa definición cambió el presente y el futuro de, básicamente, todo el mundo. Sin embargo, hay quienes se encontraron con una situación que no implicó pasar a hacer home office o ir a abastecerse a los supermercados: hoy los llamamos «repatriados», aunque antes, les decíamos lxs privilegiadxs que viajaban al exterior en plena crisis económica.

Por las medidas que implementó el Gobierno Nacional ante el temor que el virus pueda generar en nuestro país, toda las personas que vuelven del exterior (repatriadas por nuestra admirable aerolínea de bandera, Aerolíneas Argentinas) deben permanecer de manera obligatoria en hoteles de la Ciudad hasta cumplir los 14 días de cuarentena obligatoria. 

La idea del Gobierno es no usar las camas de los centros de salud y así evitar que colapse el sistema de salud. «Los repatriados», que podrían sufrir síntomas en esos 14 días, pueden afectar a lxs profesionales de la salud y demás personas.

Tal es el caso de Guido, por ejemplo, quien además se le suma que estuvo en un «país de riesgo»: volvió antes de Miami, en Estados Unidos, de un viaje que había realizado con sus amigos. «Allá todavía no habían cerrado las playas y todo el mundo seguía en la suya», cuenta.

Si bien el presidente estadounidense Donald Trump no declaró el aislamiento social obligatorio, como es el caso en nuestro país, algunos residentes tomaron medidas propias. En el hostel donde Guido pasaba sus días, el dueño decidió cerrarlo por temor al virus. «La recepcionista de mi hostel se apiadó de mí y me dejó meterme en su casa, para pasar me escondió en el armario. No querían ningún sudaca coronaviruseado, decían»

Guido llegó el lunes a Ezeiza y relató cómo fue el procedimiento: «Llegamos, nos hicieron esperar montón y nos tomaron la temperatura. Después nos subieron a los micros que nos llevaron al hotel. Había gente llorando, angustiada por no poder volver a su casa».

 

En el hotel que se encuentra, no puede salir de su habitación: «La comida nos la dejan en el piso, ni se nos acercan. Nos dan desayuno, almuerzo, merienda y cena. El desayuno son unas galletitas con café con leche y una manzana o naranja; la comida son fideos o milanesa con puré».

«Capaz me sueltan antes si no presento síntomas, pero si entré el lunes, tendría que irme en dos semanas», se esperanza, aunque termina con un pedido particular: «Si alguien me puede alcanzar una guitarra, lápiz y papel, estoy en la habitación 2103 del hotel Grand View, en Once, se los agradecería un montón».

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