Luis Gasulla: “Hebe siempre estuvo al tanto de lo que hacía Schoklender”

Luis Gasulla: “Hebe siempre estuvo al tanto de lo que hacía Schoklender”

Por Laura Di Marco

Publicó el libro "El negocio de los derechos humanos", donde denuncia su utilización por parte de los K para obtener dinero, poder e influencia. Y no cree en la inocencia de la titular de Madres.


Unir la palabra “negocios” con “derechos humanos” suena a provocación suprema. Y, sin embargo, eso fue lo que hizo el periodista Luis Gasulla –quien, por si fuera poco, lleva adelante la biblioteca de la TV Pública en Canal 7– en su libro El negocio de los derechos humanos, publicado por Sudamericana y que va por la segunda edición.

En su línea central de argumentación –la hipótesis que guía la investigación, digamos–, el autor afirma que Néstor y Cristina Kirchner utilizaron los derechos humanos como un escudo ético para tapar la corrupción y, también, la falta de legitimidad de Néstor Kirchner cuando asumió con apenas el 22 por ciento de los votos. Los usaron, además, como un modo de obtener dinero, poder e influencia.

“Lo que más me facturan en el kirchnerismo es que la investigación concluye en que Hebe de Bonafini estaba al tanto de las tasas de retorno y del lavado de dinero en la obra pública que llevaba adelante Schoklender. Ella no desconocía lo que hacía porque le participaban todo, incluso el dinero. Hebe ha llegado a decir que no sabía que Schoklender tenía un avión, cuando viajó en él desde el Chaco, igual que (Jorge) Capitanich y otros funcionarios oficialistas”, explica Gasulla, en la charla con Noticias Urbanas. Y cuando habla de “negocios” no se refiere solamente al dinero, sino también a la posibilidad de construir poder.

–¿No es muy fuerte o exagerado unir la palabra “negocio” con los derechos humanos?

–En uno de los primeros actos de Kirchner como presidente, poco antes de la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, se juntó con varios familiares de víctimas y de desaparecidos. Fue en 2004. Entonces, dijo: “Venimos a reivindicar los sueños de ustedes, y aquí están los subsidios”. Es decir, ya en esa primera intervención hizo una asociación entre sueños y subsidios. Allí estaba Elsa Tata Quiroz, exdiputada del ARI, que se peleó con su fuerza porque ellos, con la excepción de Elisa Carrió, apoyaban lógicamente la derogación de las leyes. Tata Quiroz había estado presa entre el 76 y el 82, prácticamente toda la dictadura. Ella fue una precursora en registrar que los Kirchner querían hacer un negocio con los derechos humanos.

–¿Y por qué adoptaron esa estrategia?

–Fueron inteligentes para captar a la sociedad pos-2001. Adolfo Rodríguez Saá lo intentó hacer, pero no le alcanzó el tiempo. Hebe se reunió con Kirchner, después de una carta que Fidel Castro le envió a Chávez, donde le decía que Néstor era de “buena madera” y que era diferente del resto. Hebe salió encantada de esa primera reunión que tuvieron. Era difícil gobernar para un presidente que sacó el 22 por ciento de los votos sin el apoyo de los organismos de derechos humanos, movimientos piqueteros y sociales. Todo eso que Menem dejó afuera, Néstor lo cooptó de forma simbólica y económica. Los que no se dejaron cooptar la pasaron mal porque dejaron de tener subsidios y beneficios.

–¿Y por qué esos organismos que, según usted, no se dejaron cooptar no denunciaron ese supuesto negocio con los derechos humanos?

–Es complicado enfrentarse a Hebe de Bonafini.

El próximo viernes irá al despacho del juez Norberto Oyarbide para declarar en la causa que involucra a Sergio Schoklender, el exapoderado de la Fundación Madres y quien estaba a cargo del programa Sueños Compartidos, que se desarrolló básicamente en la provincia del Chaco.

Cuenta que, días pasados, le tocó el timbre un pelotón de policías vestidos de civil. “Cuando rodearon el portón de casa pensé: o es una joda o me boletean. La cuestión es que venían a citarme para declarar en la causa de Schoklender.” ¿Y por qué semejante despliegue? “Supongo que Oyarbide querrá saber qué pruebas concretas tengo, y mientras hace como que investiga –Gasulla cree que mientras la causa esté en sus manos quedará impune–, lo que más les duele a ellos (se refiere a los kirchneristas) es que yo pruebo que Hebe sabía de las tasas de retorno y del lavado de dinero.”

–Schoklender se escuda diciendo que siempre hubo tasas de retorno en obra pública, menos en Sueños Compartidos. Y que, por eso, se la agarraron con él.

–Eso es mentira. En el libro hay testimonios muy directos, además, de que Hebe estaba al tanto de su accionar. No puede decir que lo ignoraba. Hay testigos que afirman que no es así.

–¿Qué pasó después de la publicación del libro?

–Muchas cosas, pero la más impactante es que me contactó un tipo que le llevaba una valija de plata a la propia Hebe de Bonafini. Y ella destinaba una parte para “arriba”, para la política, y la otra para hacer, efectivamente, cosas. Ellos no distinguen entre lo público y lo privado. Y para ellos esto es supernatural.

–¿Y por qué habló con usted ese informante?

–Le deben plata y quiere recuperarla. Se contactó conmigo recientemente. El tipo era muy amigo de Walter Boca, vicepresidente del laboratorio Lenity SA (NdR: Sospechado de formar parte de una estructura que falsificaba medicamentos. Según denuncias de testigos, Lenity proveía medicamentos y también importaba equipamiento para los hospitales que se hacían dentro del plan Sueños Compartidos).

–¿En qué se relaciona el asado en la ESMA con su investigación?

–La ESMA también es una pequeña caja política, que sirve para que funcionarios y sus familiares cobren un sueldito del Estado. Los emplea. Es un centro cultural al que no va nadie, pero devino en un enorme comité propagandístico de lo grandes que son Néstor y Cristina. Creo que eso es lo más imperdonable de los organismos de derechos humanos alineados con el Gobierno: que hayan dejado de ser parte de la sociedad civil para mimetizarse con la sociedad política, a la que ahora no pueden cuestionarle ni demandarle nada.

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