El verbo de estos días es vandalizar

El verbo de estos días es vandalizar

Hay quienes no escuchan a los demás y tratan de silenciarlos. En el Obelisco se vivió ese paradigma.


Hay quienes no escuchan a los demás y tratan de silenciarlos. En el Obelisco se vivió ese paradigma. Vandalizan todo, a la memoria, a los que cuentan otra historia y hasta a los que guardan su riqueza en precarias silobolsas.

Los vándalos fueron un pueblo germano que fue obligado por su emperador a abandonar sus tierras, en los alrededores del Mar Báltico, a causa de su conversión al cristianismo. Después de un largo peregrinar por la Europa Oiental, se establecieron en el valle del Guadalquivir, en la Iberia de entonces, de donde fueron desalojados por los visigodos, que los obligaron a radicarse en la actual Túnez, en el norte de África. Hoy son recordados por su espíritu guerrero, por su escaso apego a las tierras en las que se establecían y por su inveterada afición al saqueo, la piratería y al exterminio de sus enemigos.

En la lejana Argentina, ese pueblo migrante posee cientos de émulos y seguidores. Aquí se vandaliza –tanta exuberante afición por la piratería debía ser perpetuada en un verbo- de todo. Se ataca con diferentes armas a la memoria popular, a las propiedades privadas, a las oposiciones políticas y hasta a las opiniones contrarias, que, más que debatidas suelen ser minimizadas y se las hace objeto del odio más extremo, con el único fin de terminar con los que piensan diferente y que, por lo tanto, no deberían existir, como expresaron algunos voceros de los vándalos argentinos en los últimos días.

Para muestra, bastan unos pocos botones.

En Almagro, ofendieron a la memoria 

El diez de mayo último se supo que algunos seguidores y nostálgicos del dictador Jorge Rafael Videla se habían ensañado en los días anteriores con murales y baldosas ubicadas en el barrio de Almagro, que recuerdan a jóvenes desaparecidos y con un local que recuerda a una abogada comunista que también fue secuestrada por los militares y luego desaparecida.

Las baldosas estaban ubicadas en la puerta de la Escuela Normal N° 7, en Corrientes 4261, del barrio de Almagro. Días antes se habían producido ataques similares contra los murales pintados en los frentes del Polideportivo de Sarmiento y Medrano y del Centro Cultural Teresa Israel, de Acuña de Figueroa y Humahuaca. Todos estos locales están situados en un radio de unas pocas cuadras, en el barrio de Almagro.

Vándalos antisindicales

El 17 de junio pasado, mientras los representantes de los 17 sindicatos que componen la Federación Marítimo Portuaria y de la Industria Naval de la República Argentina (FEMPINRA) se encontraban reunidos en la sede del Sindicato del Personal de Dragado y Balizamiento en Rosario, para emitir una declaración de apoyo a la intervención de Vicentín, una patota efectuó una pintada en el frente del local, con consignas injuriosas contra el secretario general del gremio.

“Estábamos armando un documento junto a otros gremios y movimientos sociales para dar a conocer a la gente quién es Vicentín y para mostrarnos a favor de la expropiación, con el fin de cuidar las fuentes de trabajo”, explicó Edgardo Arrieta sobre un hecho que no fue casual, ya que la empresa Vicentín perpetró una estafa de más de 1.500 millones de pesos contra sus proveedores.

El buen Osvaldo tampoco se salvó

El 19 de septiembre de 2019 se inauguró en Concepción del Uruguay un busto que homenajeaba al escritor, historiador y profesor Osvaldo Bayer, que dejó como legado su obra “Los Vengadores de la Patagonia Trágica” y la biografía del militante anarquista “Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia”.

El sólido busto de bronce sobrevivió a sus atacantes, pero la placa que rezaba “Trabajar el sueño fundamental: un mundo con abejas y pan; sin hambre y sin balas”, quedó destruida, en un acto de inexplicable maldad, aunque la maldad siempre es inexplicable.

El secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla, expresó su desconcierto al manifestar que “este tipo de actos sólo demuestran la intolerancia de algunas personas”.

Atacan “el curro” de los Derechos Humanos 

Entre tantos hechos de ciega ruindad, no faltó otro ataque contra los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo, que configuran uno de los símbolos más importantes de las luchas populares.

En las dos marchas anticuarentena realizadas el 20 de junio y el Nueve de julio, falsos patriotas se arrogaron el dudoso derecho de vandalizar los pañuelos pintados en recordación de los desaparecidos por la Dictadura, que están ubicados en torno a la Pirámide de Mayo.

En la última escuálida movilización, que no reunió a más de 1.500 vociferantes  en la Plaza de la República, algunos de los cuales se trasladaron luego a la Plaza de Mayo, los manifestantes vandalizaron con cruces rojas los pañuelos. El último martes, un grupo de 30 trabajadores de la Asociación de Trabajadores del Estado de la Capital reconstruyeron las imágenes, acompañados por la legisladora porteña Victoria Montenegro.

Los delincuentes usan también el recurso del método

No sólo de política vive el hombre. El apotegma viene a cuento porque los mismos que alientan o hacen silencio frente a las prácticas arriba mencionadas contra las organizaciones de derechos humanos, muchas veces las sufren en carne propia.

Desde hace muchos meses se viene denunciando –y la dirigencia gremial agropecuaria suele culpar al Gobierno, al peronismo o al kirchnerismo por ello- la vandalización de silobolsas en diferentes localidades argentinas.

El seis de julio último, en el diario La Nación se preocupaban porque “con 69 roturas de silobolsas registradas en lo que va del año, en su mayor parte en Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y Entre Ríos, el común denominador que atraviesa la opinión de dirigentes del agro, diputados y exfuncionarios ligados al campo es que la ola de ataques adquirió una dinámica peligrosa”.

Pero no sólo la pampa húmeda registró este tipo de ataques. Productores mendocinos denunciaron que en el Valle de Uco y en los departamentos San Martín, Rivadavia y Junín se produjeron saqueos contra plantaciones de ajos, nogales y almendros. Inclusive, los maleantes se llevaron sarmientos resinosos, que son ideales para hacer fuego.

Todos ellos, en la voz del ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de Mauricio Macri, Luis Etchevehere sostienen que los productores agrarios sufren el asedio con «bronca, impotencia y con miedo por la seguridad jurídica». Para el también expresidente de la Sociedad Rural, el gobierno nacional «no está tomando ninguna acción para prevenir. Pasaron varias semanas y aún no vemos actitudes del Gobierno de castigar estos hechos».

Tampoco los ruralistas repudiaron las acciones destructivas que afectaron a otros que comulgan en las antípodas ideológicas de ellos. Hay quienes ven la viga en el ojo ajeno…

Los émulos de Genserico en el Obelisco

El Nueve de Julio, una de las dos fechas patrias por excelencia, una pequeña concurrencia trató de hacer pasar de contrabando sus ideas como si fueran mayoritarias y vandalizó, en el camino, el trabajo de la prensa y a los periodistas.

En el transcurso de su maligna reunión, dos periodistas –Lautaro Maislin y Ezequiel Guazzora- tuvieron la mala idea de ponerles el micrófono y debatir con ellos o dejarlos hablar y que dijeran lo que pensaban. Al principio, se posesionaron de los micrófonos y expresaron su parecer sobre la pandemia, el aislamiento y el Gobierno.

Pero, mientras llegaba más gente, los ánimos se fueron caldeando. Primero, hubo algún insulto, luego llegaron las negativas a hablar y finalmente, las agresiones y la expulsión de los periodistas.

Allí se desataron. Hubo golpes, distintos tipos de intimidación y, finalmente, la rotura de los vidrios del móvil del Canal C5N y la incalificable agresión contra Guazzora, que debió refugiarse en una librería antes de que lo mataran. Se lo llevó de allí un móvil del SAME, porque si no lo hacía, no salía con vida de allí.

Indudablemente, los concurrentes a las marchas anticuarentena no son afectos al debate, el intercambio de ideas y la aceptación de quienes son diferentes a ellos. Como el rey vándalo Genserico, que se instaló en el norte de África con sus guerreros y armó una aristocracia adicta, que no le discutía nada y cumplía con sus exigencias sin cuestionamientos. Jamás una discusión, jamás una oposición. Allí se vivió la era del sí, la misma que quieren instaurar algunos en Argentina, sin éxito afortunadamente.

Una conclusión apresurada, quizás equivocada

La malevolencia no tiene ideología, pero a la vez obliga a pensar. ¿Y si los que perpetran estas acciones no son los que se beneficiarían con ellas, sino que están trabajando a favor del caos, simplemente? El que golpea a derecha e izquierda por igual suele ser alguien que odia a todos.

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