El dilema ante el Covid-19: convivir o sólo proteger a los débiles

El dilema ante el Covid-19: convivir o sólo proteger a los débiles

¿Vuelve el trabajo o sólo se sale para recreación? Si crecieran los casos, ¿habría marcha atrás?


Como si no estuvieran relacionadas, o no tanto, las evoluciones de la cuarentena y de los contagios y muertes por coronavirus parecen haber empezado a disociarse. Al menos en la lógica en la que una debería explicar a la otra. ¿Cómo sería esto? Las últimas flexibilizaciones del aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) en el AMBA no se condijeron con la suba de casos registrados en este mega-distrito. 

Sobre todo en el complejo conurbano bonaerense. La duda ahora es central. Si siguen batiéndose récords día a día, en una carrera semejante a cuando se dispara el dólar, ¿las autoridades aplicarán una marcha atrás con las aperturas? Y más importante aún: ¿la gente las cumpliría? 

El último anuncio de prórroga de cuarentena pareció más bien una reacción tardía de la política a lo que la sociedad impuso de hecho. Si bien entre el 1 y el 17 de julio rigió una mayor dureza al confinamiento en la Ciudad y los municipios del GBA, esto no se tradujo en una ostensible baja de la circulación y, menos todavía, en una reducción de los contagios que indicaran que se había pasado el temido pico de la pandemia.

Los números de los últimos días encienden alertas. ¿El récord de más de 5.000 casos del martes fue un nuevo piso o, como sugirió un infectólogo que asesora al Presidente, «se cayó el sistema» los días anteriores y por eso se acumuló el conteo de contagios oficiales? ¿Por qué oscilan tanto los números desde fines de la semana pasada?

La Ciudad es un ejemplo: el miércoles, día previo al anuncio, con 1.128 contagios CABA había aportado fuerte al récord nacional. Pero el jueves, cuando Alberto Fernández, Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta informaron sobre la nueva etapa, bajaron llamativamente a 859. El último martes, y horas después de que el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, se mostrara confiado en que durante “dos o tres semanas, en la Ciudad seguramente se convivirá con 1.000 a 1.200 casos”, se volvió a tocar un pico, 1.405.

Los números de los últimos días encienden alertas. ¿El récord de más de 5.000 casos del martes fue un nuevo piso o, como sugirió un infectólogo que asesora al Presidente, «se cayó el sistema» los días anteriores y por eso se acumuló el conteo de contagios oficiales? ¿Por qué oscilan tanto los números desde fines de la semana pasada?

Mientras, por ahora, el cronograma de aperturas escalonado sigue en marcha. Más negocios –en cantidad y en rubros-, más tiempo para correr, más tiempo para sacar a los chicos. Difícil que haya una marcha atrás, salvo una catástrofe sanitaria. Al menos en la Ciudad, se retoma una idea que generó un fuerte debate interno: apelar a la responsabilidad individual de los porteños y, sin decirlo públicamente, aprender a convivir con el Covid y asumir que gran parte de la población probablemente se termine contagiando. Esto lleva a enfocar los recursos que hay en los grupos de riesgo: adultos mayores, embarazadas, vecinos con antecedentes de enfermedades riesgosas para el coronovirus.

En Provincia y en Nación difícilmente asuman este discurso. Sobre todo el Presidente, que capitalizó como pocos su rol de protector de los argentinos en el arranque de la pandemia. 

Kicillof, incluso, desdeñó la necesidad de recreación de la población, incluidos los chicos, y desde su lógica de economista vinculó todos los cambios a las necesidades de reactivar el consumo. Una rigidez que, se comprobó, en muchos casos quedó en la teoría. Las imágenes de los centros comerciales del Conurbano o de actividades sociales supuestamente prohibidas, reavivaron la idea de un conglomerado que se mueve con reglas y necesidades por fuera de la norma.

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