Kicillof no hace pie entre los intendentes peronistas

Kicillof no hace pie entre los intendentes peronistas

Los jefes comunales se quejan por la "apatía" en la relación con el mandatario. Además, éste les recortó fondos y piensa seguir en esa tesitura. No hay paz.

Kicillof y los intendentes peronistas: sonrisas de ocasión.

La crisis se resume en una frase del gobernador bonaerense, Axel Kicillof: «no voy a lotear el Gobierno». Ésta expresa la resistencia del mandatario a aceptar las presiones de los intendentes peronistas para que designe a sus hombres en distintas posiciones del Gobierno.

Lo primero que se pudo notar tras la asunción de Kicillof fue la homogeneidad de su gabinete, expresada claramente en la presencia algunos directivos de la Universidad de José C. Paz y en muchos de sus colaboradores de sus tiempos como ministro de Economía. Junto a ellos, se notó la designación de los veteranos Teresa García y Carlos «Cuto» Moreno, un antiguo amigo de Néstor y Cristina Kirchner, con quienes estudió la carrera de Derecho en los ’70, en la Universidad de La Plata.

Lo más notorio, en contraposición, fue la ausencia de colaboradores relacionados con los intendentes peronistas del conurbano y del interior, que son víctimas de una notoria desconfianza por parte del mandatario provincial.

Pero el conflicto no termina allí, porque el recelo tiene dos vías y subsiste también del lado de los municipios. Los jefes comunales se quejan amargamente por la «apatía» en la relación con Kicillof, que no ha parado de recortarles partidas y de trabarles el acceso a la Gobernación, que no pisan desde hace ya tiempo.

La relación entre ambos se basa hasta ahora solamente en la desconfianza y así no hay futuro, más aún si se compara el contraste que existe con la Casa Rosada. No olvidan los intendentes que uno de ellos, Gabriel Katopodis, fue designado al frente del Ministerio de Transporte, sin contrapartida con lo que ocurre en La Plata.

Para peor, Kicillof, urgido por cierta emergencia presupuestaria, tomó al menos dos medidas que sembraron la alarma y difundieron cierto afán vindicatorio en las filas de los jefes comunales. La primera fue derivada de la Ley de Emergencia, en la que el mandatario intentó apropiarse de los fondos que las comunas reciben directamente de Nación.

La furiosa reacción de los intendentes ante la posibilidad del despojo obligó a Axel a dar marcha atrás. Como resultado, sólo quedó la imposición a los municipios de informar a La Plata sobre cada uno de los ingresos de fondos, títulos y valores que provengan de Nación.

La otra medida estuvo dictada por una extrema necesidad, que da cuenta del desastre que dejó tras de sí María Eugenia Vidal. En diciembre, los intendentes fueron obligados a adquirir Letras del Tesoro provincial, ante la proximidad de vencimientos de deuda que no contaban con los fondos provinciales correspondientes.

La necesidad de Kicillof tiene una cara de hereje extrema, porque también intentará quitarles a los jefes comunales el 20 por ciento de la recaudación en concepto del impuesto automotor de los vehículos que poseen más de diez años de antigüedad, que tradicionalmente quedan en manos de las comunas.

El lunes último, la situación sufrió una agravamiento cuando el gobernador Axel Kicillof y el presidente de la Nación, Alberto Fernández presentaron en Moreno el Programa Nacional Argentina Unida por Educación y Trabajo, por el que los cooperativistas de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y los titulares de los planes sociales se lanzarán a la refacción de 759 escuelas, sin darle participación a los intendentes en la dirección de los trabajos. En primera fila se puedo ver a Juan Grabois, Emilio Pérsico y a Fernando «Chino» Navarro.

Esta «invasión» de los movimientos sociales -vale recordar que el acto se hizo en Moreno, adonde es intendenta Mariel Fernández, esposa de Esteban «El Gringo» Castro, titular de la CTEP- también es vista por los jefes comunales como una nueva afrenta contra su liderazgo territorial.

Más tarde, Kicillof se dirigió a San Antonio de Padua para un lanzamiento provincial del plan que lanzó con el presidente en Moreno. Allí, se suponía que lo iban a acompañar los jefes comunales, que le hicieron sonoro plantón. Sólo estuvieron el dueño de casa, Gustavo Menéndez, su vecino Alberto Descalzo (Ituzaingó), el navarrense Santiago Maggiotti, el mercedino Juan Ignacio Ustarroz y el alberdista Francisco Echarren, en representación del mundo peronista. Simbólicamente, también se hicieron presentes en la ¿celebración? los intendentes macristas Jorge Macri (Vicente López) y Javier Iguacel (Capitán Sarmiento), que guardan mejor relación con la provincia que ellos, según los peronistas.

De todos modos, el síntoma del conflicto se mostró en la ausencia del resto de los intendentes peronistas. Es que los que se quejan pertenecen a todos los sectores. Ni siquiera el kirchnerista Jorge Ferraresi logró ubicar a ninguno de sus hombres en el Gobierno provincial. Por lo tanto, se puede decir hoy que el máximo mérito de Kicillof es el de haber unificado las fuerzas de todos sus enemigos en contra de él mismo.

Además, los intendentes peronistas son sobrevivientes de las estepas rusas. En 2015 enfrentaron a Vidal -con quien mejoraron la relación, con el paso del tiempo- y le arrancaron algunas concesiones, aunque ella nunca les mejoró los ingresos ni cumplió jamás con los acuerdos a los que llegaron. Fue así que cuando la gobernadora alguna vez pidió algún favor, logró dibujar las sonrisas en sus interlocutores, junto con algún reproche -dicho éste en media lengua-, sin lograr ningún resultado ante su solicitud.

Es larga la memoria cuando es hija del desaire.

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