Publicado: 15/06/2026 UTC Nación Por: Redacción NU

Tango Indio: El Indio, El Sordo y el rock obrero

Por Horacio Ríos y Eduardo Zanini
Tango Indio: El Indio, El Sordo y el rock obrero
Redacción NU
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indio solari

Se fue llevando en andas al ángel de los perdedores, dejando tras él sentimientos contradictorios: dolor en la pérdida, bronca contra quienes no respetaron ese dolor y nostalgia por las canciones que él ya no cantará, que ahora pertenecen al patrimonio de esos miles de "negros cabeza", que nunca cayeron de rodillas ante nadie, excepto ante el poeta, cantor, musiquero y profeta Solari.

Ese mundo, huérfano de él, se convirtió en un carrusel de sentimientos: la alegría por estar juntos, la solemnidad al asumir su herencia poética y musical -que nunca más será olvidada- y el desprecio por los que mostraron su ignorancia fueron la tónica de una noche lluviosa en la que no faltó nadie.

La política está muy emocional por estos días. Emocionalmente nos putean todos los días a los periodistas que no pensamos como el ocupante transitorio de la Casa Rosada. Emocionalmente, los corruptos señalan a otros, para ver si zafan del bochorno. Emocionalmente, se le pide al equipo argentino que traiga desde el país del norte la cuarta Copa Mundial. Emocionalmente, se desvía la atención de los problemas reales de la Argentina hacia ciertas aguas de borraja, que diluyan la bronca de los excluidos del banquete de los ganadores.

Entre tantas emociones, el Pueblo en espíritu de vigilia fue a homenajear al juglar que lo pintó, que le puso palabras a ese dolor, a esa alegría y a esa vida que hierve bajo la piel argenta. El domingo surgió eso que no se ve, eso que no se piensa, pero que se siente muy hondo en el corazón, lejos de la lógica.

En ese desmadre, Avellaneda fue este domingo la capital del rock and roll más tanguero. Más de un millón de ricoteros vivieron la primera misa sin el Indio, porque las misas ricoteras seguirán. La mística no se muere en un segundo, ni se apaga en el corazón de las tinieblas.

Ni la adversidad, ni el frío, ni la lluvia, ni el dolor detuvieron el aluvión, como aquella vez, hace 81 años. La multitud, entonces y ahora fue refugio, abrigo, respeto, amor y canciones.

El salvajismo, sinónimo de autenticidad, a veces se muestra de manera inesperada. Una vez, errando por Internet, este cronista acertó con un video de esos tipos extraños que "reaccionan" ante alguna cuestión. Pueden ser recitales, peleas, partidos de fútbol o vómitos. Éste reaccionaba a "Jijiji", un tema grabado en el Estadio Único de La Plata, en el que se venía "el pogo más grande del mundo". El yanky observó en silencio al principio y luego, cuando se largó el pogo, comenzó a preguntarse en cámara: ¿qué es esto? No comprendía cómo la multitud saltaba, al mismo tiempo que tarareaba la melodía que bordaba el guitarrista en la introducción al tema y que luego, como para dejar claro que estaban en misa, todos cantaban con Él la letra de la canción. La cámara mostraba a una chica que cantaba con gesto futbolero la letra de "Nuestro amo juega al esclavo" y llegaba al clímax cuando la canción rezaba que "violencia es mentir". El tipo no entendía nada, pero sabía que una comunión misteriosa latía en esos 50 mil corazones, que no se podía traducir en palabras. Quedó flotando la pregunta del confundido influencer: ¿qué es esto? Un internauta sabio en emociones le respondió: "aprendé, pibe, esto es Argentina".

El Pan Caliente de Los Redondos

El dos de enero de 1982, Los Redonditos de Ricota tocaron en Excursionistas, en un festival organizado para intentar el rescate de un proyecto cultural que se caía: el de la revista Pan Caliente, que dirigía el mítico (y místico) Jorge Pistocchi. En un escenario improvisado, que resultaba de la reunión de dos camiones semirremolques de culata, el Indio y su tribu subieron a hacer R&R. En medio de la performance, la gran Monona trepó hasta el tablado y fue desvestida por su amiga María Isabel, hasta quedar sólo con una malla transparente, cuando comenzó a bailar hermosamente. La lobería comenzó a aullar y, cuando terminó el tema "Para Monona Blues-Merca para vender", con arenga de Mufercho incluída, este cronista, que ofició aquel día de jefe de seguridad, debió escoltarla hasta un lugar seguro porque si no, nadie salía vivo de allí. Igual, casi casi...

En aquel recital, el único en el que Los Redondos tocaron con otras bandas en toda su historia, en el que los acompañaron Alejandro Medina con Faraón Bemberg en percusión; Litto Nebbia -que invitó a Celeste Carballo al escenario; Piero con el grupo Prema; Los Abuelos de la Nada; el Sexteto Músicos Independientes Asociados (MIA); Alberto Muñoz; León Gieco; Pedro Conde y La Fuente, la multitud cantó por primera vez en la dictadura la canción más taquillera de aquel tiempo: "se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar". Diez minutos después, ni cortos ni perezosos, un jeep y un camión del Ejército se hicieron presentes. Un oficial se acercó al escenario y sostuvo un tenso diálogo con algunos organizadores, entre quienes se encontraba este cronista. Luego se retiró, no sin antes advertirnos que iban a quedarse por la zona.

El Indio y la tribu ricotera, aún no tan numerosa, pero ya en crecimiento, se despidieron rocanroleando la "Mariposa Pontiac", que levantó un poco el ánimo, algo decaído ante la amenazante presencia verdeoliva.

Avellaneda Blues y fin

En el parque de Villa Domínico afloró el domingo la multitud que se mantuvo ausente del escenario en los últimos años, que se sumerge defensivamente en el subsuelo de la Patria cuando llegan los malos tiempos. Los millones de presentes en la misa ricotera se mantuvieron emboscados en los últimos años, a la espera de su propia batalla. Ellos no pelean guerras ajenas, ni empuñan argumentos que no les pertenecen. La dispersión se convierte en unidad cuando se defiende a la Patria, cuando la injusticia es demasiada o cuando hay que despedir a uno de los nuestros.

La timba no es Argentina. La explotación extrema no es Argentina. La opresión es antiargentina. Por lo tanto, allí andan los ricoteros, en busca de la verdadera alma argentina. Pululan por los lodazales demasiados embusteros, que venden oro por baratijas, chafalonías por joyas y prosperidades futuras, que jamás llegarán.

Al igual que todos ellos, el Indio, al que "un ángel sonso, amateur, condenó al paraíso", vive ahora en la bienaventuranza de los corazones calientes, protegido por duras poesías, que aventarán por toda la eternidad los males del Averno.

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