Milei en ORT: un raro cóctel entre la filosofía, una ética sin decoro y Fantino
Los “titanes del orden viril” llegaron armados hasta los dientes, con miradas torvas. Los estudiantes, sorprendidos ante el despliegue, sólo atinaron a preocuparse levemente, porque había allí más teatro funambulesco que valientes guerreros de Salamina.
Cuando la tarantinesca escena estuvo preparada, desembarcó Él, ansioso por encontrar un público de púberes que fueran influenciables ante su diatriba paleozoica. Les habló de “traer el paraíso a la tierra”, que no lo estaría logrando; de aplicar medidas “justas bajo la óptica del Creador”, que difícilmente estaría feliz con su concepto de lo social y del “nuevo mercado repugnante de la morosidad”, porque es casi seguro que los que no pagan los créditos anduvieron despilfarrando jocosamente sus morlacos, a pesar de que la mayor parte de sus deudas son gastos en alimentos.
En su alocada alocución, él habló elogiosamente del rey Salomón, que les propuso a dos madres que disputaban por un bebé partirlo en dos y darle la mitad a cada una; nombró emocionadamente al economista Jesús Huerta de Soto, que definió que el Estado es “el anticristo” y decretó la muerte de Nicolás Maquiavelo, que aconsejó a su monarca que generara más temor que amor entre sus amigos.
Luego, en alegre revoltijo de conceptos y complicadas disquisiciones que no llevan a ninguna parte, comparó “los valores judeocristianos” con la eficiencia y decidió que a la oposición “llamarlos adversarios es darle una estatura moral que no les va”. Inmediatamente, siguió en el barro, desde donde amasó una mezcolanza casi gloriosa, definiendo que no se puede “ganarle al populismo haciendo populismo. Es decir, sería una victoria de la pérdida, Por lo tanto, dado que no estamos dispuestos a negociar nuestros valores éticos y morales, vamos a seguir haciendo lo que está bien y lo que es justo y no vamos a ceder al canto de las sirenas”, dicho esto dos días después de que su ministro de Economía anunciara una línea de créditos hipotecarios, justificando su decisión en que es necesario ejecutar un atisbo de “Justicia Social”. Simultáneamente, todos los miércoles sus “tipos que huelen a tigre” masacran a palazos a los jubilados, que vieron caer sus ingresos en un 20% desde el 10 de diciembre de 2023.
Finalmente, sin que nadie lo obligara, Él elevó inesperadamente a Alejandro Fantino a la categoría de doctor en Filosofía y consejero presidencial. Relató que había una frase que le había pegado fuerte, “que decía que la misión no era guiar a los fieles al paraíso, sino que había que traer el paraíso a la tierra”.
Entrando de lleno en el terreno místico, retozando alegremente en los campos de la religión, la economía y la política, que son uno solo, Él afirmó sin rubor, que “el capitalismo es el sistema que Dios preparó a través de una ley para que, después de la caída, el trabajo continuara. No lo inventó el hombre”.
Sin abandonar la jocundia, el presidente de la Nación Argentina afirmó que “el hombre lo descubrió al obedecer. Está inscrito en los diez mandamientos, en el orden moral que el Creador estableció antes de que existiera cualquier Estado o cualquier mercado”.
Hombre apegado al rigor científico, extrañamente, Él rodó por los campos de la mística, la religión y aún la patraña filosófica, como cuando aseveró que “antes de decirle al hombre qué no puede hacer, Dios le recuerda quién lo hizo libre. La libertad no es una conquista humana, es un don divino. Y de ese don surge la responsabilidad de no esclavizar al prójimo, de no someterlo, de respetar irrestrictamente su proyecto de vida”.
Si realmente este apotegma fuera parte de su proyecto político, ¿cuándo el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil va a fijar una cifra acorde con la Justicia Social que termina de predicar el ministro de Economía? Termina de fracasar la negociación para fijar una cifra que contenga los índices que compensen la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, porque los representantes del Estado y de los empresarios se aliaron contra los delegados de los trabajadores. Los empresarios, ofreciendo una cifra de aumento irrisoria; el Estado, cerrando la mesa de negociación -que no fue presencial, sino por vía digital- y disponiéndose a fijar por decreto un incremento salarial no menos irrisorio.
Finalmente, sumergiéndose aún más en el campo de la filosofía, el presidente se metió con el marxismo. “El programa marxista es un programa satánico que, en lugar de traer el paraíso, te trae el infierno. Es el programa opuesto al programa de Dios. La elección no es política, la elección es moral”.
Vuelve aquí el presidente a transfigurarse en el abanderado de un Occidente que ya no discute la política. Sus amigos de Palantir, liderados por Peter Thiel, por ejemplo, abandonaron hace tiempo el carro de la democracia, que fue el sistema que colocó a Javier Milei en la Casa Rosada. Su frase emblemática es, en este orden: “la libertad y la democracia ya no son compatibles”.
Disconformes con su histriónica performance, algunos incrédulos de la fe que lo impulsa al incomprendido presidente de la Nación Argentina, le espetaron al retirarse, con escasa benevolencia, calificativos de grueso calibre, tales como “ladrón”; “hdep” y otros de similar tenor.
Entretanto, en lo alto, adustos francotiradores apuntaban sus lasers al vacío. El enemigo no acudió a la cita esta vez. Regresando al parafraseo del Indio Solari, “violencia es mentir”.