"Los privilegios del Poder"
La exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal difundió su más reciente newsletter, titulado Los privilegios del poder, en el que reflexiona sobre el ejercicio de la función pública y cuestiona las ventajas que rodean a la dirigencia política. En el texto, plantea que el acceso al poder suele generar una distancia progresiva con la realidad cotidiana de la sociedad, muchas veces de manera imperceptible.
Vidal describe ese proceso como algo gradual, que comienza con “pequeños permisos” y decisiones que parecen justificables en función del cargo, pero que terminan alterando la percepción de quienes gobiernan. Según sostiene, el problema no radica en la existencia de recursos o beneficios asociados a la función, sino en la naturalización de esos privilegios, que pueden desconectar a los funcionarios de la vida común de los ciudadanos.
En primera persona, la exmandataria recuerda su paso por la gobernación de la provincia de Buenos Aires y menciona las comodidades a su disposición, como el uso de helicópteros, el acompañamiento protocolar o el acceso a residencias oficiales. A partir de esa experiencia, afirma haber comprendido que el poder “no cambia, sino que desnuda”, al exponer la conducta de las personas cuando no existen límites externos.
ANFITRIONES DEL FUTURO
— María Eugenia Vidal (@mariuvidal) April 14, 2026
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En ese marco, Vidal propone un criterio ético para el ejercicio de la función pública: cuestionar si determinadas prácticas o beneficios podrían ser utilizados por cualquier ciudadano. En su planteo, cuando la respuesta es negativa, los dirigentes deberían reconsiderar esas conductas. Así, desplaza el eje del debate desde la legalidad hacia una discusión más profunda sobre lo que considera correcto en un contexto social marcado por dificultades económicas.
La dirigente también advierte que minimizar este tipo de cuestiones contribuye a agrandar la brecha entre la política y la sociedad. A su entender, es en esos detalles donde se origina la desconfianza ciudadana, alimentada por la percepción de que la dirigencia vive en una realidad distinta y privilegiada. Esa distancia, señala, dificulta luego la reconstrucción del vínculo con la ciudadanía.
Finalmente, Vidal reivindica una forma de hacer política “más incómoda y exigente”, basada en la cercanía, el sentido común y la renuncia a privilegios. En ese sentido, plantea la necesidad de que los dirigentes no se consideren especiales ni accedan a beneficios que no están al alcance del resto de la sociedad, y sostiene que ese camino, aunque más difícil, es el único que permite recuperar la confianza pública.