Fate baja la persiana: 920 trabajadores quedaron en la calle
La histórica marca argentina de neumáticos Fate anunció este miércoles el cierre definitivo de su actividad industrial, lo que implicará el despido de 920 trabajadores y la clausura de su planta ubicada en Virreyes, partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires. La decisión marca el fin de más de 80 años de producción local y la liquidación de una de las empresas más emblemáticas del sector manufacturero argentino.
La firma, que operaba como Fate S.A.I.C.I., informó en un comunicado que “a partir del día de hoy, cesa la actividad en su planta industrial”, sin que la medida responda a procesos preventivos de crisis ni concursos de acreedores, sino a una liquidación total de la empresa.
Según allegados a la compañía, “es un cierre definitivo y se le paga a todo el mundo lo que corresponde: empleados, proveedores y bancos. Se liquida todo y se baja la persiana”, describieron fuentes cercanas a la decisión, que provocó sorpresa e incertidumbre entre los trabajadores y gremios.
"Nos quieren obligar a que revolvamos la basura de la calle y no lo vamos a permitir" — Trabajador despedido de FATE
— Urbana Play 104.3 FM (@UrbanaPlayFM) February 18, 2026
FATE anunció el CIERRE DEFINITIVO de su planta y el DESPIDO de sus 920 EMPLEADOS.
"Está completamente militarizado el predio con la Policía de PBA. Hubo una… https://t.co/4wbVt022zm pic.twitter.com/q3yuQWIaOR
El contexto del cierre se inscribe en una crisis profunda para la industria local, que incluye caída de la demanda, fuertes costos de producción y una competencia creciente de productos importados, en especial neumáticos de origen asiático, que presionaron las condiciones de mercado hasta hacer insostenible la continuidad de la fabricación.
La planta que se cerrará ocupaba un terreno de más de 40 hectáreas con capacidad para producir millones de neumáticos al año y había sido parte del entramado productivo argentino desde su fundación en 1940, con una importante participación tanto en el mercado nacional como en exportaciones hacia Europa, Estados Unidos y América Latina.
El impacto social y económico del cierre se percibe ya en las inmediaciones de la fábrica, donde empleados reclamaron y expresaron su preocupación por el futuro de sus fuentes de trabajo y de sus familias, mientras el sector industrial y sindical advierte sobre las consecuencias de un escenario cada vez más desafiante para la producción local.