Publicado: 19/05/2026 UTC Nación Por: Horacio Ríos

En la era de Gog y Magog, el único resultado posible es el desastre

Hay opositores que se parecen demasiado a los payasos marechalianos. Milei se cae por sus propios errores, no por la reacción de los partidos. La salida exige acuerdos que hoy apenas se ven. El fetiche jujeño.
En la era de Gog y Magog, el único resultado posible es el desastre
Horacio Ríos
javier milei

A Javier Gerardo Milei lo viene jaqueando duramente su propia exitosa capacidad de modificar la realidad. Más allá de su promesa de ajustar el presupuesto fiscal de la Nación -objetivo con el que cumplió sobradamente-, el presidente libertario se encuentra transitando un acelerado declive, absolutamente lógico, si se analizaran los números de la economía que construyó hasta ahora. La misma. En gran parte, que había anticipado en su campaña presidencial.

Beneficiado por una oposición atomizada y por la incapacidad del peronismo y del macrismo para construir un país moderno, justo y soberano, Milei se lanzó a la aventura desindustrializadora con una audacia irresponsable. Ajustó, despidió y diseñó una agenda imposible de aceptar para la mayoría de los argentinos de bien, que son los que construyen el país diariamente. Entretanto, el resto de los partidos políticos se limitaron a cuestionarlo, muy al estilo de Gog y Magog, actores de reparto en la novela marechaliana “El banquete de Severo Arcángelo”.

Éstos son dos payasos que actúan en la novela de Leopoldo Marechal como dos aliados del anfitrión del gran banquete, pero al mismo tiempo arrojan piedras contra la casa -ellos viven en un cobertizo en el jardín-, le ponen apelativos irónicos al dueño de casa, que los alimenta secretamente y fingen luego una afinidad que se quiebra de a ratos, cuando Severo no los beneficia como “necesitan”. En una palabra, son una oposición que busca el calor del oficialismo, injurian, pero negocian y culminan el sainete pretendiendo una animosidad muy conveniente, pero incoherente. Algunos gobernadores de hoy, a los que se podría calificar como “opositores amistosos”, se les asemejan bastante.

Estos opositores Gog-Magogianos, que poseen caras unánimes, pretenden mantenerse apartados de los efluvios infamantes de Milei, a la vez que se benefician de sus escasas virtudes. Se presenta difícil definir a esta oposición, que camina con el santo de la procesión mientras tañe las campanas de la capilla. Cuando haya que tomar definiciones, se desintegrarán muchas ilusiones de estos resbalosos líderes provinciales. Por ahora, vegetan sin construir futuro, ni proyecto.

Si “gobernar es poblar”, según el concepto de Juan Bautista Alberdi, el éxito de Milei es sólo fracaso. Si “gobernar es crear trabajo”, como planteara el general Juan Domingo Perón, el constante tropiezo libertario es un desastre definitivo. ¿Para qué sirvió, entonces, Javier Gerardo Milei? Su objetivo fue y es -y en esto sí fue exitoso- modificar la matriz productiva y laboral de la Argentina.

La vuelta a la égloga pastoril que intentó el libertario fue, temporalmente al menos, un suceso. Perjudicar a la industria es sencillo, al menos desde el punto de vista económico. Basta con bajar los salarios, encarecer los servicios, desatender las demandas de la producción, abrir el mercado a los productos extranjeros y generar falsas batallas, que sólo conducen a callejones sin salida, mientras el campo está siendo minado.

Si a estas sencillas premisas se les agrega el aprestamiento constante de la Guardia de Infantería, algunas oportunas leyes draconianas y un discurso que agita a enemigos inventados, como “los comunistas”, “los populistas”, “los que maman de la teta del Estado”, “los piqueteros”, “los negros (peligrosos)”, “los iraníes”, “los cubanos”, “los extremistas” y “los fundamentalistas”, el combo está completo.

La guerra está declarada y es contra la esencia de la Patria misma. No es la primera vez que lo vivimos los argentinos, porque el manual fue siempre el mismo. Lo utilizó la Revolución Libertadora en 1955, la Revolución Argentina en 1966 y el Proceso de Reorganización Nacional en 1976. Hasta el propio Carlos Saúl Menem -traidor hipócrita- heredó esas falsas premisas liberales para encubrir su mentira monumental.

Esta Patria se construyó con gauchos andrajosos, con pueblos originarios indomables, con inmigrantes pobres, con soldados valientes, con estadistas que a veces fueron derrocados por intereses foráneos y con insobornables resistentes, que en los tiempos difíciles prefirieron luchar antes que rendirse. Mientras tanto, en los salones lujosos de los palacios sólo moraban los ladrones, los corruptos y los cómplices de la entrega de la Patria. No había honor allí, como no lo hay tampoco en la Casa Rosada de hoy.

De todos modos, no hay que despreciar a los arribistas argentinos. Son astutos, persistentes y en el pasado han derrotado a los patriotas y han gobernado con las mismas malas artes que hoy emplea Milei.

Mientras tanto, en Ciudad Gótica…

La imagen negativa del Gobierno, un eufemismo por el desprestigio, crece, aunque las encuestadoras miden en centímetros lo que se debe mensurar en kilómetros. Si no, no se explica que “la imagen negativa del Gobierno aumentó del 51% al 55%, mientras que la desaprobación a la gestión libertaria creció del 53% en marzo al 59% en abril”, en medio de una realidad lacerante, con miles de personas que son expulsadas del mercado del trabajo a causa de las quiebras de las empresas y la reducción de sus planteles laborales.

Como relata nuestro compañero Eduardo Zanini en este mismo número, alrededor de 800.000 personas desaprobaron el martes último la política educativa de Milei. El equivalente al 30% del padrón electoral de la ciudad se manifestó en las calles porteñas. Estos números, a los que habría que sumarles otros dos millones de personas más en el resto del país, significan que la religión libertaria se sostiene solamente a fuerza de inyección de dólares externos (el FMI está a punto de aprobar otra inyección, que nos va a doler hasta el alma), palazos policiales y “lobbies” empresariales. Tampoco hay que subestimar en la ocasión los métodos de guerra psicológica que utilizan en las redes sociales los guerreros que comanda el Gordo Dan en el terreno y Santiago Caputo en el palacio.

Nadie lo mide, pero una protesta como la que se materializó esta semana le generó más desgaste a la figura presidencial que casi todos los demás ítems que miden las empresas de opinión pública. Presenciar la marcha de una multidud, en la que las personas entonan consignas a las que se unen otros prójimos, que tienen un objetivo común y a las que se suman otros que piden por otras reivindicaciones igualmente válidas, como los que exigen mejor atención de la salud o que protestan por el quite de subsidios a la discapacidad, encarna una derrota enorme para un gobierno que ha mentido en alguna ocasión que “sacamos a diez millones de personas de la pobreza”.

El futuro llegó hace rato

“Todo un palo, ya lo ves”, canta el Indio Solari. No existe el vacío en la política, por lo que si alguien cae, otros suben.

La primera caída de Milei es muy negativa para su figura. De acuerdo con un estudio reciente, realizado durante 60 días, el ínclito Manuel Adorni devino en la nueva figura del gabinete, superando a Milei en búsquedas en las redes sociales. No fue su popularidad la que lo impulsó, como es de público conocimiento.

En resumidas cuentas, Milei se está cayendo por su propio peso y no por las virtudes de la oposición. Sólo el 18% de los votantes volvería hoy a elegirlo, en tanto que la suma de las diferentes opciones peronistas y kirchneristas estaría sumando en este fugaz momento alrededor del 40% de los votos. Apenas una foto, en medio de una película en la que nada es definitivo.

Fetiches

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, un fetiche es un “ídolo u objeto de culto al que se atribuyen poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos”.

Tomando este concepto, hacia 1867 Karl Marx llamó “el fetichismo de la mercancía” al hecho de que las relaciones sociales se definen como relaciones materiales entre cosas. Así, a los productos de consumo se les atribuye un valor “mágico” o intrínseco, ocultando el trabajo humano y las condiciones en las que se los produce.

De esta manera, se esconde el esfuerzo de los trabajadores, las condiciones en las que producen e incluso las condiciones salariales. Se valora sólo el producto final, mientras que se ignora intencionalmente el proceso productivo. Las interacciones de las personas son definidas como materiales y el producto a consumir se define por sí mismo, no como el resultado de una interacción económica y política entre actores sociales. Con esta concepción, los productos tendrían vida independiente, convertidos en fetiches de los consumidores, asimilables a esclavos del intercambio comercial.

De esta manera, a menudo las mercancías son consumidas por los valores intrínsecos que se les atribuyen -status, dinero, aparente valor de cambio-, más que por su utilidad práctica. Un caso emblemático podría ser el del zonzo jujeño que exhibió su “Cybertruck” Tesla en un estacionamiento cercano a la Cámara de Diputados como si fuera un trofeo, no un simple medio de transporte personal. Para acentuar el bochorno, atribuyó su posesión a un nuevo capítulo de “la batalla cultural”.

El fetiche de Karina Milei es el poder. El fetiche de Toto Caputo es la timba financiera. El fetiche de Martín Menem es la acumulación. El fetiche de Adorni es Indio Cuá. El fetiche de Marcela Pagano es la venganza (Némesis artillada). El fetiche de Javier Milei es Conan.

Hay de todo en los lodazales de este loco mundo.

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