Publicado: 11/05/2026 UTC Nación Por: Horacio Ríos

Palantir, Thiel, la verdad y la psicopolítoca en la Era de la Boludez

El millonario germánico reina sobre un imperio de mentiras, asesinatos y guerras de baja intensidad.
Palantir, Thiel, la verdad y la psicopolítoca en la Era de la Boludez
Horacio Ríos
peter thiel

El repentino arribo a la Argentina del magnate Peter Thiel propietario de Palantir, ex dueño de PayPal y promotor y financista de The Seasteading, entre otras empresas tecnológicas que utilizan Inteligencia Artificial, desató una serie de disquisiciones acerca de los objetivos de su visita.

Por de pronto, no es la primera ocasión en que Thiel visita la Argentina. Inclusive, posee en Buenos Aires una costosa vivienda, ubicada en Barrio Parque (Palermo Chico), que les costó alrededor de 12 millones de dólares. Adicionalmente, se mostró interesado en presenciar en el territorio el experimento libertario con el que insulta cotidianamente a los argentinos Javier Milei.

El ideario de Thiel se encuentra cercano al de Javier Milei, aunque su punto de vista parte desde la élite tecnológica empresarial. Adhiere al libertarismo más radical y viene planteando desde 2009 que "no creo que la libertad y la democracia sean compatibles". Por supuesto, esto significa que "en la medida en que la democracia sea más democrática, hay menos libertad". Además, considera que "la competencia es para los perdedores", aludiendo a que solamente “el monopolio es la condición de todo negocio exitoso”.

El norteamericano nacido en Frankfurt, Alemania en 1967 forma parte del grupo de empresarios con una visión tecnológica del mundo, de la sociedad y de la política. Sueña con una realidad en la que la élite de la que forma parte gobierne a golpes de algoritmo, en el que las soluciones políticas provengan de sus mentes brillantes, dejando de lado a los esforzados (o deslomados) trabajadores que construyen sus mansiones, limpian sus grasas y componen sus desaguisados nocturnos, que deberían aceptar su condición de “receptor de datos” y “ganado consumidor” de productos apenas alimenticios y de sustancias tranquilizantes, psicotrópicas y somníferas.

Está convencido de que el progreso se construye con decisiones impopulares de líderes fuertes, que se aseguren de que el Pueblo no interfiera con decisiones que les son dictadas (a los líderes) desde ciertos cenáculos exclusivísimos, alejados del desgaste que provoca el ejercicio del gobierno. De esta manera, conservarían sus fortunas sin transpirar y transferirían la responsabilidad a los gobernantes, que serían reemplazados cada cuatro o cinco años y, de paso, no consolidarían ningún liderazgo por fuera de sus pesadas superestructuras.

Para él, el Estado sólo es efectivo si protege a los innovadores (es decir, a él y a sus amigos), elimina las trabas burocráticas y reprime severamente a los disidentes.

**Granjas marinas libertarias **

Una de sus distopías es la promoción de las seasteads, las granjas marinas que albergarán a grandes centros de procesamiento de datos y serán, a la vez ciudades flotantes, habitadas por libertarios en alta mar, lejos de las leyes nacionales, de las regulaciones estatales y del orwelliano ojo del Estado. Claro, siempre habrá un ojo y si no es un ojo fiscal, entonces habrá una mirada privada. El poder de policía estaría en manos del dueño de la ciudad y su único límite sería el que trazara la empresa propietaria. Por último, ¿quién se ocupará de la seguridad en los espacios comunes? Los pasillos, las calles, los lugares de esparcimiento, eventualmente las piletas o los bares son lugares de encuentro y socialización, pero, ¿qué pasará si hay un incidente, una pelea o una simple discusión? ¿Quién le dará la razón a uno o a otro? ¿Quién gobernará en estas ciudades-empresa flotantes?

Hay una única respuesta posible a este interrogante. La empresa se ocupará de regular la vida interna de las seasteads. En altamar no hay jurisdicciones estatales, sólo rige una “ley del mar”, una ley a medida del jefe, sea éste quien sea.

Hace uno o dos siglos, había en los barcos una tabla, que servía para que caminaran por ella los indeseables. Como la tabla se terminaba, caían al mar y se convertían en pasto de los tiburones. ¿Dictarán una ley ictícola para volver veganos a los tiburones, para que la caminata por la tabla tenga un marco legal o el juez que condene a los rebeldes gozará de un poder omnímodo?

En especial, no habrá en las seasteads esas repudiables leyes laborales, que limitan la creatividad de los emprendedores. El sueño húmedo de los libertarios y de otros habitantes de la anglosfera y de la élite empresarial habrá sido consumado. Tampoco existirían en sus granjas leyes ambientales, por lo que la contaminación de los mares quedaría a un paso de distancia.

Una última pregunta: ¿quién hará las leyes en el mar y quién las hará cumplir?

**Un poquito de Palantir **

Las palantiri (plural de Palantir) eran piedras que permitían ver el futuro y comunicarse entre los clanes guerreros de la Tierra Media. Las nombra John Ronald Reuen Tolkien en El Silmarilion, su primera novela y luego reaparecen en el segundo tomo, titulado Las Dos Torres, de su obra maestra, la saga del Señor de los Anillos.

Las piedras “que ven desde lejos” sedujeron a Peter Thiel, que en 2003 fundó la empresa en sociedad con Alex Karp, John Lonsdale, Stephen Cohen y Nathan Gettings. Su primer cliente y también proveedor fue In-Q-Tel, una subsidiaria de la Agencia Central de Inteligencia. Los jóvenes emprendedores trabajaron directamente en los cuarteles de Langley, desarrollando una tecnología adaptable a las necesidades orgánicas de la CIA.

Diez años después, en 2013, ya entregaba servicios para el Departamento de Seguridad Nacional; para el Cuerpo de Marines; para la Agencia de Seguridad Nacional y para la Fuerza Aérea de EE.UU. Entre 2009 y 2025, Palantir facturó alrededor de 3.000 millones de dólares al Gobierno de los EE.UU. También se puede agregar a sus abonados al Federal Bureau of Investigation, a las fuerzas armadas españolas, al Inmigration & Customs Enforcement (ICE) y al ejército israelí.

El software de Palantir, el que lo convierte en una fuerza destructora, es la integración. Cruza informaciones de todo tipo: datos demográficos, biométricos, de comportamiento, movimientos financieros. Identifica tendencias y anticipa escenarios futuros, mediante la recolección de datos dispersos, aparentemente desconectados, para transformarlos en una fuente de inteligencia “accionable”. Los cruces de datos, que permiten espiar y construir inteligencia contra ciudadanos, partidos políticos e instituciones, sirven tanto para la guerra como para la paz.

La ideología en el Régimen de la Información

El Régimen de la Información sustituyó al antiguo Régimen de la Disciplina, que constituía la forma de dominación de la era del capitalismo industrial. Aquel evolucionó hacia una forma de dominación en la que la información y la forma en que se la procesa, mediante algoritmos y operaciones de inteligencia artificial, determinan decisivamente los procesos sociales, económicos y políticos.

El poder ya no consiste en la posesión de los medios de producción, sino que está determinado por el acceso a la información, que le da forma a la vigilancia psicopolítica, el control y el pronóstico del comportamiento.

La tecnología que desarrolla Palantir es la tecnología del poder. Controla, reúne datos de inteligencia dispersos, se adelanta a las decisiones de sus enemigos. Alex Karp dice que Occidente está en peligro, lo que quiere decir que ya no es hegemónico. Esto exige, para Karp, Thiel y otros soldados combatir al enemigo asiático, africano y sudamericano mediante el desarrollo de una tecnología que permita aniquilar el peligro y si en el proceso es necesario exterminar a poblaciones enteras, se hará.

Esta concepción del mundo reduce a las personas a la condición de datos y ganado consumidor, solamente. Todos somos engranajes de la máquina del poder, según Byung-Chul Han. El poder disciplinario -siempre hay un poder disciplinario- fabrica sujetos que se creen libres, auténticos y creativos, que se producen y se realizan a sí mismos. Ya no necesita el poder, como en la era del Régimen de la Disciplina, explotar los cuerpos y la energía. Hoy, la batalla se produce en las mentes, en la voluntad. El Régimen de la Información amedrenta e indigna a los humanos con informaciones a menudo falaces, que parecieran ser verdaderas, pero son casi como en el experimento de Iván Pavlov en 1890. Hoy, la sola aparición en las pantallas de determinados individuos produce reacciones emocionales que han sido estimuladas previamente.

“El big data y la inteligencia artificial son como una lupa digital que descubre el inconsciente oculto del agente tras el espacio consciente de la acción. Por analogía con el inconsciente óptico, podemos llamarlo inconsciente digital. El big data y la inteligencia artificial ponen al régimen de la información en condiciones de influir en nuestro comportamiento por debajo del umbral de la consciencia. El régimen de la información se apodera de esas capas prerreflexivas, instintivas y emotivas del comportamiento que van por delante de las acciones conscientes. Su psicopolítica basada en datos interviene en nuestro comportamiento sin que seamos conscientes de ello” reflexionó el filósofo coreano residente en Alemania Byung-Chul Han. En una involuntaria coincidencia con Han, Thiel dijo alguna vez en una conferencia, que “la tecnología permite cambiar el mundo sin tener que convencer a gente que nunca va a estar de acuerdo”.

Esta concepción del mundo regresa a las personas a la realidad de la caverna que enunció Platón hace al menos 2300 años. En su Alegoría de la Caverna, uno de los prisioneros encerrados en ella es conducido a la luz del día, a la que no había visto nunca. Vuelve para informar a sus colegas en el infortunio acerca de lo que vio, pero éstos no le creen y cuando insiste, tratan de matarlo. Esa verdad que otros no pueden ver, que ignoran porque su percepción es diferente, los vuelve violentos. El miedo ordena sus vidas. El prisionero liberado ve la luz de la verdad, pero ésta no tiene lugar en la realidad de los otros, que está sumergida en la obscuridad.

Hoy, los humanos vivimos en la caverna digital, pero estamos convencidos de que somos libres. Atados a la pantalla digital de teléfonos, televisores y computadoras, vivimos atrapados por la información, entonces la luz de la verdad se apaga. Información no es sinónimo de verdad. Además, es fugaz y esa fugacidad vuelve líquido todo lo que nos rodea. Lo que estaba, se va enseguida. La incertidumbre aísla a los que buscan la verdad. Y, si la encuentran, pueden estar en peligro.

El Estado totalitario se construye sobre la mentira. Por esta razón, en esta Sociedad de la Información, la verdad se pierde en el tráfico de la información. “Se desintegra en polvo informativo, arrastrada por el viento digital. La verdad habrá sido un episodio breve”.

El mundo del algoritmo es la vigencia de la Era de la Boludez, en la que argumentamos con filosofías ajenas, narramos hechos que nos hicieron creer que son verdaderos y nos equivocamos elegantemente, mientras que los que consideramos amigos se felicitan por habernos derrotado nuevamente.

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