Elecciones: La ansiedad del sistema político y la operación permanente
Hay demasiado interés en todos los integrantes de la comunidad política en intentar adivinar cómo se van a conformar en tiempo y forma los escenarios electorales del año entrante, tanto en el plano nacional como en las distintas provincias y también en CABA.
Cuando me refiero a la comunidad política incluyo además de los políticos –sean ellos casta o improvisados- a los comunicadores, consultores, analistas y todos aquéllos que de uno u otro modo están relacionados por sus funciones o ligados económicamente a este fenómeno, tan típicamente argento.
Desde Noticias Urbanas, después de varios meses de intentar siempre estar delante, algo que logramos seguido, llegamos a la conclusión que las ansiedades propias de los intereses en juego les juegan una mala pasada a los medios y a los periodistas. En esta raza tan particular que integramos todos los que, desde diferentes tribunas ya sean enormes corporaciones hasta empresas medianas o pequeñas, pareciera que nos exigimos tener la capacidad de acertar la lotería todos los días y la verdad es que la realidad es que la banca gana siempre (literal). Y más allá de los esfuerzos, la información, el salto continuo a las operaciones berretas y las elucubraciones de algún instinto más fino que otro, las cosas suceden cuándo están maduras. En su tiempo y forma. Y esa es la clave de esta columna.
Mucha gente está alejada hasta de los actos electorales obligatorios porque no es muy atractivo seguir el día a día de todas las internas y peleas, tanto las oficialistas como las de la oposición peronista, como así también de otras fuerzas menores. No hay que adivinar si tal gobernador va estar más cerca de Javier Milei, de Sergio Massa o de cualquier otro engendro distinto que se genere en los próximos meses. Las construcciones sólidas no suelen empezar en los medios.
En el oficialismo la cosa está más clara. Si Milei logra que no entre más agua al barco y llega a puerto a flote, la ficha allí está puesta claramente, más allá de los intentos del Círculo Rojo y de todos los “pescadores/as” de río revuelto en LLA que esperan como tiburones que se hunda antes y comérselos cuando salten.
En ese esquema habría que posar la mirada sobre Patricia Bullrich, que ya hoy funciona al borde la legalidad del reglamento libertario y se da ciertos gustos buscando no ser ella la acompañante VIP de la próxima etapa, sino la futura Presidenta. Se nota mucho, pero un gobierno al que no le sobra nada, la tiene que tolerar a desgano.
En el peronismo todo está frenado por la crisis del AMBA. La enemistad manifiesta entre el Cristinismo y el gobernador Kiciloff, sumada a la política del siglo XXI de ese espacio, que puso como eje único de dominio la Provincia de Buenos Aires y en especial los tres cordones del conurbano hicieron el resto. El día a día de esa interna feroz, de donde entra y sale Massa también a diario, es la insoportable rutina con la que los medios de comunicación y los periodistas, los más o menos independientes, los pagados por Milei o por Kiciloff, saturan hasta quemarle la cabeza incluso a los que estamos profesionalmente en esta materia. ¿Seremos quizás en total un millón de personas? Casi la mitad de los argentinos se protegen de la contaminación y ya ni votan. Se bancan la que venga con tal de no estar pendientes de ellos. Y en la otra mitad que sigue haciéndolo, muchos lo deciden a último momento, seguramente sin convicciones y con la mira puesta en el que menos odian, pero en su zapping no entra nunca ninguna de nuestras caras, nuestras voces o nuestras columnas. O van contra el peronismo o contra Milei.
Agarran el control y van de Netflix a Disney pasando por el fútbol de sus amores, o hacen cualquier otra actividad menos escuchar cómo se destruye -con cualquier discurso, seguramente falso-, una decadente Argentina. La que tiene toda la riqueza para crecer, pero siempre retrocede por torpezas de distintos signos y formas, hasta llegar a estar border con el ridículo. Como ahora.
No pretendemos abonar ni de cerca la teoría de la desinformación, ya que lo que nos toca en esta sociedad a nosotros es mantener informada a la gente de las acciones que genera la política y sus alternativas, en el caso que las haya. Pero sí, a modo de autocrítica, paremos un poco con la serie interminable de 50 temporadas de 15 capítulos cada uno, de las increíbles aventuras en el poder de Santiago y Karina, con los perros parlantes de fondo, de los bombardeos de Máximo y Axel en cualquier instancia bonaerense o similar, de la novela 1111, de los outsiders que amagan, pero no ponen lo que hay que poner y van largando grageas de su master plan mientras pasean por el mundo.
Hay horas y horas de desperdicio de la atención popular, que ya es de gheto. Es el momento de recuperar la atención de la gente, porque sin ella se salvan solo los que ganan las elecciones, los candidatos, y los que desde atrás son los dueños del poder. En lugar de fatigar con lo peor de la Argentina, pensemos en buscar si hay soluciones –teóricas y prácticas- ante los peligros que se avecinan, que son muchos. Para un gran país, se requieren grandes soluciones, el chiquitaje, la chicana, la miopía y su amplificación a la que colaboramos nos trajeron hasta acá.
Un país para el 20 por ciento. Recuperemos al otro 80 (a los que votan y a los que no), donde nadie sea descartable como decía Francisco, que todos se sientan parte de algo común. El trapo malvinero abrió una hendija bien desde adentro, la devoción por la celeste y blanca futbolera hay que ponerla también en nuestros recursos naturales y en lo que producimos, y festejarlo, para que sean nuestros y el país federal con idea de Nación deberá asomar seriamente, siendo correctamente conducido de una vez por todas. Podemos colaborar en parar el tren fantasma que trasmitimos todos los días. Si no, escribiendo o hablando atados a la vía, nos pasa por arriba y chau.