Regina Spektor, con el cuerpo y el alma
El público que colma la sala es efusivo, cálido, agradecido, pero también exige. Le pide que toque tal o cual tema de su vasto repertorio. Quiere - tal vez en parte por el fastidio que generaron los 55 minutos de demora que tuvo el inicio del show - que ella cumpla sus deseos al 100 por ciento como un hada madrina. Y si bien, al final de cada canción, este ser mágico pero terrenal agradece los aplausos sonriente y hasta dócil en apariencia, no hace concesiones. Regina Spektor ya está enfocada en lo que vendrá. Casi lanzándose sobre el teclado del piano y con toda la concentración apuntando hacia el aluvión sonoro que está brotando de sí misma. Regina canta y toca con todo el cuerpo.
Así como se aprecia el dominio que tiene de la técnica en el instrumento y el canto, existe otro factor determinante en su sonido, o "estilo": quizás una buena mezcla de oficio, talento, trabajo y libertad creadora. Hay algo de niña en esta artista; algo lúdico en su modo de hacer música.O, posiblemente, sea una cruza entre Caperucita y el lobo. Cuando canta, despliega su voz - bella y afinadísima - y juega; paladea la melodía, susurra, sube el volumen al borde del grito, dosifica el caudal, se acompaña a sí misma en frases cantadas marcando el ritmo y haciendo diferentes sonidos con la boca.En sus juegos vocales,arriesga y sale airos. Y da la sensación de que hay resto para más. Entra a espirales o laberintos complejos en los que siempre puede dominar el recorrido.
Sentada al piano o de pie frente al sintetizador (en el momento más bailable de la noche) o generando distorsiones desde la guitarra eléctrica, cuando toma contacto con un instrumento - sea cual fuere - este parece estar integrado a ella. Como si fuese su extensión. Este hada moscovita lleva la melodía, la armonía y el ritmo en sus entrañas y a flor de piel. Y sabe explotar ese invaluable potencial.
Regina no conversa mucho con el público - quizás por timidez, quién sabe - pero, cuando lo hace, habla bajito, dulcemente,con ese mismo timbre de voz que oímos cuando canta. No habla mucho pero comunica demasiado. Se la ve contenta y sorprendida por la audiencia de esta ciudad, desconocida hasta ahora,en la que se instala una competencia espontánea para ver quién le dice el piropo más osado o gracioso.
La formación de la banda es de por sí llamativa; Spektor es acompañada por una batería, a cargo de David Heilman (quien juega un rol fundamental), un violín (Joseph Brent) y un cello (Yoed Nir). Las cuerdas le dan a las composiciones ese toque delicado y etereo. Sin embargo, también saben sonar vigorosas en el conjunto. Todos ocupan un lugar esencial y no hace falta ningun invitado o efecto especial. Con ellos alcanza.
El concierto llega al final pero el público no se resignará así como así; después de una larga ovación, vuelven los músicos para hacer cuatro bises. Entonces ahí suenan los exitos radiables y todos contentos. Tras la despedida y la retirada,la gente insiste, pero ahora sí: Regina dio por finalizado el juego de esta noche.
(*) Gentileza para Noticias Urbanas