Publicado: 23/03/2005 UTC General Por: Redacción NU

Misa por Axel Blumberg

En la Catedral de Buenos Aires se realizó, en horas de la tarde de este miércoles 23, una misa en memoria de Axel Blumberg, el joven que hace un año fue asesinado por sus secuestradores. De la misma participó su padre, Juan Carlos, un grupo de familiares y amigos y varias personas comunes que fueron a apoyar a la familia. El vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, escuchó la ceremonia religiosa al lado del padre de la víctima. Al finalizar la misma Blumberg volvió a pedirle al Gobierno mayor seguridad
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Redacción NU
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Los rostros de los presentes no necesitaban palabras. Bastaba posar la mirada por sobre cualquiera de ellos para darse cuenta que el dolor tarda en cicatrizar. Esa postal podría definir a la perfección el ambiente que rodeo la misa que se realizó en la Catedral de Buenos Aires, este miércoles 23 por la tarde, en memoria de Axel Blumberg, el joven que fue asesinado hace un año por sus secuestradores y que se transformó en una bisagra en la realidad nacional. El rostro de ese joven que tantas veces fue pancarta sirvió de bandera para que todos tomarán conciencia del grave problema de seguridad que afectaba a la población.

El padre de Axel, Juan Carlos, todo un símbolo de esa lucha, junto a familiares y amigos escuchó en silencio la misa dada en memoria de su hijo. A su lado, se ubicó el vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, la figura política de mayor relevancia que participó de la ceremonia religiosa.

A la Catedral se acercó gente común que se solidarizó con Blumberg y las integrantes del grupo Madres del Dolor, quienes perdieron a sus familiares en hechos trágicos.

Al finalizar la misa Juan Carlos Blumberg manifestó que espera que el Gobierno nacional escuche los reclamos de la población en materia de seguridad y que se tomen en cuenta los proyectos presentados en el Congreso.

Uno de los momentos más emotivos, se vivió cuando Blumberg recordó a su hijo, delante de periodistas y un grupo de personas que se acercaron para saludarlo, como a un chico querido por todos. La pronunciación de esa frase le cambió la cara y demostró que el dolor lo acompaña cada día de su nueva vida sin Axel.

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