2026: Milei ató su destino a Trump
El peronismo es la única oposición alternativa real que tiene este gobierno. Eso solo explica fielmente el resultado de octubre pasado. Si bien es extremadamente complejo definir en esta etapa al gigante invertebrado que es la base del movimiento popular en la Argentina, se puede decir que sin él –o sin una buena parte del mismo- toda aventura en contra de este gobierno carecería de sustento y de posibilidades. Para contextualizar esta apertura también, con la asociación al caos económico que le imprimió este gobierno con singular éxito, el peronismo aún desorientado y con los vectores parados, está fuera de todo radar social mayoritario en este período. Ya no solo le sería imposible ganar un ballotage mientras dure este escenario, sino que deberá exigirse al máximo y tomar las decisiones correctas durante el año que recién empieza para acceder al mismo. Lo analizaremos luego en su dimensión nacional.
Una cuestión previa. El gobierno de Javier Milei tiene dos problemas centrales en 2026.
El primero es cómo estirar un año más la esperanza mientras continúa el empobrecimiento de los sectores medios de nuestro país, mientras el sector más vulnerable quedó ya sepultado y tabulado en este plan que, increíblemente los incluyó parcialmente en su primera etapa. Las industrias en casi todos los rubros siguen teniendo graves dificultades y despidiendo gente, mientras que los brotes verdes del renacimiento económico (que existe solo en los medios de comunicación y en las redes) no llegan nunca. La teoría de la destrucción creativa sólo alcanza al primer vocablo, y la crueldad social que la misma genera es absolutamente irrelevante para un gobierno que mira siempre para otro lado, que no le importa nada. Siempre tiene un tema listo para tapar otro que salió mal.
Es el relato a full. Como en los incendios patagónicos, así es todo en el mundo Milei. Hay fuertes síntomas de desconexión de la realidad que le “garparon” electoralmente en un momento puntual, pero la paciencia y la plata se van agotando en tándem. La legitimidad de octubre no fue un cheque en blanco de la sociedad, fue la única salida de la gente para no retornar al lugar de donde ya había salido. Y nada más, no le sobró nada. Zafó.
El segundo tema clave, es que éste es un año electoral para Milei también. No alcanzó con la ayuda que le brindaron en octubre Trump y Scott Bessent el año pasado. Ahora deberá militar, con su estilo “Empleado del Mes” de los Estados Unidos la supervivencia del primer mandatario norteamericano en las elecciones de medio término. Hasta ahora la sintonía que tiene Trump con su pueblo no está dando los resultados esperados y los comicios celebrados en distintos Estados, así lo reflejan. Ya no sólo los demócratas, Texas fue un quiebre importante para mirar la semana pasada. Una eventual derrota del pelirrojo Presidente, lo acercaría demasiado al “impeachment” tan deseado por el establishment occidental, por ese Estado Profundo que se siente acorralado y perseguido por él, que se quedó sin las prebendas de siempre y transita en peligro constante. La incomodidad de este sector se suma a los de los aliados históricos de Washington como Europa Occidental y el eje asiático con Japón y Corea del Sur a la cabeza, todo ellos destratados por este gobierno. Atentos a Taiwán.
Volviendo a nuestro país, el 2027 se define políticamente este año. El peronismo tiene dos realidades. Una en Provincia de Buenos Aires y otra en el resto del país. En la primera Axel Kiciloff se quedará más temprano que tarde con la conducción del distrito (en todo sentido) por lo menos hasta las elecciones venideras. El kirchnerismo comienza su descomposición para convertirse en una etapa superada por el peronismo. Empezando por la Cámpora de Máximo Kirchner, la cara visible de esa estructura residual que ahora abreva en el Instituto Patria (de mamá), ya que ni sede les ha quedado. Solo los beneficios laborales que obtuvieron en la “década ganada” sus militantes. La conducción del PJ provincial parece ser el primer paso en ese sentido para Kiciloff, quien evita de ese modo perder tiempo en tensionar la Provincia para enchufarse de lleno en una propuesta nacional que –aunque difícil- sea competitiva.
Aquí, más allá de las limitaciones propias del MDF nace otro problema: el peronismo a nivel nacional. Después de tanto maltrato ejercido por Cristina Fernández hacia el interior del país, la situación se zanjó en una libanización de la doctrina de Perón, que cada uno en su provincia la lleva adelante a su manera. Es escasa o nula la coordinación, allí radica el primer problema. No es lo mismo quienes gobiernan que quiénes no. La tendencia a la negociación con Milei para garantizar la subsistencia es moneda corriente para los primeros, con la excepción justamente de Kiciloff (y también de Gildo Insfrán). Mientras tanto, la oposición a todo es el recurso de los que no tienen esa responsabilidad. Las ideas alternativas y las acciones pasan a segundo plano en ambos casos, el no entender la era digital y la comunicación la gente común, también. El peronismo siempre surgió para solucionar problemas, pero acá está posicionado en la opinión pública como el sujeto del mismo. Y no sabe cómo salir de la trampa, en un mundo difícil, cambiante y con enemigos de fuste, como Trump y su alcahuete local.
Los gobernadores en general, no solo los peronistas que en esta etapa del país curiosamente son minoría, no logran tampoco salir del atolladero impuesto por el Gobierno. Provincias Unidas nació muerto en 2025, un experimento con algunas buenas intenciones (el federalismo), pero flojo de papeles y trayectoria. Difícilmente estén en carrera para el año entrante, menos para entrar a los play off.
En ese panorama asoman nuevos jugadores, outsiders como Dante Gebel y su Consolidación Argentina. Promete cerrar la brecha, veremos si eso es posible, y si decide largarse de lleno.
Está claro que el peronismo está complicado como los gobernadores no peronistas. Algunos son muy improvisados y otros no pueden ver más lejos que su ombligo y sus amigos. El concepto de Nación no los contiene, solo hay un interés “de proximidad” para su reelección. Milei igual va a tener un 2026 muy complicado social y políticamente, ya que la pobreza de su equipo (con las excepciones de Diego Santilli y Santiago Caputo) le propina errores no forzados todo el tiempo, como el del INDEC. Nadie lo aprovecha, es cierto, pero cada vez es más difícil ocultarlos. Si Luis “Toto” Caputo ya es el vocero de este gobierno además del diseñador del curso del mismo, estamos en el horno del crematorio, ya que pasaremos inevitablemente del furioso carry trade al cementerio sin escalas.
Las peleas en un tono despectivo con Paolo Rocca (que tiene YPF y dos ministros-secretarios) y con Héctor Magnetto (trabándole la compra de Telefónica), dos garantes de este ignoto experimento, marcan un cierto desconcierto de Milei acerca de cómo funciona la Argentina. Si a este Presidente le quitan el apoyo esos nombres, u otros como Eduardo Eurnekián o Marcos Galperín por ejemplo, no le quedaría nada de respaldo en dos minutos. Los energéticos y los tecnológicos exitosos harán plata y negocios con cualquier gobierno que llegue, ya no lo necesitan.
Lo que no pensó Milei al intentar construir un país bananero en Argentina, es que al “Empleado del Mes” lo pueden despedir sin dar explicaciones. Puede morir con su propio veneno de mercado. Haciéndose el distraído (siempre mirando al costado) y con Trump.