¿Normalizar o intervenir?
El Bafici es, sin duda, una de las últimas joyas de la abuela; un producto que nació en las sombras, hace 12 años, y creció solo hasta convertirse en el monstruo que es ahora. A diferencia de otros festivales, como el de Mar del Plata, tiene un perfil under, con una lógica al margen de la industria del cine.
La última edición, que se realizó en abril, convocó a 280 mil personas, lo que representa un crecimiento del 10 por ciento con respecto a la edición 2009, tanto en entradas vendidas como en concurrencia total.
El festival porteño es, además, una vidriera y un caballito de batalla de los gobiernos de turno para mostrar una Ciudad de Buenos Aires culta, moderna, y cosmopolita. Y es también la excusa para hacer grandes y buenos negocios. Pero tras la realización de la última edición comenzaron a surgir varios proyectos para ?normalizarlo? y garantizar, de esa forma, su continuidad anual.
Primero, fue el propio Ministerio de Cultura porteño, a cargo de Hernán Lombardi, y hace poco fue el legislador de Proyecto Sur, Julio Raffo. Pero para algunos, como el ex director del festival Eduardo Antín, más conocido como Quintín, se trata de una ?intervención?. Como 2 más 2 es 4, están las premisas y una polémica en puerta.
?Es un proyecto desastroso. Es una propuesta de intervención, donde la industria cinematográfica se intenta apropiar del Festival a través del diputado Raffo. El Bafici debe su éxito a que se diferencia de los criterios y exigencias de la industria del cine, y esto siempre molestó a las asociaciones de cine, de productores, al Incaa, a todas las instituciones burocráticas de la cinematografía argentina?, sostuvo Quintín, en diálogo con este medio.
En su proyecto, Raffo apunta a un Comité de Selección, sin críticos ni programadores, e introduce a productores, miembros del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina, directores premiados en festivales como el de La Habana, o por la Academia: Juan José Campanella, por ejemplo. Este Comité sería el órgano encargado de seleccionar los films a participar.
?Hace mucho que estoy ligado al mundo del cine, y la verdad es que no pensaba llegar a la Legislatura para arrancar con un proyecto del Bafici, pero el ministro de Cultura, Hernán Lombardi, presentó una propuesta que tiene cinco artículos totalmente insuficientes, que no dicen nada, y lo poco que dicen deja a la arbitrariedad del Ministerio hacer lo que quiera. Entonces junté a la gente de cine, escuché a todo el mundo y, en función de eso, hice un proyecto cambiando algunos de los ejes, pero manteniendo los centrales?, sostuvo el legislador a Noticias Urbanas.
Por su lado, otro ex director del festival, Fernando Martín Peña, escribió en el blog La Lectora Provisoria, de Quintín, que esta iniciativa es, ?conceptualmente, una bobada y políticamente suicida?. ?No te consultaron a vos, no me consultaron a mí y creo que tampoco consultaron a (Andrés) Di Tella (primer director del Festival). Los proyectos de Lombardi y Raffo incluyen de algún modo a los ex directores, pero al mismo tiempo, las conversaciones para definir esos mismos proyectos los excluyen. Son unos payasos?, agregó.
Una pelea de divos
El proyecto de Raffo movilizó a todos los sectores del cine. Según el legislador de Proyecto Sur, la iniciativa cuenta con el apoyo de la mayoría de varios bloques en la Legislatura, como la Coalición Cívica, Diálogo por Buenos Aires y el MST de Marcelo Parrilli.
Otras modificaciones que plantea la propuesta de Raffo tienen que ver con la selección de los directores. Ya no sería potestad del Ministerio de Cultura, sino que el mencionado Comité elige a cinco aspirantes, y a partir de allí el poder político decide. También se introduce una modificación para garantizar la participación del género femenino. ?No puede haber dos directores seguidos del mismo sexo?, señala el abogado. Además, estipula que se firmen convenios con el Incaa para llevar las películas al interior del país y, a su vez, que se proyecten en las salas recuperadas de la Ciudad.
?En el texto hay una palabra que no se menciona: programador?, arremete Quintín. ?Raffo propone un festival sin programadores. Las películas las elige una cosa llamada Comité de Selección; y eso es una diferencia, porque un programador es un curador, es una persona que realiza una tarea comparable al director de un teatro o de un museo. Es una actividad que en sí no consiste en elegir la película, porque eso lo puede hacer mi tía, sino en orientar la elección de una película de acuerdo a un criterio de animación cultural inspirado en un proyecto?, explica.
Conocido como ?el abogado del cine? por su labor previa a ocupar una banca, Raffo dice que su proyecto es ?perfectible?. Hay una necesidad: garantizar que el Bafici se haga, año tras año. Es decir, independencia política y económica. Lo que está en discusión son las formas.
?Este proyecto no le sirve al Bafici actual?
Diego Batlle, director del sitio Otroscines.com, y crítico de La Nación.
Estoy básicamente de acuerdo con que es un proyecto que no le sirve al Bafici actual. Está pensado por gente de la industria, para que sea manejado por los estamentos más conservadores y burocráticos de ésta. No tiene nada que ver con el perfil artístico y organizativo actual. El Bafici necesita autonomía e independencia de los manejos políticos, en eso estamos de acuerdo. Pero no este proyecto. Es una idea posible para un festival tipo Mar del Plata, pero no para uno con el perfil del Bafici. Se deja por completo afuera a los críticos (que hasta aquí fueron fundamentales en la programación del Festival) y se le da un poder absurdo a las entidades más conservadoras del sector, que poco entienden del espíritu de este evento.