“El PRO derrapó por falta de ideas básicas”
Sociólogo Lucas Rubinich. Gran maestro. Mira lo que se mueve en el hábitat que existe entre política e intelectuales con afecto, lucidez y escepticismo.
?Me interesa su visión de Carta Abierta. ¿Usted dijo que hay ahí un imaginario que no tiene correlación con la realidad?
?No tiene correlación con actores sociales reales. No se puede hablar de ?la oligarquía? despreocupadamente, cuando en ese colectivo lo único que uno encuentra son residuos de un discurso que tuvo productividad cuando efectivamente existían los actores sociales que le daban productividad. Entonces lo que ocurre es que reedita, con un encanto anacrónico, discursos que no se corporizan en agentes reales. Se transforman en intelectuales en el sentido más conservador del término. Un muchacho al que le hablan de colectivos y actores que ya no existen, que están profundamente deteriorados, los mira con desdén, se queda a un costado y dice ?yo quiero ser un individuo?.
?¿Y qué es el kirchnerismo?
?Yo creo que es un grupo de personas que intervienen sobre un partido en crisis, con mucha capacidad de decisión, y se encuentran azarosamente con una pequeña caída de la hegemonía neoliberal producto de lo que supuso su implementación en América latina. Y sobre esa pequeña caída, por situaciones azarosas, algunos de los que están en la competencia de un partido en crisis, como están todos los partidos, logran incorporar ciertos elementos de una tradición y hacer realidad algunas cuestiones que tienen que ver con expectativas rearmadas de manera desordenada en una sociedad que venía, por ejemplo, del corralito. Porque el corralito es la traición a los creyentes, a los que legitimaban ese régimen, y eso terminó por generar una caída que aprovechó de manera muy interesante un grupo de personas que disputaba la posibilidad de hegemonizar eso que es el Partido Justicialista. Por eso es muy importante la capacidad de decisión de Kirchner y algunos más en un partido que es un conjunto de individuos y de fracciones que se parecen muy poco a lo que uno entendía como ?partido? y que, sin embargo, con la aquiescencia de sectores castigados por la revolución neoconservadora, termina por producir un apoyo muy fuerte gracias a algunas decisiones significativas que toma el Gobierno. Y hoy tal vez no, pero en los primeros momentos había muchas dificultades para que cualquier persona que estuviera en el mundo de la política pudiera construir algo más orgánico. Por eso Kirchner no es un ciudadano suizo. Si lo fuera habría desaparecido, porque mantener un partido fragmentado se hace con una mezcla de apoyo implícito de sectores importantes de la sociedad y coerción hacia sus propias filas para que no se escapen. Es una experiencia interesante que produjo cosas muy significativas, pero, obviamente, atadas con alambres como están atados con alambres todos los elementos de la política argentina.
?Hablamos de Carta Abierta, y después aparece un contrapeso unipersonal: Beatriz Sarlo. ¿Usted lo ve así?
?A mí me parece que acá hay una comedia de enredos porque no se ponen en juego ciertas cuestiones estructurales más significativas de lo que está pasando en la Argentina. Porque por un lado se mira a los individuos como vulgares, autoritarios y antiinstitucionales y, por otro lado, simplemente se defiende al Gobierno. Y no es fácil salir de eso porque toda esta situación tiene que ver con la crisis, para decir así, del mundo cultural. Miremos qué pasa con las universidades públicas. ¿Tienen iniciativa o propuestas? ¿La universidad pública propuso un debate sobre las minas a cielo abierto? No, porque hay condiciones estructurales que te inhiben. Y no digo que no existan algunas personas que heroicamente lo hacen. Pero la universidad tiene muchos condicionamientos, entre ellos, que hay relaciones con las mineras, como hay relaciones con Monsanto. Muchas de las transformaciones estructurales pegaron de manera poderosa también en la propia universidad pública. Por eso, cuando aparecen estas cuestiones de si el debate es estar a favor o en contra del Gobierno, yo digo que no es así, que la universidad no tiene que estar a favor o en contra, independientemente de que sus agentes puedan estar en el Gobierno o en contra del Gobierno. Lo que la universidad tendría que hacer, como colectivo, es promover este tipo de debates. Que eso no ocurra es un límite extraordinario.
?Algo sobre la Ciudad, ¿qué le deja esta nueva situación de crisis institucional y el fenómeno del macrismo, un intento de derecha política civilizada, hoy medio pinchado?
?Yo creo que, en algún momento, más allá de que en algunos sectores del PRO había verdaderos dinosaurios, si uno miraba ciertas caras novedosas podía pensar que iba a aparecer una derecha moderna y democrática. Y que exista una derecha que critica al terrorismo de Estado y defiende los derechos humanos es una cosa importante. De alguna manera la extraordinaria lucha de los organismos defensores de los derechos humanos construyó un piso inamovible para la sociedad argentina. Entonces, me parecía que en algunas de las caras que se veían en el macrismo aparecía algo así como un liberalismo complicado, pero con ciertos valores democráticos irrenunciables: la misma (Gabriela) Michetti, (Marcos) Peña y hasta (Federico) Pinedo aparecían como una cosa de nuevo liberalismo.
?¿Y por qué no resultó?
?Habría que pensar. Sin embargo creo que, y con esto insisto sobre el papel de los organismos de derechos humanos, ni Macri, ni (Horacio) Rodríguez Larreta, ni Michetti pueden hacer una reivindicación del terrorismo de Estado. Que lo harían algunos de los que están más atrás de ellos, seguro, pero no importa, lo que cuenta es la práctica: no se hace. Ahora bien, ¿qué son? Son un partido construido a los tumbos, con un liderazgo que tiene algo de antipolítica, que recolecta cuadros que no son cuadros y que han demostrado una extraordinaria ineficiencia en la administración pública. Entonces, sin la posibilidad de poseer ciertas mínimas ideas básicas, las tensiones entre los elementos no organizados que tienen ahí adentro y la no puesta sobre la mesa de ciertas cuestiones básicas los hicieron derrapar, como efectivamente están derrapando en el marco de esta situación compleja. Los sectores que se llaman oposición a nivel nacional son un conglomerado caótico de individuos que luchan por posicionarse de manera individual y, en el caso de Macri, es lo que vino haciendo con mucha fuerza, y por eso, yo creo que descuidó de una manera extraordinaria la administración de la Ciudad de Buenos Aires. Quizás podría haber hecho mejor campaña para presidente si hubiese atendido mejor los aspectos modernos que hay en el electorado de la Ciudad de Buenos Aires y que podrían llegar a votar una derecha moderna. Macri se preocupó demasiado en atender su ascenso como individuo en la competencia con otros individuos para tener un lugar dentro de las candidaturas presidenciales.