Trump, Bukele y Delcy Rodríguez evitaron pronunciarse sobre la victoria de Lula
La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje presidencial de Brasil dejó al descubierto las divisiones políticas de América Latina. El mandatario del Partido de los Trabajadores se impuso con el 51,79% de los votos frente al 48,21% obtenido por Flávio Bolsonaro, en una elección que generó reacciones dispares entre los gobiernos de la región.
La sorprendente remontada de Lula en las urnas ha dejado petrificados a tres de los principales aliados del bolsonarismo: el presidente de Argentina, Javier Milei, y el de Colombia, Abelardo de la Espirella, y el del Salvador, Nayib Bukele. Por ahora, este trío de mandatarios, defensores de un estridente conservadurismo de corte autoritario, guardan silencio ante la clara derrota de Bolsonaro y sus teorías de la conspiración.
La postura de Milei contrastó con la de otros dirigentes de derecha que reconocieron la victoria brasileña pese a sus diferencias con Lula. El presidente de Paraguay, Santiago Peña, destacó los desafíos compartidos entre ambos países y expresó su disposición a trabajar en una agenda común. En la misma línea, el mandatario boliviano Rodrigo Paz reivindicó los vínculos históricos entre las dos naciones, mientras que el ecuatoriano Daniel Noboa felicitó al presidente reelecto. También hubo gestos de acercamiento desde Chile y Perú, en una señal de que las diferencias ideológicas no necesariamente impiden sostener relaciones institucionales y comerciales.
Por su parte, el gobierno de Donald Trump decidió retener la publicación de un comunicado oficial para felicitar a la población de Brasil tras las elecciones presidenciales en las que triunfó Luiz Inácio Lula da Silva. La medida se adoptó luego de que el candidato Flávio Bolsonaro declarara que no reconocía la victoria y solicitara la anulación de los comicios.
Desde el espacio progresista, las felicitaciones llegaron rápidamente. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, celebró el resultado con un mensaje contundente: “¡Viva la democracia, el pueblo de Brasil venció. Parabéns, presidente Lula!”. El mandatario uruguayo, Yamandú Orsi, también se comunicó con su par brasileño y destacó el carácter democrático de la elección. A ellos se sumaron el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, y otros referentes regionales. En Argentina, Cristina Fernández de Kirchner celebró el triunfo y comparó la jornada electoral brasileña con un “17 de Octubre electoral”, mientras que el gobernador bonaerense Axel Kicillof reivindicó la participación popular y la defensa de la soberanía.
En Venezuela, la situación presentó otra particularidad. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, no realizó una felicitación personal a Lula, aunque el canciller venezolano difundió un comunicado institucional que reconoció el resultado electoral y destacó la participación ciudadana. La ausencia de un pronunciamiento directo de Rodríguez contrastó con los mensajes emitidos desde otros gobiernos latinoamericanos. Por su parte, Bukele tampoco había expresado públicamente su posición sobre la victoria brasileña, en una jornada en la que la mayoría de los mandatarios buscó fijar una postura frente al nuevo escenario político regional.
El resultado electoral abre una nueva etapa para la diplomacia latinoamericana, atravesada por la disputa entre proyectos políticos contrapuestos y por las dificultades para construir consensos regionales. La continuidad de Lula al frente de Brasil, una de las principales economías del continente, tendrá consecuencias sobre las relaciones comerciales, la integración y la coordinación política entre los países vecinos. En ese contexto, el silencio de Milei adquiere un peso particular por la importancia estratégica del vínculo entre Argentina y Brasil. La reacción de los gobiernos frente al resultado dejó en evidencia que, más allá de las diferencias ideológicas, el reconocimiento institucional y la cooperación regional siguen siendo factores centrales para la estabilidad del continente.