Todo cambia: Europa confía en una Ucrania neonazi y terrorista
Es difícil comprender cómo Europa, más precisamente la mayoría de la Unión Europea, puede plantearse tras la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, el apoyo cerrado e incondicional al régimen que conduce Volodimir Zelensky en Kiev. No es una novedad para nadie la “debilidad” del líder ucraniano (mandato vencido) por toda la estructura neonazi, en la que se destaca el Grupo Azov, referenciada en el líder nazi ucraniano (y colaboracionista) Stephan Bandera, así como otros grupos menores que tienen un comportamiento muy intenso en ese sentido, como C-14, Karpatska Sich, Tradition and Order y Fraternidad, entre otros.
El Regimiento Azov es uno de los grupos combatientes mejor preparados que tiene Ucrania, está legitimado por Zelensky que los incorporó a la Guardia Nacional y la comandancia -que ellos mismos también integran-, prefiere desplegarlo en los momentos y lugares más estratégicos, habida cuenta de la falta de personal que aqueja al ya agotado ejército ucraniano.
Con el despido del anterior ministro de Defensa, Mijailo Fédorov, por temor de Zelensky a tener un competidor de fuste en su intento por mantenerse en el poder, el nuevo ministro Yefgeni Jmara en su primera aparición pública afirmó con total soltura que “Rusia debería desaparecer de la faz de la Tierra”, al hombre lo define esa frase en el mapa de poder ucraniano.
La cuestión es que mientras el Reino Unido, Francia y Alemania principalmente motorizan la “Coalición de los dispuestos” (que no está claro para qué), por el momento todos ellos colaboran junto a otros socios del viejo continente con dinero, inteligencia, armas de todo tipo, mercenarios y tecnología. A pesar que para eso deben vaciar sus arsenales ya de por sí bastante pobres, eliminar programas sociales para pagar las nuevas armas y comprometer su economía con una energía que, además de ir debilitando sus reservas, la están comprando tres veces más cara, por las sanciones y la voladura del gasoducto Nord Stream II por parte de la inteligencia ucraniana y cómplices..
Alemania, por ejemplo, tras la derrota en la segunda guerra, prohibió cualquier tipo de apología del nazismo, la exhibición de los símbolos nazis y sus formaciones, se constituyó en delito negar el Holocausto por ellos realizado (junto con los colaboracionistas de todos los países invadidos). Cualquier mínimo gesto de propaganda del mismo es hoy penado, lo que hace bastante incomprensible hacer cumplir con todas esas normativas, mientras su gobierno se involucra al 100 por ciento en la defensa de un régimen que lo venera y que no disimula su apoyo por los líderes nazis del pasado.
La cuestión es que la realidad histórica y presente está falseada por un relato del que son cómplices las principales cadenas de medios de comunicación occidentales. Los que derrotaron a los nazis, el Ejército Rojo de la Unión Soviética ahora son en este relato y en el recuerdo mentiroso, los nazis del presente, mientras que Zelensky y el Regimiento Azov son la libertad y el futuro democrático de la región. Bruselas sabe bien que se miente, pero no tiene un Plan B, no encuentra su lugar en el mundo moderno producto de una confusión política generada por falta de capacidad de sus líderes que, encima ni siquiera gozan de la legitimación de sus pueblos, ya que viven haciendo malabares para mantenerse en el poder, al igual que su protegido ucraniano en Kiev.
Para sostener esta situación, Ucrania que sigue retrocediendo más aceleradamente en el campo de batalla, trata de mantener la moral en alto de sus soldados y de sus aliados, con operaciones terroristas. En Rusia están muriendo civiles prácticamente a diario en cualquier lugar del pais, ya que –con ayuda de sus patrocinadores, porque no lo podrían hacer sin ella- las FF.AA. ucranianas siguen penetrando en la profundidad rusa y en los nuevos territorios fronterizos con misiles y drones. Así han atacado el mes pasado durante la noche a residentes estudiantiles en Starobelsk con decenas de muertos y heridos, han disparado drones sobre buses que llevaban niños bielorrusos, permanentemente están buscando objetivos civiles con el fin de desanimar a la sociedad. Pero allí chocan de nuevo con la realidad, como con las sanciones económicas. Sus predicciones no se confirman, más bien todo lo contrario.
No es nada difícil comprobar las agresiones con miles de muertos en Lugansk y Donetsk desde el 2014 –año del Golpe de Estado, traducido en Occidente como Euro Maidán- hasta el año 2022 en que luego de advertirles a Estados Unidos, a la OTAN y a la UE, Rusia decidió defender sus compatriotas ruso parlantes con la operación militar que aún perdura, solamente por sus características y objetivos. Si fuera una guerra abierta, la misma hubiera terminado mucho antes. Pero no es la decisión de Rusia acabar con el pueblo ucraniano, sino desmilitarizar y desnazificar al régimen, y proteger a su gente que estaba siendo amenazada hace hoy 12 años en las Repúblicas Populares emancipadas y también generar una zona de amortiguación en sus fronteras. La seguridad de Rusia y su gente, son los objetivos que nadie quiso conceder ni escuchar. Sueñan –como lo hicieron siempre- con la derrota estratégica del gigante euroasiático y su descomposición para obtener los beneficios de tan rico territorio, y en ese plan deciden escalar crueldad y provocar todo el tiempo. Moscú, que a raíz de estas acciones va respondiendo por estos días con mucha con más intensidad en puertos y carreteras de recepción de armamento, a pesar de ser una potencia nuclear se aferra a su libreto y su plan de paz, hablado con Donald Trump en Anchorage, Alaska.
Ucrania, a la hora de hacer locuras no se detiene. Atacó un gasoducto del Consorcio del Oleoducto del Caspio, que conecta Kazajstán con Rusia, también un barco iraní en el que murió un marinero y dos fueron heridos de gravedad, mandó agentes de inteligencia y combatientes VIP a Medio Oriente y a África, donde coordinan acciones con terroristas, siendo ellos los proveedores de armas, de esas que le regala la OTAN, y a pesar del triste papel que asumen en su país no dejan de encontrar nuevos enemigos a cada paso, queriendo globalizar, entroncando los dos conflictos más visibles en el terreno militar del planeta.
Por ahora Europa solo piensa en agradar a Donald Trump y en sostener a Ucrania. La ecuación económica no les cierra para nada y caminan al borde de la cornisa bridando apoyo sensible en la muerte de civiles rusos. Quizás la vida en una vuelta de tuerca le brinde una nueva sorpresa. Ucrania, antes de perder todo, hará lo único que sabe: asesinar, traicionar y avanzar para el lado en el que puedan mantener el poder. Cualquiera sea el que esté adelante. Antes era solo Rusia, hace un tiempo ya abrieron más frentes y no sea cosa que Europa termine sufriendo por cercanía y debilidad, con el monstruo traicionero que ellos mismos crearon. Y quizás encuentre algún “socio” amigo en esa maldad.