Publicado: 17/02/2026 UTC Mundo Por: Fernando Riva Zucchelli

Sólo Europa salvará a Europa, si lo logra…

Opinión.
Sólo Europa salvará a Europa, si lo logra…
Fernando Riva Zucchelli
europa

Mientras todas las regiones del mundo se mueven intensa y abiertamente y piensan el futuro en modo multipolar, Europa realiza un movimiento inverso, circular hacia adentro, como provocado por una fuerza centrípeta que no lo saca del problema, lo que provocó una fuerte crisis económica y de identidad por la que atraviesa penosamente estos días.

El conflicto en Ucrania y la rusofobia como único norte mediático, las diferencias internas en la Unión Europea (UE) por el rumbo de su continuidad como tal, el advenimiento de Donald Trump en los Estados Unidos y las dudas sobre el atlantismo en términos militares y económicos, las revisiones históricas en los movimientos de los gobiernos de África y su distanciamiento de los viejos imperios, la desconfianza con China aunque sufren a su vez su dependencia, el desenfreno militar y genocida de Israel, la cercanía y la presión de Washington en América Latina y el pragmatismo actual del mundo árabe han puesto al Viejo Continente Occidental en una situación de necesario reseteo de su historia, presente y futuro.

La desconexión simultánea de muchos cables que la enriquecieron en el pasado, de otros que la cuidaron el último siglo y el egocentrismo de sentirse el ombligo cultural del mundo cuando ya nadie los observa ni respeta por ello, ponen a la UE y al Reino Unido, hoy atadas entre sí anulando de hecho el Brexit, en la necesidad imperiosa de replantear las cuestiones básicas de su abandono del cómodo tránsito y devenir del que gozaron en la posguerra del siglo XX.

De los movimientos mundiales arriba citados, muchos de ellos relacionados entre sí, todos tienen en común la desorientación -y la escasa legitimidad- de los líderes de Bruselas para diseñar los pasos a seguir. La doctrina liberal y belicista a la vez que reina en la UE y en los países más importantes de ella, necesita en muchos casos la “fabricación” in extremis de lo que ellos mismos denominan “cordón sanitario” que no es otra cosa que intentar aislar desde los parlamentos a determinadas fuerzas crecientes en las elecciones, solo por el hecho de no adherir a sus principios, generando –además de una proscripción antidemocrática- coaliciones diversas que no comulgan con la eficiencia y el cuidado de sus intereses ni de la gente común, tanto en sus países como en el traslado automático de esa práctica a la política comunitaria.

Todo ello lo hacen en “nombre de la libertad” aunque en realidad solo tiene como objetivo la permanencia en el poder de quienes lo ostentan para seguir garantizando determinadas políticas que en las urnas y en la voluntad de los ciudadanos van perdiendo lugar. De esa manera y navegando a contramano de la corriente, Europa se pega nuevamente un tiro en el pie, no pudiendo decidir libremente su camino, sino que su población de 450 millones está quedando como rehén de cuatro o cinco dirigentes desprestigiados que el mundo ya no reconoce como líderes, sino como obstáculos en el camino del cambio.

Las posturas de Hungría y Eslovaquia, recientemente visitadas por el Secretario de Estado de los Estados Unidos (tras su dura advertencia en Múnich), Marco Rubio, suelen ser un escollo duro de sortear en el esquema de la UE en donde (casi) todo se decide por unanimidad, aunque cada vez es más frecuente tener que hacer concesiones especiales, sobre todo en el plano económico y energético, para zanjar las diferencias. La República Checa y Serbia (curiosamente candidato a entrar a la UE) son otros dos pilares soberanistas, más bien euroescépticos, que también aportan al debate permanente en Europa. No parece casualidad que todos ellos provengan de la parte Oriental del continente. Aunque el avance soberanista en los distintos países no se limita a esa zona, ya que, en Italia con pragmatismo, pero sin ocultar diferencias, gobierna Giorgia Meloni con posturas muy firmes en cuanto a inmigración y al cuidado de las finanzas para no entrar en aventuras imprudentes, senderos a vía muerta. Marine Le Pen y su agrupación Nacional en Francia como la Alternativa para Alemania de Alice Weidel intentan con éxito parcial por ahora romper ese cerco sanitario, podrido, dato no menor ya que ambos constituyen -por ahora- los principales motores de Europa.

Otro tema que no contribuye a una renovación europea que genere más esperanza es que sus principales dirigentes, suelen tener una conducta endogámica en sus análisis, con infinitas reuniones entre ellos mientras el resto del mundo ya casi no les presta atención. Es normal ver fotos de los cuatro o cinco de siempre, cada vez con menos soluciones a la vista, y reuniéndose con el ucraniano Volodimir Zelenski, un presidente -mandato cumplido- pícaro que demostró cierto talento para sacarles muchísimo dinero durante cuatro años de manera intensiva, apoyo militar y económico desde muchos años antes (2014, con otro Presidente). Zelenski se da ciertos gustos, a veces desconectado de la realidad, como criticarlos en público, abusando de su dinero, de sus armas y sobre todo de su incapacidad para intentar otros rumbos para el continente. Zelenski está jugado y perdido, ya convirtió a Ucrania en un Estado fallido sin capacidad de mantenerse sin ayuda externa y con sus amenazas a los socios pretende arrastrarlos a nuevas tragedias, como la que provocó en su país, con millones de muertos, exiliados y sin soberanía sobre su tierra. La que ya no es rusa por combates es americana por dinero. El conflicto es “game over” para cualquier observador independiente pero la conducción de la UE torpemente insiste en buscar su salida por el camino de la continuación del mismo, armando –entre denuncias de corrupción flagrantes- y recrudeciendo la resistencia hasta el último ucraniano. El relato que es comprado y sostenido desde los medios propios, los retroalimenta para agigantar la “amenaza rusa” y preparar a la población para futuras privaciones en lo social y peligros por las guerras. “Hay que prepararse” es el mensaje alentador que dan.

Desde distintos lugares, Emannuel Macron y Giorgia Meloni están intentando retornar -midiendo los riesgos- al diálogo con Rusia o sea con Vladimir Putin, ya que haya o no acuerdos de paz, solo se sentarán en la mesa adecuada si dialogan con Rusia. De alguna manera entienden que, si Trump lo hace y es la principal potencia militar del mundo, ellos no pueden reclamar desde el ostracismo estúpido en el que se metieron. Reino Unido (con Keir Starmer) y Alemania (con Friedrich Merz) se mantienen intransigentes en su postura furiosamente belicista. Es lógico, Londres siempre tuvo en mente e intentó desde su génesis desmembrar y repartirse las inmensas regiones de Rusia y Alemania también, con el agravante de la humillante derrota propinada por la Unión Soviética, en su victoria con la capitulación de Berlín incluida y su bandera flameando allí.

Resulta poco riguroso con la historia y con la realidad actual, tildar de fascistas a quiénes los derrotaron con 26 millones de muertos propios y de “democráticos, humanistas y liberales” a quienes colaboraron con Adolfo Hitler, desde Ucrania por ejemplo con Stephen Bandera y las organizaciones nacionalistas, como otras estructuras de países europeos que colaboraron abiertamente con el régimen nazi. Una paradoja de la historia que el neo nazismo ucraniano sea defendido bajo la bandera de la libertad, confirmando la hipocresía de Francia, Italia, Países Bajos o Finlandia, hoy en posición de víctimas siendo todos ellos responsables -de distinta manera- de aquélla tragedia en el siglo pasado.

Sería bueno para ellos revisar los archivos y explorar las conductas actuales de sus admiradores en este momento de quiebre.

Para finalizar hay que destacar dos temas fundamentales. El Estado de bienestar de Europa se construyó en la posguerra con la protección militar de Estados Unidos (OTAN) y el dinero norteamericano y la energía y la buena vecindad de la Unión Soviética y luego la Federación de Rusia. Allí radicó el milagro por el que pudieron continuar hasta estos días su tradición de disfrutar la “buena vida” lograda en épocas del colonialismo, tanto en África como en América Latina.

Se destacan estos dos vectores ya que son los que la UE en su miopía global fue perdiendo casi de un plumazo, aunque tardaron muchos años hasta darse cuenta que todo puede cambiar y esa “siesta” los trajo hasta aquí. No es la guerra permanente en Europa ni los sabotajes como el Nord Stream con lo que la UE reiniciará su bonanza, si es que esta llegará en algún momento. Será el diálogo maduro acerca de qué condiciones son fundamentales para ellos y también para sus compañeros del planeta, en términos de seguridad, comercio, energía y tecnología. Todos ellos combinados serán –si lo logran- un beneficio no solo para su comunidad sino una señal de inteligencia hacia todos los polos que hoy crecen a sus espaldas y que demostraron que ya no los necesitan como faro.

Quizás vuelvan a sentarse algún día en alguna mesa de decisiones globales, pero deben dejar de odiar o sobreactuar (rusofobia, por ejemplo), de forzar la exportación de su cultura a regiones hoy más poderosas como Asia o Medio Oriente, de admirar y defender a quiénes los perjudican bajo premisas falsas (Zelenski), deben leer correctamente lo que está pasando en sus países para después explorar los cambios comunitarios, preguntarse si a esta altura esa comunidad es la correcta y de entender definitivamente que el neo colonialismo ya no tendrá éxito.

Es realmente difícil la salida, pero no imposible, Europa podría lograrlo con otras políticas, otros dirigentes, y otras prioridades. El mundo mientras tanto avanza a pasos agigantados. Los recibirá sólo si vienen con la madurez necesaria, con la dureza del realismo de época, y sin las trampas tontas en las que, por ahora, solo Europa quedó atrapada.

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