Publicado: 22/03/2026 UTC Nación Por: Horacio Ríos

Sarmiento y Milei: los liberales incorrectos

El sanjuanino pedía sangre. Milei pide disculpas. Ambos admiraron a Estados Unidos, aborrecieron a la argentinidad, despreciaron a la Islas Malvinas, repudiaron la Justicia Social y atacaron furiosamente a la Iglesia Católica. Tal para cual.
Sarmiento y Milei: los liberales incorrectos
Horacio Ríos
liberales

E n la copiosa galería de personajes que nos legó el liberalismo, hubo de todo. Honestos, corruptos, capaces, inútiles, talentosos y ripiosos. Pero, en particular, hubo dos figuras que se destacaron entre tanto desatino, que guardaron una larga serie de similitudes, para bien y para mal.

El primero fue un gran escritor, un político que impulsó con gran talento el sistema educativo argentino, pero fue, además, uno de los peores racistas e instigadores al asesinato de opositores que haya existido. Fue gobernador, diputado, embajador, militar y periodista, entre los múltiples oficios que encaró a lo largo de su vida.

El segundo es uno de nuestros contemporáneos, un hombre proclive a utilizar el insulto y la descalificación, que elude la discusión, reduciéndola a una cadena de improperios, ocultando de esta manera su incapacidad para encontrar una síntesis política. De todos modos, expresa de alguna manera la época que nos toca vivir, con luces y sombras, más de lo último que de lo primero, pero no cultiva, al igual que su antepasado liberal, el fingimiento acerca de sus ideales.

Ambos políticos alcanzaron la presidencia de la Nación argentina. El primero se llamó Domingo Faustino Sarmiento y el segundo es Javier Gerardo Milei.

Se parecen tanto que podrían ser mellizos, tanto en la inveterada costumbre de ambos de ejercer el arte del exabrupto, como en su desprecio por todo lo que para ellos es la barbarie, que casualmente o no, siempre tiene que ver con la argentinidad y la rebeldía.

Sarmiento, el impiadoso educador y su copycat siglo 21

El primero admiró a Benjamin Franklin y al educador norteamericano Horace Mann. También alguna vez se deshizo en halagos hacia una de sus discípulas, la maestra Juana Manso. En general, era apegado a la cultura y al constitucionalismo norteamericanos, de ahí que haya decidido atraer a la Argentina a 75 docentes de esa nacionalidad para fomentar la educación en nuestro país.

Por el contrario, aborrecía al Brigadier General Juan Manuel de Rosas, el digno mandatario argentino que enfrentó el fuego de las fragatas francesas e inglesas, las potencias coloniales de aquel tiempo. También fue impiadoso con los montoneros de aquellos tiempos, que funcionaban como el sindicato del gaucho.

El 24 de septiembre de 1861, Sarmiento le escribía a Bartolomé Mitre que “tengo odio a la barbarie popular... La chusma y el pueblo gaucho nos es hostil... Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad? El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden... Usted tendrá la gloria de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de las masas". El concepto es terriblemente injusto y fuera de lugar, pero hubo otros que pensaron como él -por ejemplo, el propio Mitre y todos sus coroneles asesinos, como Ignacio Rivas, José Miguel Arredondo, Pablo Igarzábal, Wenceslao Paunero, Venancio Flores y Ambrosio Sandes- y jamás lo dejaron por escrito.

Por su parte, Javier Milei declaraba el 10 de marzo de este año en Estados Unidos su intención de seguir siendo el seguidor preferido de Donald Trump. “Extiendo todo mi apoyo a EEUU e Israel”, decía en un discurso pronunciado al recibir un reconocimiento del medio judío The Algemeiner, en un contexto de escalada guerrera en Medio Oriente. Pocas horas antes, en una alocución en la Universidad Yeshivá de Nueva York, se había autoproclamado como “el presidente más sionista del mundo”, para dejar claro que ratificaba su alianza con Estados Unidos e Israel. En esto, quizás Sarmiento no hubiera estado de acuerdo, ya que era un declarado antisemita.

Al mismo tiempo, el actual presidente declaró en repetidas ocasiones su admiración por Murray Rothbard, por Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, los teóricos de la peor escuela económica, que es la austríaca, que predica el individualismo extremo, la desaparición del Estado, la represión social y la autorregulación del mercado. Todos estos preceptos terminan siempre en feroces enfrentamientos, ya que su único objetivo es concentrar la riqueza en un pequeño núcleo de magnates de las finanzas, generando a su alrededor graves secuelas de hambre y miseria.

Sarmiento cultivaba, por su lado, un cierto tipo de “barbarie civilizatoria”, pero no la hipocresía. Al igual que Milei, miraba con admiración hacia Estados Unidos y pensaba de los caudillos provinciales de su tiempo (Felipe Varela, Ángel Vicente Peñaloza y Facundo Quiroga, entre otros) lo mismo que opina el actual presidente acerca de los piqueteros Eduardo Belliboni y Emilio Pérsico y los sindicalistas Hugo Moyano y Abel Furlán.

En cuanto a la ocupación inglesa de la tierra irredenta del Mar Argentino, Sarmiento escribía en el diario El Progreso, el 28 de diciembre de 1842, que "la invasión de las Malvinas por parte de los ingleses es útil para la civilización y el progreso".

En abril de 2025, Milei expresó sin anestesia que “si de soberanía sobre las Malvinas se trata, nosotros dejamos en claro que el voto más importante de todos es el que se hace por los pies y anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros. Por eso buscamos ser una potencia, a punto tal que ellos prefieran ser argentinos, que no haga falta usar la disuasión o el convencimiento para lograrlo”. La nada misma. Es decir, ratifica su complicidad con el enemigo de la Patria.

El sanjuanino, en su concepción liberal extrema, consideraba que el Estado no tenía obligación de promover la Justicia Social, que era un término que no se utilizaba en su época, pero lo mismo era un concepto tan vigente como ahora. "Si los pobres de los hospitales, de los asilos de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran: porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto, como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad de que se le dé dinero”.

Por su parte, el 1° de marzo, en su discurso ante la Asamblea Legislativa, Milei se inspiró en Sarmiento para dejar en blanco sobre negro su repudio a los preceptos que enmarcan a la Justicia Social. “A ver, ignorantes -les espetó a los legisladores de la oposición-, la Justicia Social es un robo, implica un contrato desigual frente a la ley y está precedida de un robo, manga de ladrones, delincuentes. Por eso tienen a la suya presa” vociferó, al borde del ictus.

En el ítem en el que Sarmiento y Milei sí practicaron la hipocresía fue en su relación con los preceptos del catolicismo. El primero alguna vez aconsejó a sus fratres masones que no abandonaran la Iglesia, pero poco antes de morir desnudó su feroz anticlericalismo. "Los frailes y monjas se apoderan de la educación para embrutecer a nuestros niños... Ignorantes por principios, fanáticos que matan la civilización, emigrantes confabulados y recua de mujeres; basura de Europa, son la filoxera (insecto que ataca la vid) y el cardo negro de la pampa (una maleza tóxica para el ganado), hierba dañina que es preciso extirpar".

Su imitador siglo 21 lanzó, cuando aún era un panelista televisivo, un ataque desmedido contra el Papa y la Iglesia Católica, cuando afirmó, sin filtro que “el Papa es el representante del Maligno en la tierra, ocupando el trono en la casa de Dios”. La frase desnudó el nulo conocimiento del presidente sobre la filosofía, la teología y aún sobre la política. El Papa es, además de un líder religioso, un jefe de Estado y en 2024, Milei viajó a Roma para entrevistarse con él, después de sollozar frente al Muro de los Lamentos, momento en el que tuvo que retractarse y dar marcha atrás en chinelas. Francisco lo trató misericordiosamente, como si nada hubiera pasado. Como si lo suyo hubiera sido un arrebato adolescente. Casi con condescendencia.

De alguna manera, es necesario aclarar que Javier Milei es una copia decadente de Sarmiento y Alberdi. Aquellos, al menos, eran grandes polemistas, buenos escritores y hombres de sólida formación y amplios conocimientos. Milei, en cambio, leyó poco, utiliza un lenguaje aún más soez que el de Sarmiento y carece de la templanza que exige el cargo que ocupa.

Que Dios nos ayude.

Noticias Relacionadas

Más de Horacio Ríos