Publicado: 21/04/2026 UTC Nación Por: Eduardo Zanini

Roma. 21 de Abril de 2025

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Roma. 21 de Abril de 2025
Eduardo Zanini
papa francisco

A las 7,15 de la mañana hora local un mensaje sonó en el teléfono del periodista argentino que aún dormía en ese lunes. “il Papa e morto” (el Papa está muerto”), era la breve frase de whatsapp que avisaba de la noticia que nadie quería dar. Ese día era feriado en Italia. Las familias se reúnen para celebrar “la pasquetta”, la resurrección de Jesucristo, a diferencia de buena parte del mundo. Las campanas sonaban, incesantes, en todas las iglesias.

El veterano corresponsal de varias radios patagónicas y colaborador de Noticias Urbanas estaba con las valijas listas para volver a Buenos Aires, tras una larga gira gastronómicay degustación de vino, pizza y pasta en cada lugar, atrapado por experiencias visuales increíbles y con fotos que nadie va a ver. Mochilero con Mastercard.

Para un profesional de la comunicación quedaba planteado un dilema: seguir de largo, ya con el pasaje de vuelta, o laburar. La cuestión quedó resuelta rápido, sin vueltas. La historia lo había colocado en esa instancia, única, irrepetible y empezó a estructurar como armar una crónica. Su propia argumentación concluía que la figura de Francisco era la del hombre más importante de la historia argentina y que era hincha de San Lorenzo de Almagro, igual que el periodista. “El Papa es de Boedo”, se planteó a sí mismo.

En febrero Francisco quedó internado y tardó varios días en recuperarse y en la externación apareció con síntomas claros de insuficiencia física. En los secretos pasillos del Vaticano empezaba “la rosca”, o dicho en términos confesionales “el precónclave” para determinar un sucesor.

El domingode pascua, hizo un breve mensaje de bendición. Con el semblante sereno, aunque con signos de fatiga y frágil, repitió su prédica por la paz.

Tres días despúes en la capital de la república italiana lloviznaba. Las calles, como nunca, estaban repletas de peregrinos, de visitantes de todos lados. Contingentes que caminaron hasta la Plaza San Pedro para hacer el último saludo al Papa argentino e hincha de San Lorenzo de Almagro. El primer pontífice jesuita de la historia, devoto de San Francisco de Aziz,de hábitos sencillos que contrastaba con el lujo de la sede principal de la fe católica, apostólica, romana.

La ciudad estaba blindada. Los principales mandatarios y todo tipo de autoridades llegaron para el funeral. El público hacia fila de cinco horas para saludar. Putin, Donald Trump, Zelensky, Macron, Pedro Sánchez, Luis Ignacio Da Silva, Giorgia Meloni, eran algunas de las personalidades que puntualmente arribaron a la nave principal de la catedral de San Pedro. El presidente argentino, Javier Milei llegó tarde y con el cajón cerrado se arrollidó unos instantes. Un gesto, tal vez, de arrepentimiento después de haber insultado al Papa con frases como “zurdo de mierda” o “representante del diablo”.

Jorge Mario Bergoglio eligió quedarse para siempre en la ciudad eterna. Desde ese 13 de marzo de 2013, día en que asumió como sumo pontífice y eligió compartir el reinado con Benedicto XVI, viajo por todo el mundo. Diálogo interreligioso, pedidos por la paz, oraciones por los humildes y los condenados a la pobreza. “Hagan lío”, dijo en Aparecida (Brasil), a los jóvenes y pidió a los curas que no se encierren en las iglesias.

Francisco no vino a la Argentina, nadie sabe porque razón divina, aunque muchos de sus interlocutores argumentan que estaba convencido de no poder levantar la bandera del díalogo, del consenso, para terminar con la herida absurda del desencuentro. Pasaron cuatro gobiernos. Cristina Fernández, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei. “Problemas de agenda”, repitieron sus voceros. En el Vaticano, de todos modos recibió a Dios y María santisima. Organizaciones sociales, dirigentes políticos de toda índole e ideología, reyes, presidentes, pueblos originarios, artistas, deportistas, ciudadanos de a pie, personas discapacitadas, parejas de igual o diferente identidad….

“Guante de seda, mano de hierro”, era una de las convicciones bajo la cual se había marchado del sur del planeta. De chico se había criado en el barrio de Flores. Se consagró como franciscano muy joven, se instruyó en ciencias físicas y líderó los destinos académicos del colegio del Salvador, asociado al sector Guardia de hierro del peronismo.

En la profundidad de su corazón atesoraba esa pasión inclaudicable por San Lorenzo. Siempre repetía que había visto jugar la delantera temible de la década de 1940 formada por Farro, Pontoni y Martino.

“Mi padre nos llevaba a la cancha con mi hermano cuando tenía unos diez años y después a comer una pizza por el barrio” en un domingo a la tarde. El rito pizzero se prolongaría en la línea de tiempo.La leyenda señala que se escapaba del hogar de Santa Marta y buscaba una porción en un bodegón, una tavola, de los alrededores. En las costumbres argentinas también estaba presente la estirpe de los maestros pizzeros porteños. Caminaba hasta la avenida Corrientes y San Martín, pedía una de muzzarella, una fainá y un vaso de moscato y se marchaba para hacer la última oración del fin de semana.

En 1998, Bergoglio se convirtió en Arzobispo de Buenos Aires, la diócesis más importante de la argentina, por la elección que hizo entonces Juan Pablo II. Sin demasiadas vueltas anunció que la argentina estaba inmersa en “una crisis moral”. Años más tarde, el presidente Néstor Kirchner lo identificó como “el mejor opositor que tenía el gobierno” nacional.

El arzobispo, también con su atuendo de cardenal, no faltaba de las misas villeras. Esa presencia quedó grabada para los tiempos en la 1 11 14 del bajo Flores dónde repartía bendiciones y alimentos para los comedores populares.

En la iglesia de San José de Flores un año después de su partida lo recuerdan por su legado, por su compromiso por los humildes. El pastor que en ese lugar hizo sus primeros votos religiosos de muy joven.

En el nombre del padre Francisco, del hijo de inmigrantes piamonteses nacido el 17 de diciembre de 1936 y del espíritu santo de los forzosos de Almagro.

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