Romano: "El gobierno nacional está totalmente desconectado de las necesidades de la gente"
Lucía Romanos es contadora pública, consultora laboral y en políticas sociales, Legisladora de la Ciudad con mandato cumplido. e integrante del Consejo General de Salud Mental de C.A.B.A. (2021-2023). También es miembro de la Comitiva Oficial del viaje de formación teórico - práctica sobre el sistema de salud mental en la Región Emilia Romagna y en la Ciudad de Trieste (Italia), organizado por la Universidad de Bologna y la Cooperativa Social “Duemilauno Agenzia Sociale” (2022).
1) ¿Cuál es tu mirada sobre la actualidad política nacional?
Por un lado, tenemos a un gobierno nacional totalmente desconectado de las necesidades de la población, y por el otro una confusión generalizada de qué representa cada espacio político, hacia dónde nos propone conducirnos como sociedad. La pérdida del sentido comunitario llevada adelante por el movimiento libertario, genera un simbronazo mismo en las bases de la democracia representativa: el gobierno del pueblo para el pueblo, a través de sus representantes, pero ¿representado para qué cuestiones? ¿Cuál es nuestro interés nacional? Considero que nuestro país necesita imperiosamente definir este concepto para, partiendo desde allí, definir nuestro contrato social con nuestros representantes mancomunados. Ese es el desafío.
2) Mencionabas a los espacios políticos, ¿cómo ves la política partidaria en este contexto?
Creo que los partidos políticos en general enfrentan una crisis de identidad, de allí la sensación de vacío que sentimos como ciudadanos, atento a que la esencia de un partido político es fundamentalmente representar, nos enfrentamos a un contexto de falta de representación ante una identidad difusa que presentan los partidos mayoritarios. Cuesta identificar cuál es la propuesta de política pública de forma clara y uniforme, debido a las crisis internas y las miradas, inclusive contradictorias, entre representantes de un mismo espacio. A la hora de votar, más allá de las personas, ¿cuál es la propuesta de política pública de cada espacio? La dificultad en encontrar una respuesta más o menos clara a esa pregunta genera esta sensación de descontento, incertidumbre y desazón de nuestra comunidad.
3) En tu nuevo rol como consultora laboral, ¿cómo evaluás el mercado laboral actual?
Nuestro país no crea nuevos puestos de trabajo desde el año 2011. Eso constituye una verdadera tragedia nacional. Esta circunstancia ha atravesado cuatro gobiernos, lo que marca en este sentido parte de lo que menciono al inicio de la entrevista.
Ahora bien, el mercado laboral cambia transgeneracionalmente, la relación de cada generación con respecto al trabajo es diferente, por supuesto, lo que no cambia es el carácter identitario del trabajo; tu ocupación, tu pasión, lo que te gusta hacer, definen tu identidad. Allí es dónde, tanto las políticas públicas como la cultura organizacional, hacen un movimiento más lento y no logran acompañar el más que justo balance entre el bienestar personal y la necesidad de trabajar para vivir de la clase trabajadora.
4) ¿Qué opinas de la reforma laboral realizada este año?
La reforma laboral sancionada recientemente, no representa, desde mi punto de vista, un avance. Los países que consideramos del primer mundo (con la excepción de los EE.UU por su estilo de “capitalismo salvaje”), tienden a la jornada laboral de cuatro días, con reducción horaria semanal, la flexibilidad de horarios, la mixtura entre trabajo remoto y presencial, la licencias parentales equitativas, por mencionar algunos puntos centrales. La reforma laboral sancionda va en sentido opuesto, permite jornadas de hasta 12 horas, fracciona vacaciones sobre un supuesto que en la actualidad se da muy poco que son 21 días de licencia por vacaciones, dado que de precisan 5 años de antigüedad en el mismo empleo, no actualiza las arcaicas licencias por paternidad, por citar algunos puntos.
Adicionalmente y volviendo al ejemplo de los países del llamado “primer mundo” que tantas veces ponemos como ejemplos, aquellos con una mejor calidad de vida de sus habitantes, representan cuestiones centrales la seguridad brindada por un Estado presente y eficiente en la satisfacción de las necesidades básicas fundamentales: salud, educación, seguridad, vivienda, alimentación.
Por nuestra parte, la inmensa mayoría de los trabajadores argentinos (tanto autónomos como en relación de dependencia) destina más del 50% de su ingreso al pago del alquiler de una vivienda, no puede acceder a la salud de integral de manera efectiva y digna sin una cobertura de medicina prepaga u obra social, y tiene qué restringirse cada vez más en su alimentación, ya no sólo sana sino mínimamente satisfactoria. Aquí el Estado no cumple con su función fundamental de ser el generador de un piso de igualdad y el trabajo pasa a ser un medio de, apenas, subsistencia.
5) ¿Qué harías diferente o qué ves que falla?
Considero que en este marco necesitamos, nuevamente, policías públicas diseñadas por representantes que conozcan el mundo laboral privado y líderes, en ese mismo mundo laboral privado, que entiendan que el trabajador es un ser humano, con características cada uno únicas y diferentes con relación a sus pares, y que el análisis de los perfiles conductuales, no sólo técnicos y académicos, es mandatario para potenciar las habilidades de cada uno y obtener el mejor resultado final que beneficia a todos; empleadores, trabajadores, clientes. En suma, la comunidad toda.
6) Hablemos un poco sobre salud mental, sé que has trabajado mucho esta temática en tu función como Legisladora de la Ciudad.
Hace poco días conocimos las estadísticas sobre la principal causa de muerte en la Argentina es el suicidio, entre los jóvenes de 15 a 34 años. Claramente el tema de la salud mental debiera ser foco de políticas públicas con el objeto de mejorar la calidad de vida de toda la población. Por un lado, se produjo un quiebre en las personas a nivel mundial a partir de la pandemia del COVID-19 y los aislamientos sociales requeridos, no sólo por lo que produce el encierro en la psiquis humana, sino por el concepto de “el otro como potencial peligro”, en este caso, de contagio y muerte resultante. El desconocimiento, la paranoia, el no poder vincularte, abrazar, socializar, salir de tu casa, ir a trabajar, trajo consecuencias devastadoras para la salud mental de la humanidad.
En este escenario post-pandemia, con las consecuencias económicas negativas que también trajo (negocios que cerraron, personas que no volvieron a insertarse en el mercado laboral nunca más), nos encontramos con un signo de época que propugna el individualismo, la falta de empatía y el no registro del otro, de sus necesidad, su emocionalidad, su bienestar. El resultado no puede ser más que catastrófico. El ser humano es un ser social, y su capacidad de colaborar unos con otros nos potencia y mejora. Cuando el clima reinante materializa lo contrario, lógicamente nuestras psiquis se deterioran, nuestra angustia se potencia y la desesperación nos inunda.
7) ¿Qué nos podés decir sobre el proyecto de reforma de la ley de salud mental nacional que envió el Poder Ejecutivo al Congreso Nacional?
Sobre la reforma legislativa que propone el gobierno nacional, pienso que la ley de salud mental actual de Argentina necesita cambios, sí. Ahora, ¿cuál va a ser la dirección de esos cambios? Me alarma particularmente un punto central de la reforma: la eliminación de la obligatoriedad presupuestaria mínima del 10% de cada presupuesto de salud provincial destinado a la salud mental y de la obligación del Estado Nacional de cooperar técnica, económica y financiera a las provincias en esta materia. La falta de recursos suficientes ya hoy destinados al área (ninguna jurisdicción del país ha cumplido con la manda legal actual relativa el presupuesto), ha generado la falta de aplicación de una estructura necesaria para, fundamentalmente, el acompañamiento en las externaciones y el paradigma de la “desmanicomialización” propuesto por la normativa actual.
En los aspectos técnicos de la ley, aborda un punto central que ha sido materia de debate y diferencias de interpretación, que sí considero necesario reformular, que es el concepto de “riesgo cierto e inminente” como condición necesaria para cumplir con los criterios de internación involuntaria. Este concepto así dispuesto, representó una dificultad para llegar a tiempo, en muchos casos, a los fines de evitar consecuencias irreversibles de daño para sí mismo o para terceros.
El quid de la cuestión sigue siendo, modificamos normas pero le quitamos financiamiento, ¿cuál es la probabilidad de éxito esperable de las reformas? Dejo el interrogante para nuestra reflexión.