Polémica por la desregulación del precio de los libros
En un contexto donde la gestión pública busca pasar el bisturí por normativas históricas, la posible derogación de la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera ha puesto en pie de guerra al sector. En ese marco, Cecilia Fanti (escritora y el alma detrás de la librería Céspedes) y Víctor Malumián (fundador de Ediciones Godot y uno de los motores de la Feria de Editores), se refirieron a la postura libertaria.
El argumento del Gobierno es seductoramente simple: si eliminamos la obligación de vender el libro al mismo precio en todo el país, la competencia hará que bajen los precios. Sin embargo, Fanti es categórica: es una trampa retórica. La ley actual permite que un ejemplar cueste lo mismo en un supermercado de Buenos Aires que en una pequeña librería de barrio en el interior. Esto no es un capricho; es lo que sostiene la biodiversidad cultural.
Si se libera el precio, las grandes superficies o los gigantes del retail online usarán los best-sellers como "productos gancho", vendiéndolos a pérdida para eliminar a la competencia. Una vez que la librería de barrio cierra, el mercado se concentra y, paradójicamente, los precios terminan subiendo. La experiencia internacional en países como Inglaterra o Grecia así lo demuestra: la desregulación no trajo libros más baratos, pero sí dejó un tendal de persianas bajas.
Donde realmente duele: el papel y los impuestos
Si el objetivo fuera bajar los precios de verdad, Malumián señala que la discusión debería ser otra. En Argentina, el papel para libros es prácticamente un oligopolio. A diferencia de España, donde hay acceso a insumos de todo el mundo a precios competitivos, aquí la industria local pelea en desventaja.
"Si queremos hablar de desregulación, hablemos del IVA sobre el papel", sugiere Malumián. El papel representa una parte leonina del costo de producción. Eliminar esa carga impositiva tendría un impacto real y directo en el bolsillo del lector, a diferencia de la derogación de la ley, que solo beneficia a quien tiene espalda financiera para ir a pérdida durante un tiempo.
El valor de la diversidad vs. el algoritmo
Fanti destaca algo que las planillas de Excel suelen ignorar: el libro es un bien bivalente. Es mercancía, sí, pero también es cultura. Amazon, que empezó vendiendo libros, usó el sector para alimentar sus algoritmos y conocer los hábitos de consumo de la gente.
En una librería independiente, el 70% de las ventas son libros de "baja rotación": títulos específicos, apuestas editoriales, autores nuevos. Si el mercado se concentra en manos de dos o tres grandes jugadores que solo buscan el volumen, esa diversidad desaparece. Pierde el editor que no puede publicar voces nuevas, pierde el librero que no tiene qué recomendar y, al final del camino, pierde el lector que solo encuentra lo mismo en todas partes.