Moiguer: consumo en caída libre y la recuperación se estira hasta 2033
El deterioro de los ingresos en términos reales sigue moldeando el consumo en la Argentina. Tanto datos del INDEC como relevamientos de firmas privadas muestran una migración desde las grandes cadenas de supermercados hacia formatos mayoristas, con una prioridad cada vez mayor por los descuentos. En paralelo, la ralentización de la actividad económica y el recorte en proyecciones oficiales alimentan dudas sobre un rebote sostenido.
En ese marco, el diagnóstico de los analistas es que aparece un fenómeno de desacople: la economía puede crecer en términos agregados, pero no lo hace en los sectores más intensivos en empleo y producción. “Es la primera vez en el siglo XXI que sucede un fenómeno de desacople”, advirtieron estudios de la consultora Moiguer. Desde la mirada del Director de Investigación de la firma, Martín Eandi, el objetivo proyectado para el año se ajustó a la baja por el desempeño real: pasó de expectativas cercanas a dos puntos a un rango entre 0,5 y -1 puntos.
A principios de 2026, el escenario que se barajaba implicaba que, si el país creciera alrededor de 3,5%, las compras del mercado interno aumentarían cerca de 1,5%, con una brecha relevante frente a la trayectoria económica general. Sin embargo, con la “economía a dos velocidades” profundizándose, esa proyección se estiró, al punto de que hoy “estaría más cerca de 2033”, según el especialista.
El freno se observa con mayor claridad en la segunda mitad del año. Para la próxima Ley de Presupuesto, el Gobierno espera que el consumo privado retome un repunte de 3,1% en 2026, pero los datos ya anticipan un escenario más comprometido: en julio cayeron con fuerza las ventas en supermercados a precios constantes, mientras los autoservicios mayoristas mostraron un leve repunte. Para agosto, los registros privados señalan que el consumo masivo continuó deteriorándose y que el piso podría ser más duro de lo esperado.
En términos de cálculo, el economista Claudio Caprarulo (Analytica) remarca que el desafío para cumplir el objetivo oficial se vuelve difícil con el ritmo real de la actividad. Con un primer trimestre en torno al 3,1% y un segundo cercano al 0,4% —muy por debajo de lo previsto—, el consumo necesitaría compensar en el segundo semestre para lograr un promedio de 4,5% de crecimiento interanual. “Todo indica que el Gobierno busca que sea la baja en la inflación la que permita recuperar salarios y así dinamizar el consumo. De todas formas, hoy también hay un problema más marcado en la falta de puestos de trabajo y la caída en el crédito”, sostuvo.
En la vida cotidiana, la respuesta de los hogares combina supervivencia y adaptación a los precios. Las grandes superficies retrocedieron en julio, mientras los mayoristas operaron como refugio de demanda minorista. La radiografía de tickets refuerza la tendencia: en mayoristas “almacén” concentró una porción dominante de la facturación, frente a una menor participación relativa en supermercados tradicionales. A la vez, el salto del e-commerce —con compras esenciales liderando el alza— muestra que el consumidor no solo busca precios: también rastrea promos, cuotas y reintegros desde el celular.
Finalmente, se consolida una dinámica donde también pesa la tensión financiera. El consumo sostiene parte de sus compras con tarjeta de crédito: en supermercados este medio explicó una proporción relevante de las ventas, en un contexto de aumento de la morosidad familiar. En mayoristas, el peso del pago con tarjeta creció y marca una dependencia creciente para sostener productos básicos. Así, mientras los canales de consumo masivo pierden por la merma del salario real, el gasto discrecional muestra un comportamiento más esquivo, dando forma a una economía que avanza pero no llega igual a todos los rubros.