Publicado: 10/09/2026 UTC Nación Por: Redacción NU

La mora de los hogares alcanzó niveles récord

Así lo indica el último informe de la Fundación Encuentro.
La mora de los hogares alcanzó niveles récord
Redacción NU
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Un informe de la Fundación Encuentro, elaborado a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, puso en discusión una de las explicaciones oficiales sobre el aumento de la morosidad en la Argentina. El estudio sostiene que los hogares no comenzaron a recurrir masivamente al crédito, sino que las estrategias de financiamiento habituales se desarrollan ahora en condiciones más difíciles de pago.

El trabajo analiza la evolución de los hogares que recurrieron a algún mecanismo de financiamiento entre 2016 y el primer trimestre de 2026. En ese período, la proporción se mantuvo relativamente estable alrededor del 59%. En los primeros tres meses de este año, el 58,7% de los hogares urbanos declaró haber utilizado alguna forma de financiamiento durante los tres meses previos, un porcentaje similar al promedio de la serie y por debajo del máximo de 61,6% registrado en el cuarto trimestre de 2019.

El dato contrasta con el deterioro de los indicadores de mora. Según la información citada en el informe, basada en la Central de Deudores del Banco Central, la proporción de personas con deudas impagas más que se duplicó: pasó del 13,6% hasta octubre de 2024 al 27,8% en junio de 2026. Si se considera el monto de dinero en situación irregular, la morosidad de las familias alcanzó el 15,5% del total adeudado, frente al 5,2% de Brasil y el 3% de Chile, de acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional.

Para la Fundación Encuentro, la evolución de ambos fenómenos obliga a diferenciar entre la cantidad de hogares que se financian y la capacidad que tienen para afrontar sus obligaciones. El informe plantea que no existe una expansión excepcional del universo de hogares que utilizan crédito o compran en cuotas. Lo que habría cambiado son sus ingresos reales, el peso de los gastos y las condiciones necesarias para cumplir con los pagos.

La principal modalidad relevada por la EPH no es el préstamo bancario directo. El 33,7% de los hogares declaró recurrir exclusivamente a compras en cuotas o al fiado, mientras que el 17,5% combinó distintas formas de financiamiento. Un 4,9% pidió prestado únicamente a familiares o amigos y apenas el 2,7% recurrió de manera exclusiva a bancos o financieras. El 41,3% restante no declaró utilizar ninguna de las estrategias consultadas.

El informe advierte que estos resultados deben interpretarse con cautela, porque la encuesta agrupa bajo una misma categoría las compras en cuotas, el fiado, el uso de tarjetas de crédito y la libreta. Por ese motivo, el 33,7% no puede considerarse automáticamente como un indicador de acceso al crédito bancario. En sentido amplio, se trata de mecanismos que permiten organizar el consumo y afrontar los gastos cotidianos con pagos diferidos.

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La presencia de niños y niñas en el hogar aparece como otro factor relevante. El 62,8% de los hogares con menores convivientes recurrió a algún mecanismo de financiamiento, frente al 52,7% de los hogares sin niños. La proporción llega al 64,4% entre las parejas con hijos y al 61,4% en los hogares monomarentales. Según el análisis, estas estrategias no están vinculadas únicamente con la compra de bienes, sino también con la necesidad de sostener gastos de alimentación, vestimenta, educación y salud.

El acceso al financiamiento también varía según los ingresos, aunque no de forma lineal. Los hogares del decil 9 —el 10% ubicado inmediatamente por debajo del grupo de mayores ingresos— son los que más recurren a estas herramientas, con un 72,5%. Le siguen el decil 8, con el 67%, y el decil 10, con el 66,1%. En conjunto, alrededor de siete de cada diez hogares de los tres deciles superiores utilizan alguna modalidad. Entre los tres deciles de menores ingresos, en cambio, lo hace aproximadamente el 60%, con porcentajes de 50,2% en el decil 1, 60,8% en el decil 2 y 56,3% en el decil 3.

La Fundación Encuentro vincula esta diferencia con el acceso desigual a tarjetas, compras en cuotas y otros instrumentos asociados al empleo formal y a mayores ingresos. Que los hogares de la parte alta de la distribución recurran más al financiamiento no significa necesariamente que tengan una mayor necesidad económica de endeudarse: también puede reflejar una mayor disponibilidad de herramientas para diferir pagos. En los hogares de menores ingresos, el acceso es más restringido, aunque seis de cada diez igualmente recurren a algún mecanismo.

La condición laboral muestra una tendencia similar. Los hogares cuyos jefes o jefas son asalariados formales recurren al financiamiento en el 71,1% de los casos, mientras que la proporción baja al 55,8% entre quienes tienen una inserción asalariada informal. La brecha es de 15,3 puntos porcentuales. El informe aclara que este resultado tampoco implica que los hogares formales tengan una mayor necesidad de financiarse, sino que probablemente cuentan con un acceso más amplio a tarjetas y compras en cuotas.

Por regiones, el Noroeste argentino registra la mayor proporción de hogares que recurren al financiamiento, con el 68,2%. Le siguen la Patagonia, con 64,9%, Cuyo, con 62,2%, y la región Pampeana, con 60,8%. En el Gran Buenos Aires el porcentaje es del 56,1%, mientras que el Noreste presenta el valor más bajo, con 50,5%. La diferencia entre los extremos llega a casi 18 puntos porcentuales y, según el estudio, no puede explicarse únicamente por los niveles de ingresos.

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Entre las posibles causas de esa brecha territorial, el informe menciona las diferencias en la estructura del mercado de trabajo, el acceso efectivo a instrumentos financieros, la composición familiar, los niveles de inclusión financiera y las características de los mercados comerciales locales. También señala que la presencia de empleo estatal en algunas regiones no garantiza por sí sola un mayor uso de las modalidades de financiamiento relevadas por la EPH. El análisis aclara que la encuesta no es un registro de personas endeudadas como la Central de Deudores del Banco Central. Por eso, no permite saber cuánto debe cada hogar, si puede afrontar sus obligaciones o si se encuentra en mora. Su aporte consiste en mostrar cómo son los hogares que recurren al financiamiento, dónde viven, cuáles son sus ingresos, cómo se insertan laboralmente y qué composición familiar tienen.

La principal conclusión del estudio es que la Argentina no enfrenta una explosión reciente de hogares que comenzaron a pedir crédito de manera masiva. En cambio, las familias continúan utilizando estrategias que ya formaban parte de su vida económica, pero lo hacen en un contexto de mayor presión sobre sus ingresos y gastos. “Financiamiento” no equivale automáticamente a “crédito bancario”, y observar la mora sin considerar esas condiciones —plantea el informe— puede trasladar toda la responsabilidad a las decisiones individuales de los hogares, sin contemplar el deterioro de su capacidad de pago.

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