Publicado: 30/10/2026 UTC Nación Por: Horacio Ríos

La mentira de la economía liberal: Poca inversión, nada de la tan mentada eficiencia

Los libertarios no construyen futuro y esa incertidumbre desalienta la inversión. El kirchnerismo generó inversiones del 19% del PBI. Milei, hoy está en menos del 14%. La falacia caminando.
La mentira de la economía liberal: Poca inversión, nada de la tan mentada eficiencia
Horacio Ríos
Horacio Ríos
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La economía argentina colisiona permanentemente con la paradoja. Hay explicaciones express para todos sus fracasos, muchas veces erróneas o al menos, parciales.

Que la inflación es el fruto de la emisión…que el control de precios fracasó en todo el mundo…que el clima de negocios favorece la actividad económica y la inversión…que el populismo frena la inversión y obstaculiza los beneficios de las empresas.

Escuchamos tantas definiciones equívocas que para un observador que no es economista -como quien esto escribe- alcanzar una explicación más o menos precisa acerca del devenir económico es casi una utopía.

¿Una economía sin inversores?

La inversión en la Argentina desde diciembre de 2023 es el componente del Producto Bruto Interno que peor se comportó. Desde la asunción de Javier Milei, el PBI, que es un indicador económico que refleja el valor monetario de todos los bienes y servicios finales producidos por un país en un determinado período de tiempo, creció un 2,3% hasta el segundo trimestre de este año. Al mismo tiempo, las exportaciones crecieron un 45%, pero la inversión cayó un 13,2%, por debajo, incluso, de 2023. ¿Desconfianza de los empresarios? ¿Inseguridad jurídica? ¿Augurios de fracaso económico, en tiempos de economía ultraliberal?

Lo seguro es que los que analizan la economía aseguran que la inversión “sigue sin encontrar un piso”. Hasta el primer trimestre de 2026, el PBI llevaba siete trimestres consecutivos en alza, mientras que la inversión ya había pasado cuatro trimestres en baja.

En el segundo trimestre de este año, la inversión significó el 16,5% del PBI, menor que en los segundos trimestres de 2009, 2019, 2020 y 2024, que fueron épocas de fuertes recesiones.

Es necesario tener en cuenta que esto está ocurriendo con un gobierno que se supone que enamoró a los mercados, cuyos teóricos ensalzan al gobierno ultraliberal, mientras desconfían de los logros que es capaz de conseguir. La falta de inversiones está ligada directamente con la incertidumbre con el futuro.

Aquí es donde aparece el rol del Estado, tan vituperado en estos días. El cambio del modelo económico afectó seriamente a la construcción, en parte por la ausencia casi absoluta de obra pública, en parte por la desaparición de otros incentivos económicos.

La industria de la construcción permitía a las empresas obtener dólares a través de sus inversiones inmobiliarias. El sistema era sencillo. Durante la época del cepo, existían incentivos para importar maquinaria, que las empresas constructoras compraban con dólares a precio oficial y después vendían lo producido en el mercado local, a precio del dólar paralelo. Además, existía el crédito dirigido, que captaban con facilidad.

¿Qué es el crédito dirigido? Son los depósitos de los bancos que el Estado obligaba a destinar a préstamos de apoyo para determinados sectores de la economía. La práctica desaparición del gasto público en el sector afectó las inversiones en infraestructura -adonde iba dirigido gran parte de este rubro-, que es uno de los motores de la economía.

En otros sectores de la economía, bajó seriamente la inversión a causa de la competencia de los productos importados, cuyo ingreso el Estado permitió e incluso promovió. El resto del trabajo de sabotaje lo provocó la falta de demanda interna, también asociada con las políticas de Estado, que decidió realizar una monumental transferencia de ingresos del sector asalariado hacia los sectores del dinero.

Para peor, ni siquiera el Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI) sustituyó a la ausencia del Estado en estos sectores de la economía. En este caso, los inversores sólo se interesaron en el dinero rápido que prometen Vaca Muerta y las rutas por peaje, profundizando la concepción parasitaria de algunas empresas, que invierten en proyectos que generan ganancias a tasas financieras y no industriales.

Si, en cambio existieran perspectivas de futuro, que el liberalismo no les promete ni les garantiza, quizás la realidad sería distinta.

Hasta ahora, sólo los gobiernos populistas generaron inversión y resultados económicos. Quizás por ello sus exfuncionarios están presos y su memoria tan manchada, siempre con falaces argumentaciones, víctimas de los operadores mediáticos de las empresas parasitarias del Estado, que sólo invierten en dinero fácil.

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