Un problema que se amontona
El conflicto que desembocó en un paro del servicio de recolección de residuos puso sobre la mesa una discusión y un debate que, con los hechos consumados y una paulatina normalización que demanda varias horas, merece ser profundo.
Indudablemente, el tema del tratamiento de la basura no es una de las prioridades de los funcionarios gubernamentales porteños, quizá por esa razón aún no se ha concretado el llamado a la nueva licitación para su recolección, por lo que el contrato actual de las empresas ha sido prorrogado ya dos veces.
Es difícil de explicar la serie de traspiés que viene padeciendo la administración que encabeza Mauricio Macri con las cuestiones del reciclado, con la enorme demora en la implementación de la Ley Basura Cero y hasta con la accidentada puesta en marcha de la planta de tratamiento de residuos que está instalando en el centro de Disposición Final Norte III, en el Camino del Buen Ayre, que será inaugurada próximamente.
En Norte III se termina de producir un conflicto que involucró a todo el mundo, producto de la impericia política del Gobierno porteño en las situaciones de conflicto. Primero, los empleados de la Coordinadora Ecológica Área Metropolitana (Ceamse), representados por la Asociación de Obreros y Empleados de la Ceamse (Agoec) se negaron a trabajar para el Gobierno porteño porque ven peligrar sus fuentes de trabajo por la decisión gubernamental de no abrir nuevos rellenos sanitarios en el futuro, a los que reemplazará con plantas de tratamiento de residuos.
Luego, cuando los afiliados a Agoec acataron la conciliación dictada por el Ministerio de Trabajo y levantaron la medida de fuerza, los cooperativistas que trabajan dentro del mismo predio de Norte III reciclando materiales cortaron los caminos de entrada, reclamando condiciones de trabajo similares a las de los recicladores que trabajan en los Centros Verdes de la Ciudad, un conflicto que se resolvió cuando esta revista estaba por ser llevada a la imprenta.
Resultado: tres días sin recolección de residuos y una ciudad tapada de basura.
Camps: ?No dan pie con bola?
El legislador porteño Adrián Camps (Proyecto Sur) tomó esta serie de tropiezos del Gobierno porteño con humor: ?No dan pie con bola?, graficó.
?La única experiencia exitosa en el tema del reciclado es la Cuadrícula Alsina, que permite a los cartoneros recoger los residuos diferenciados de los contenedores, que luego llevan al Centro Verde de Herrera y Osvaldo Cruz, donde separan los productos y los venden a sus clientes. Los camiones en los que transportan los residuos los pone el Gobierno?, describió el legislador.
?Si se implementara el sistema de las dos bolsas, una para basura seca y otra para basura húmeda, se podría llegar a reciclar el 20 o el 30 por ciento de los residuos. Hoy apenas se recupera el 10 por ciento del total de los residuos que se generan en la Ciudad?, planteó Camps.
?El problema con la doble bolsa es que el Gobierno de la Ciudad quiere erradicar a los cartoneros independientes, porque prefiere a los que ya están organizados, por eso apoya el proyecto Cuadrícula Alsina y no este?, cuestionó el legislador de Proyecto Sur.
?Cuando yo asumí el mandato, en 2009, poco tiempos después vino a la Legislatura el jefe de Gabinete de Macri, Horacio Rodríguez Larreta, para exponer su informe de gestión. En esa ocasión anunció la puesta en marcha del tratamiento de los residuos áridos que todavía está en agua de borrajas. Lo concreto es que en este tema hay mucha publicidad y pocos hechos. Van a paso de tortuga. Hay que trabajar más con los consorcios, con la gente. Hay que estar en la calle, no solo en los carteles.?
La suma de la basura da más que cero
Cuando el 24 de noviembre de 2005 la Legislatura aprobó la Ley Nº 1.854, de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos, más conocida como Ley Basura Cero, comenzó un accidentado proceso en materia de la transformación de la basura en materiales reciclables.
La ley fijó plazos razonables, que exigían un compromiso de los gobiernos que jamás fueron cumplidos convenientemente. Tomando el volumen de basura enterrado en 2004, que fue de un millón y medio de toneladas, los legisladores votaron que el nivel de disminución del volumen a partir de 2005 fuera un 30 por ciento menor en el año 2010 (un millón de toneladas); un 50 por ciento menor para el año 2012 (750 mil toneladas) y un 75 por ciento menor para el año 2017 (375 mil toneladas). En el año 2020 quedará terminantemente prohibido enviar al la Ceamse residuos reciclables o aprovechables.
Pero la realidad es que a partir de la sanción de la Ley Nº 1.854 fue que los gobiernos eludieron cínicamente su cumplimiento.
En 2006 se enterraron 1.536.453 toneladas; en 2007, 1.645.368 toneladas; en 2008, 1.844.018 toneladas; en 2009 1.847.748 toneladas; en 2010: 2.110.122 y en 2011 llegó el record: 2.277.772 toneladas, sin que nadie se pusiera colorado.
Estos fríos guarismos son, sin embargo, bastante calientes: significan que en el año 2010, Macri enterró 5.780 toneladas diarias y en 2011 la situación se agravó al enviar a enterramiento 6.240 toneladas por día. Esta diferencia significa un incremento del 11 por ciento con respecto a 2010.
Ahora, el Gobierno de la provincia de Buenos Aires ?que hace gala de una morosidad similar a la de Macri en materia de reciclado de residuos? emplazó al Gobierno porteño a disminuir a un tercio el tonelaje de basura que recibe el territorio bonaerense. En un mes, Macri debería reducir de seis mil a dos mil toneladas diarias sus envíos de basura.
El objetivo es imposible de cumplir, por lo que es de suponer que habrá una negociación para acordar una cifra sensata que signifique un avance.
Lo concreto es que, a cuatro años y un poco más de haber asumido su primer mandato, Mauricio Macri sigue en deuda con el reciclado de residuos, a pesar de haberse proclamado como un adalid de la agenda verde y de haber anunciado, desde la propia cubierta del Rainbow Warrior, el barco de Greenpeace, que ?todos los días estamos generando avances: para el año que viene el cien por ciento de la Ciudad tendrá doble contenedor para la disposición de basura y reciclables, estará avanzada la inversión de la planta de tratamiento de áridos e inaugurada la primera planta de la Argentina de tratamiento de húmedos?.
Un pliego que debería traer cambios alentadores
El primer problema es que, si bien los pliegos del nuevo llamado a licitación para concesionar los servicios de recolección de residuos sólidos urbanos ya están publicados en la página oficial del Gobierno porteño (www.buenosaires.gob.ar), recién el año próximo ?no hay aún una fecha exacta? serían convocados los oferentes interesados para que presenten sus propuestas.
De todos modos, ya existen algunas pautas que pueden deducirse si se lee el documento. En forma preliminar hay algunos avances que luego se verá si son tales, porque un pliego es solo una propuesta que luego se deberá administrar, y es allí donde suelen surgir los cambios, que podrán ser positivos o negativos.
Una primera y superficial mirada anuncia que la Ciudad se dividirá en cuatro zonas. Tres de ellas serán atendidas por empresas privadas y la de siempre ?la Zona Villas? será atendida por el Estado porteño.
La Zona 1 abarcará la franja del norte de la Ciudad. Esto es, las comunas 1 (Norte), 2, 12, 13 y 14.
La Zona 2 incluirá la comuna 1 (Sur) y las comunas 3, 4, 5 y 7.
La Zona 3 engloba las comunas 6, 9 (Norte), 10, 11 y 16.
Finalmente, la Zona 4, en la que prestarán el servicio los empleados del Gobierno porteño, abarca las comunas 8 y 9 (Sur).
La Zona Portuaria está excluida de la licitación.
Es interesante que en esta ocasión el plazo del contrato de concesión esté planteado por un plazo de 10 años, lo que permite exigirles a las empresas una mayor inversión en equipamiento y en motores para sus maquinarias, que deben respetar pautas de calidad ambiental CCE EURO 3. Igual, si fueran contratos a 20 años estaría aún mejor.
El pliego también plantea que haya camiones de mayor tonelaje, con carga lateral para volcar los nuevos contenedores.
En el control de la calidad del servicio habrá una pauta de puntos que se descontarán de acuerdo con una tabla preexistente, de acuerdo con los cuales se fijarán las multas que deberán pagar las empresas.
En el pliego de anexos figura también la pauta de actualización de las tarifas que cobrarán las empresas por el servicio, de acuerdo con la incidencia de ciertos ítems.
Así, los salarios tienen una incidencia del 45 por ciento; los vehículos y repuestos, un 20 por ciento; el rubro Generales, el 15 por ciento; combustibles y lubricantes se lleva el 10 por ciento; los neumáticos, el cinco por ciento; la ropa para el personal, el tres por ciento, y las bolsas, el dos por ciento.
De todos modos, si bien el contrato muestra una evolución favorable, existen otros puntos débiles que deben ser destacados.
Lo que falta precisar
El más sensible es que no existe información para el público acerca de cómo se debe manejar el empleo de los contenedores. El resultado es que hoy los vecinos depositan la basura en cualquier recipiente, sin respetar si es para residuos secos (o reciclables) y húmedos (u orgánicos).
Otro tema que siempre tiene falencias en todos los contratos, no por casualidad, es el protocolo de control sobre el cumplimiento del contrato por parte de las empresas.
No hay más que generalidades, como la del sistema de multas por puntaje, sin una pauta clara. Un despropósito es que la Ceamse se ocupe del traslado de los residuos hasta sus Centros de Disposición Final luego de su tratamiento, y además, por si algo faltara, administre los inspectores que controlan a las empresas. No se puede estar en todos los lados del mostrador.
Finalmente, si el contrato tiene una pauta ecológica, esta la da el trabajo de los recicladores o recuperadores urbanos. Hasta hoy, las sucesivas licitaciones los han invisibilizado, aunque la Cuadrícula Alsina y el trabajo en los Centros Verdes marcan un camino de reconocimiento.
Se debería profundizar esta vía, porque desde el año 2000 hasta la fecha su trabajo marcó un camino, quizás rudimentario pero efectivo de disminución de los residuos enterrados que el Gobierno porteño tardó mucho, demasiado, en seguir. Esa reivindicación es imprescindible y quizá con esto podrían paliarse algunos desencuentros e injusticias que debieron sufrir los únicos ecologistas porteños.