“Los derechos humanos no son sólo patrimonio de las víctimas”
?Los derechos humanos no son solo un patrimonio de las víctimas; están fundamentados en el derecho a la vida y a la dignidad. De esos derechos básicos se desprende toda la gama de derechos sociales. En una palabra, tenemos derechos por el solo hecho de estar vivos o de haber vivido?, lanza la abogada y defensora del Pueblo de la Ciudad, Alicia Pierini, embarcada, por estos días, en canalizar a través del órgano que lidera la campaña del Alto Comisionado de Naciones Unidas, cuyo eslogan es: ?Yo me declaro defensor/a de los derechos humanos?.
Pierini asegura que esta campaña latinoamericana ?que por ahora, en la Argentina, se desarrolla desde Buenos Aires? tiene como meta final ratificar públicamente los derechos y que la gente se los apropie. En una palabra, que los derechos humanos no se vinculen únicamente con el pasado ni con la violencia.
Lo explica: ?La idea es desarrollar una alerta temprana en la comunidad; una sensibilidad mayor para que no se llegue a la violación de los derechos básicos. Y esto solo se logra con más conciencia?.
La Defensoría que dirige se ocupa de temas tan disímiles como el derecho de los consumidores de servicios públicos afectados por la quita de subsidios o el de los jubilados que cobran pensiones del exterior y que ahora, afectados por el cepo al dólar, deben percibir sus jubilaciones en moneda nacional, en un escenario de incertidumbre económica.
Mientras los ultrakirchneristas impulsan una nueva reforma constitucional que refleje, según dicen, el ?corpus jurídico de la era K? (NdR: El argumento de este sector del kirchnerismo se arraiga en que la Constitución del 94 fue generada en un clima cultural neoliberal y que es necesario una nueva Carta Magna que refleje el ?latinoamericanismo? del momento histórico actual), Pierini sostuvo, en la contratapa de NU, que ?la Constitución se puede reformar, pero si la meta es la incorporación de nuevos derechos, la actual ya los contempla?. Y no solo eso: ?La Constitución del 94 es una buena Constitución, de avanzada en derechos humanos?, afirma.
?¿Cuál diría que es el mayor logro de los derechos humanos en la última década en la Argentina?
?La Argentina está mejor en materia de derechos en todos los planos; se ha avanzado, tanto en la Ciudad como a nivel nacional. Pero creo que el mayor avance es la conciencia sobre los derechos. Eso ha desarrollado una sensibilidad colectiva que deriva en una alerta temprana: no hay que esperar que se violen los derechos porque con conciencia es posible prevenir. Por ejemplo, la mayor causa de muerte en la Ciudad son los siniestros de tránsito, de allí que la sociedad civil se focaliza en las campañas de prevención.
?Hablando de eso, esta semana la presidenta de Madres del Dolor, Viviam Perrone, cuyo hijo murió en un siniestro de tránsito, culpó a la ministra Garré por minimizar la inseguridad, incluida la vial, en el territorio de los derechos humanos.
?No es así. Lo que sucede es que las víctimas son maximalistas y es razonable que así sea, pero desde el Estado la visión debe ser más amplia. Es decir, quienes han sido víctimas de siniestros de tránsito, o de gatillo fácil, o de cualquier otra variante de la inseguridad urbana tienden a desarrollar evaluaciones sociales o políticas desde su propio dolor. Es comprensible y humano.
?Un sector del kirchnerismo busca reformar la Constitución, aunque no está clara la finalidad ni el contenido. El argumento es que la del 94 estaba anclada en el Consenso de Washington y que habría que impulsar una nueva que refleje este momento.
?No me parece que la Constitución del 94 tenga alguna relación con el Consenso de Washington. No le encuentro esa relación. Lo que sí creo es que la Constitución del 94 tiene dos grandes méritos. Uno es el consenso con el que fue reformada. El otro es que, justamente, es una Constitución abierta a la incorporación de nuevos derechos y convenios internacionales que los protegen y los profundizan. Ese es justamente uno de sus grandes logros, porque la comunidad jurídica internacional avanza todo el tiempo y nuestra Constitución tiene la capacidad de incorporar esos avances. Por otro lado, la Constitución puede reformarse. Desde ya es cierto que refleja un momento histórico. Por ejemplo, la Constitución de 1853 que se reformó en el 94 promovía la conversión al catolicismo de los pueblos originarios y establecía el requisito de que el jefe o jefa del Estado fuera católico. Ahí sí era anacrónica. Pero realmente no veo que haya cambiado tanto el escenario en menos de dos décadas, desde su reforma, como para que la Constitución hoy sea nuevamente anacrónica.
?Muchos le achacan a Macri que el principal problema en la Ciudad, o, si se quiere, la principal violación de derechos, es el déficit de viviendas.
?La política de vivienda debe ser nacional, y no me parece justo que la Ciudad deba resolver el déficit habitacional del resto de país. Aquí no se trata de Macri sino de que hay que preguntarse sensatamente si la Ciudad debe albergar masivamente a todos los ciudadanos del país o cada distrito debe hacerse cargo de sus déficits de vivienda. El punto es que la gente migra a Buenos Aires porque no tiene trabajo en sus respectivas provincias. Es decir, hay un problema de desarrollo desigual de las regiones. Los cuyanos o los puntanos no vienen a vivir a Buenos Aires, ¿por qué? Porque en sus lugares se han desarrollado polos de producción.
?¿Quién respeta más los derechos, la Ciudad o la Nación?
?No son comparables. Sobre el avance en derechos humanos, las sociedades solo pueden compararse consigo mismas. ¿Cómo estábamos hace diez o veinte años y cómo estamos ahora? Esa es la vara. Y la respuesta es: mucho mejor en todos los planos y con la deuda de siempre: la desigualdad y la pobreza.