Marihuana: la droga que mata
Las firmas de los jueces Freiler y Luraschi, y la disidencia de (Gabriel) Cavallo, inclinaron la balanza para la revocación de un procesamiento en primera instancia de un consumidor de marihuana, arrestado por la policía federal, y que reabre un debate nunca cerrado pero sí negado por algunos músicos de rock que de corazón salvaje sólo les queda un dulce palpitar.
En la semana posterior a que un matutino pubicara un dossier sobre los estragos que la droga causa en el organismo y el sistema cognitivo de los adictos (particularmente la cocaína), dos jueces, enrolados en la vertiente garantista, salen ahora con este fallo. En cambio, Cavallo, siempre se mantiene fiel a la línea de la reacción.
Freiler reiteró una declaración de inconstitucionalidad parcial de la Ley 23.737, que establece penalidades para los delitos vinculados con drogas, sin diferenciar "duras" de "blandas", como suelen hacer los apologistas.
Más allá de que la represión del consumo parece menos eficaz que la prevención (que es igualmente ineficaz), hay que decir que cualquier droga, hasta la más inocua, como se dice de la marihuana, es una puerta abierta a otras drogas, y en consecuencia, un asesino en potencia.
Luraschi entendió en su fallo que "la incriminación penal de la tenencia de sustancia estupefaciente para consumo personal se justifica cuando dicha tenencia no se limita a una actividad de consumo privado e individual, sino que se enmarca en una situación de posible difusión indeterminada".
Lo que es igual a no decir nada, y no decir nada, en esta materia, es autorizar al consumo, el consumo al libertinaje y el libertinaje a la autodestrucción, primero de las neuronas y después de la vida (que según algunos, es un bien sacro).