4D óptico
Un laboratorio es el punto de partida para una obra de teatro de ciencia ficción. ¿Suena raro? Para Javier Daulte no, ya que fue quien creó esta puesta que cuenta con dos realidades paralelas en las que un asesinato y una búsqueda científica se entrelazan.
La acción transcurre en los laboratorios Rosenvaart, donde unos científicos están experimentando con un aparato que, luego de una prueba fallida, abrirá una realidad paralela que tendrá a una cantante llamada Gina como centro de la acción. Emoción, suspenso y un ritmo acertado y aceitado son los puntales de una obra que tiene un texto interesante para abordar desde el humor.
Con un ritmo ajustadísimo en el que los cambios de vestuario y de escenario son fundamentales, la obra brinda un espectáculo de primer nivel. Se juega con cambios mínimos en la escenografía, con lo cual la imaginación del espectador es fundamental para completar la idea del autor.
Otro tanto ocurre con el vestuario que, con pocas modificaciones ?un saco, un guardapolvo o un par de zapatos o de lentes?, permiten la construcción de personajes diversos y heterogéneos que conviven dentro de un mismo actor. El sonido también aportará lo suyo en tanto construcción de muchas de las situaciones que atravesará el elenco.
El desarrollo es inteligente y dinámico, sin dar respiro pero sin apurar una acción con autonomía propia. De esta forma, es atrapante en sus detalles, permitiendo que se pase de una comedia de enredos a una obra de suspenso, con toques de romanticismo que, como es de esperar, surgirán entre los científicos. Ingeniosa en su desarrollo, las actuaciones son excelentes, con un trabajo grupal de primer nivel. La sincronización para las entradas y salidas en los cambios de escena e historias denotan la versatilidad del elenco.
Disfrutable de principio a fin, 4D óptico vuelve a ubicar a Daulte en un espacio de creador que se arriesga con nuevas ideas y propuestas.