"El PRO y los K decidieron que la crisis la paguen los de abajo"
"Cuando era chica una vez pasé un cumpleaños vestida con el uniforme del colegio porque no tenía otra cosa mejor para ponerme, mis padres podían hacerme la fiesta pero no comprarme ropa o al revés", cuenta la primera candidata a diputada porteña por Nueva Izquierda, Vilma Ripoll. Esa infancia con algunas privaciones, las iniciativas solidarias de un padre peronista y docente, haber sido educada en un colegio de monjas tercermundistas y haberse topado en la Universidad Nacional de Rosario con los trabajadores en huelga de Villa Constitución en los setenta y con las tareas sociales que hacían los miembros del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), definirán su vocación por la política. Licenciada en Enfermería, Ripoll es una de las pocas dirigentes de este país que cuando dejó su banca de diputada, a mediados de la actual década, volvió al lugar del que salió, su trabajo en el Hospital Italiano donde se desempeña en el área de Ginecología y Obstetricia. Se podría decir que es un bicho raro: no tiene auto y vive en un departamentito de 30 metros cuadrados. "Es chiquitito así, pero bueno, es lo que me pude comprar", explica ante el asombro de esta cronista. Pero tanta transparencia se da de bruces con la crítica de algunos de sus colegas que alguna vez la señalaron como la "representante de la izquierda pactista, acuerdista, en el mejor de los casos más democrática y con una afinada conexión con el matrimonio Kirchner". Lo que sigue es lo que cuenta hoy.
"Cuando llegué a la Universidad Nacional de Rosario, empecé militar con el PST, nunca estuve de acuerdo con los Montoneros, primero porque no me gusta la violencia y segundo porque tomaban decisiones que nada tenían que ver con la gente, entonces mataban a un tipo de la patronal por ejemplo, y después los militantes o los huelguistas tenían que andar escondiéndose y haciéndose cargo de algo que no sólo no habían hecho, sino que ni siquiera habían decidido. Lo peor es que los ponían en situaciones de riesgo de vida. Eso nunca me gustó". Por esa militancia en el PST llegó a ser presidenta del Centro de Estudiantes de la carrera de Enfermería, miembro del gobierno tripartito de la Universidad y fundadora del primer PAMI de Rosario, pero todo terminó cuando los militares se llevaron a una compañera de militancia y ella se fue derechito al exilio en Colombia, donde se reenganchó con los militantes del PST de ese país para seguir haciendo, por supuesto, política. La política siempre estuvo en la vida de Vilma Ripoll, aunque sea en otro país, no importa. Si hasta en Colombia la metieron presa, "por habernos pasado de mambo; en realidad, la policía tenía la sospecha de que las FARC habían decidido trasladarse del campo a la ciudad, entonces por las dudas me llevaron. Los interrogatorios a los que sometían duraban horas. No me golpeaban, la tortura consistía en que después de cada interrogatorio me amenazaban con repatriarme a la Argentina, donde yo no quería volver porque estaba el Proceso en su apogeo, estamos hablando de 1979, una época en que a mis padres los perseguían, les incendiaron la casa y en la que nunca faltaba un hijo de puta que dijera que tenían una hija guerrillera". En 1982 volvió para reconstituir la base territorial del PST. Vivió un año en la clandestinidad. A esta altura, no hay dudas que estamos frente a un animal político.
NU: - ¿Qué piensa de esas críticas, que usted es de la izquierda que pacta con el sistema?
VR: - Si el pacto con el sistema significa acordar y buscar la vuelta para facilitar la sanción de las leyes que los trabajadores querían, es verdad, soy pactista. Es por eso que logré la primera ley que recupera una fábrica para sus trabajadores, que conseguí el blanqueo del salario de los docentes, las seis horas para los trabajadores del subte, hice sancionar una norma que incluye a las madres embarazadas en las escuelas secundarias. Hice una gran cantidad de cosas que teniendo una sola banca yo diría que es un trabajo ciclópeo y difícil de conseguir.
NU: - ¿Y qué le pedían a cambio?
VR: - Nada, porque sabían que no iba a dar nada. Yo era de las que les decía en la cara a los otros diputados ?yo esta ley no te la voto, buscá por otro lado?. Muchas veces hice que otros diputados presentaran leyes mías porque sabía que si lo hacía otro iba a ser más viable que si lo hacía yo. Mi objetivo era que la norma saliera. Además, nunca dejé que las negociaciones se salieran del marco de los límites que me imponía mi partido y encima les decía al resto (de los legisladores) todo lo que tenía para decirles, en la cara y a veces a los gritos en medio del recinto. La verdad es que era durísima.
NU: - ¿A qué diputado de su época recuerda con especial estima?
VR: - A Enrique Rodríguez, a Eduardo Valdés, a Irma Roy... También a Alberto Fernández, que cuando se fue, me recordó especialmente en su discurso de despedida, a pesar de que teníamos grandes diferencias. Es más, hice de todo para que no entrara Elena Cruz, que reivindicaba a Videla y sin embargo, todos la votaron. Pero resulta que cuando entró, nadie le hablaba. Y yo, como todo lo que había que hacer lo había hecho antes, sí le hablaba y ella empezó a votarme las leyes de los trabajadores. Es más, nos mirábamos al momento de la votación durante la sesión y yo le decía con mímica: "Ahora". Elena entendió que mi pelea con ella era política, no personal. Yo no tengo peleas personales, porque sino, no podemos avanzar políticamente.
NU: - ¿Y hay alguien a quien no quisiera recordar?
VR: - A Aníbal Ibarra. Es un tipo que mientras vetaba las seis horas a los trabajadores del subte, autorizaba mayores costos para las obras a Benito Roggio. Hacía caja con el casino y con los boliches.
NU: - Ahora que quiere ser legisladora de nuevo, ¿qué se propone?
VR: - Yo creo que se viene un año donde va a haber una ofensiva especial sobre los sectores populares, porque tanto el Gobierno nacional como el macrismo han decidido que la crisis la paguen los de abajo. Entonces, creo que la Legislatura te da una ubicación privilegiada para tener herramientas adentro y afuera; creo que con esa situación es muy importante que haya una oposición de izquierda, porque además, el macrismo está haciendo leyes que no tienen nada que ver con lo que prometió durante la campaña electoral. El kirchnerismo le votó a Macri el 70 por ciento de las leyes y la Coalición Cívica, el 50 por ciento. Entonces, no hay dudas de que la Legislatura necesita una representación de izquierda. Se necesita una impronta socialista para que ante esta crisis tan grave se pelee con y por los trabajadores, entre otras cosas, porque ellos te dan una fuerza que no te la da un bloque legislativo entero.
(PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL SEMANARIO NOTICIAS URBANAS Nº 168, DEL 25/12/08)