"La ficción sufre un mal momento"
Leandro y Lisandro surge de una convocatoria que me hizo Pacho O?Donnell. Ésta es la tercera obra de Pacho en la que trabajo ya que me había convocado para El sable, en 2004, que encaraba el exilio de Rosas en Inglaterra. Rodolfo Bebán hizo de Rosas y yo hice de Echeverría. La segunda obra de Pacho que hice es Van Gogh, y allí elegí hacer a Theo. Ahora, meterse en la piel de Leandro N. Alem es como esos laberintos que proporcionan los dramaturgos. Pacho elige dos personajes que dejaron una huella muy particular en la historia argentina, quienes además decidieron quitarse la vida. Entre los dos hay compinchería y enfrentamiento. Se sacan los trapos al sol pero con mutua admiración. De la Torre lo trae a Alem cuando está por suicidarse para que lo ayude a decidirse. Son personalidades que han firmado con su vida la política argentina.
Impasse 1: Llueve y está pesado. Llegamos al Caras y Caretas con un poco de retraso. Juan está tomando un café. Nos saludamos y pido un cortadito. Se prende el grabador pero no arranca cuando doy vuelta el cassette. Después de tensos segundos, empiezo a grabar.
Estamos haciendo la obra en escuelas. Es una experiencia muy interesante que quiero que siga ocurriendo. Me apasiona andar de gira porque hay salas que son hermosísimas. La recepción fue muy fuerte. Los pibes no saben quiénes son estos tipos, que no son ni San Martín ni Belgrano. Creo que la obra les va a interesar ya que es un material que tienen que transitar, y además les llevan el teatro a la escuela. De chico fui un pésimo alumno de Historia. Zafaba para no irme a marzo. Me hubiese encantado que me ayudaran a comprender. Mucho de lo que he aprendido fue gracias al teatro.
En la televisión de hoy, los empresarios siguen apostando a determinados contenidos que les dan resultado porque la gente los mira. Entonces, ¿quién es responsable? ¿El público?, ¿los productores que hacen lo que el público les pide? ¿Quién se juega a cambiar y a llevar algo de contenido? Se produce en Canal 11 una novela con un buen nivel actoral y un buen libro y no mide lo que se esperaba. Esto desalienta la producción porque el mercado televisivo quedó reducido únicamente a nuestro país. Lo que se vende afuera es el formato (un caso es Los simuladores, de excelente nivel); en cambio, Colombia, Venezuela, México o Brasil te venden el producto con valor agregado. La industria del contenido de ficción está en su peor momento desde el ?somos actores, queremos actuar? de 2000. Se va a abrir mucho el juego con la televisión digital. Va a haber más producciones ya que se están conformando equipos de trabajo. Se está hablando con actores para ver que haya una ley por un criterio equilibrado en la industria y su protección, porque tanto los actores, directores y técnicos quedamos fuera del 60 por ciento de la producción nacional.
Impasse 2: Juan vivió de cerca la inseguridad cuando en 2007 recibió un balazo en la ingle mientras forcejeaba con un ladrón que entró a su domicilio.
Hay que ir a las causas de la inseguridad. Está bien que se aumente el control y que haya más patrulleros pero es una medida de emergencia. OK, pongamos patrulleros, pero no vas a la causa. Entonces ¿quién toma la decisión política de ir a la causa, de ir a las villas miseria o barrios a invertir en lo artístico, cultural y educativo? Lleva un trabajo de paciencia, perseverancia y convicción. Generar una cultura de trabajo en una sociedad que ha sido golpeada como la nuestra es muy difícil. Hay que definir prioridades y efectivizar un acuerdo social, que requiere mucho de los empresarios sensibles e inteligentes junto con los funcionarios y un fuerte control popular. Estamos hablando de quienes tienen mayores posibilidades para asumir una actitud solidaria. Esas redes, en las que Juan Carr es un capo, deben imitarse. El Estado y los que nos conducen deben cuadruplicar inteligencia, sensibilidad y acción concreta.
Me debo haber sentido dolido con que muchas de las cabezas visibles del espectáculo se hayan mostrado partidarias de la pena de muerte. No creo que ésa sea la solución pero tampoco voy a juzgar a aquellos que adhieren a esa idea, porque sino entramos en un cuadro de violencia y discusión del cual no se saldría, y hay que evitarlo. Parece que atender las causas de la inseguridad implica apagar el incendio con cualquier cosa y así vale todo. ?Hay que matarlos a todos? o ?prendan fuego las villas?. Eso no se me ocurrió ni siquiera cuando me enfrenté a un ladrón, aunque me produzca una profunda tristeza y sea un recuerdo difícil de sobrellevar.
Ahora, el tema pasa por lo que cada uno hace. No hay que perder la fe ni la esperanza aunque parece que perdimos la confianza entre nosotros. Tenemos que pagar peaje para recuperar esa confianza. Bueno, hablando de peaje, eso es un terrible afano. Y lo permitimos porque somos cobardes. Tendría que haber un movimiento acorde a lo que nos están robando. Tendríamos que hacer tres días de huelga de automovilistas y organizarnos como fuerza social. Sé que para muchos es una idiotez pero sería una señal para los empresarios. Así como hace tres años comprábamos celulares como locos, ahora se venden autos. Pero en nueve meses, no se va a poder andar por la cantidad que hay en la calle.