Matrimonio y algo más
Pronosticar el futuro político en la Ciudad es casi tan difícil como en el escenario nacional. Pero hay una certeza: por ahora, el único dirigente en el plano local que ?más allá de los cuestionamientos judiciales y carrera de obstáculos? aparece sólido en su rol de jefe y posible candidato, aunque no está confirmado para la contienda porteña, es el recientemente casado Mauricio Macri. Un breve párrafo para una ceremonia correcta, sobria y exprés, que realizaron el martes pasado. Allí la felicidad incontenible de los novios (Juliana Awada y el propio Macri) cortó la labor del resto de los invitados que deben llevar adelante la gestión porteña, quienes luego de la ceremonia volvieron, en su mayoría, a retomar actividades siguiendo las órdenes de Macri y bajo la atenta mirada de Horacio Rodríguez Larreta, el primero a la hora de las obligaciones. Hasta sirvió de bálsamo para las feroces internas por los espacios de poder que aquejan a la fuerza y que se vieron reflejadas, ahora, en la reciente pelea del bloque en el Congreso.
Si el macrismo parece ser la única fuerza sólida para las próximas elecciones porteñas, es a partir de la poca consistencia que la oposición ha logrado dar a su accionar. Porque los aciertos propios del PRO tampoco abundan. Es una fuerza que tiene en su mayoría parlamentaria y en el férreo liderazgo de su referente ventajas comparativas con las fuerzas opositoras. Y las usa con criterios a veces discutibles pero, en la mayoría de las veces, efectivos. De alguna manera, con un discurso mucho más contemplativo de las minorías y ?un trato políticamente correcto?, la ?escribanía? de la Plaza de Mayo es bastante similar a la que funcionaba de manera aceitada enfrente a la Plaza de los Dos Congresos, liderada por el kirchnerismo.
En la cúpula del PRO todos parecen halcones leales cuando están cercanos a Macri, pero en la medida en que se alejan empiezan los juegos peligrosos que ya le costaron ?con una buena candidata como Gabriela Michetti pero una pésima estrategia? una performance sólo regular en las elecciones de medio mandato. Los cortesanos encabezados por los que nunca firman nada y quieren conducir todo constituyen el círculo más estrecho del ingeniero y aportan la dosis de ingenuidad y alcahuetería con la que logran mantener contento a su jefe aunque lo meten en más de un brete. Por su cercanía son letalmente dañinos cuando se equivocan y eso sucede bastante seguido. Desde la Legislatura sobresale la labor de Álvaro González en el Presupuesto y la de Cristian Ritondo en la Comisión Investigadora, el primero consumiendo cientos de horas para llevar a buen puerto el proyecto del oficialismo y el segundo haciendo decoroso el papel del oficialismo en la defensa de la Policía Metropolitana, una buena iniciativa desde la concepción, que mostró graves deficiencias y un serio descontrol operativo y financiero en su implementación.
En el Ejecutivo, en lo que hace a desarrollo de áreas y cifras de inclusión en los distintos programas, se destaca María Eugenia Vidal, quien a pesar del bajo perfil cultivado se convirtió en el rostro más ?humano? del gabinete de Macri a partir de su buena gestión y es también una de las dirigentes preferidas del jefe para el año electoral. También Néstor Grindetti, ahora con un perfil más político que economicista, y Diego Santilli y su vistoso aparato en la calle completan desde su lugar el sueño de la reelección del PRO con esa rara mezcla de voluntades en la cual ?como en casi toda la Argentina? sobresalen aquellos que han pasado alguna vez por el peronismo. Macri, como dijimos aquí desde hace mucho tiempo, empieza a entender su destino más real y menos fantástico. Otros se ocuparán de sus sueños y ese sillón tiene un serio aspirante en el actual gobernador Daniel Scioli. Pero el país sigue de duelo político y en ese repentino respeto ciudadano, la que manda por ahora es CFK.