Publicado: 28/10/2010 UTC General Por: Redacción NU

Una multitudinaria despedida

Puerta adentro, en Casa Rosada, Cristina Fernández y su gabinete encabezan la despedida del ex presidente Néstor Kirchner. Afuera, miles de personas se concentran en Plaza de Mayo y los alrededores para manifestar su apoyo. Banderas, bombos, paredes pintadas, cánticos contra el vicepresidente Julio Cobos y una pantalla gigante para que nadie se pierda detalle de la ceremonia.
Una multitudinaria despedida
Redacción NU
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Los que más se hacen notar son los del gremio de Camioneros. Gritan más fuerte, empujan más fuerte, y son muchos más. Pero no son los únicos que están en Plaza de Mayo para acompañar la ceremonia de despedida del ex presidente Néstor Kirchner (también a la presidenta, Cristina Fernández) que tiene lugar en la Casa Rosada. De todas las corrientes internas, y de diferentes puntos del país, se acercaron a los alrededores de Balcarce 50 para decir presente.

Un estricto vallado que arranca en Avenida de Mayo y Florida guía la columna de personas que buscan, por lo menos, darle ánimo a la Presidenta y despedir por última vez al ex mandatario. Columna que llegó a alcanzar casi 15 cuadras.

Los grupos que cada sindicato aportó a la movilización su mezclaban entre sí, y entre los vendedores ambulantes de todo: comida, bebida, flores. Gente de todas las edades, con familia. También turistas, que dejan registrado con un click un día que quedará en la historia de la Argentina.

Ya en Plaza de Mayo, las rejas funcionan de santuario donde las personas fueron dejando su mensaje. Muchos de tristeza, otros tantos de aliento hacia la presidenta Cristina Fernández. Mientras tanto, se puede ver todo lo que sucede en la ceremonia, a través de una pantalla gigante.

El vicepresidente Julio Cobos es, también, protagonista de la jornada, como no podía ser otra manera. ¡Y eso que no se hizo presente en la Casa Rosada, en el hogar simbólico de su gobierno! Todos al unísono pidieron su renuncia.

Por el vallado de la calle 25 de Mayo fueron ingresando algunos de los políticos que luego se acercaron al cajón donde descansan los restos de Néstor Kirchner. Entre ellos, varios intendentes de localidades bonaerenses y los legisladores porteños Francisco ?tito? Nenna y Silvina Pedreira.

Si uno se descuida por un instante, si se permite olvidar lo que ha sucedido desde El Calafate hasta la Ciudad, tal vez crea por un segundo que se trata de un nuevo acto organizado por la presidencia para convocar el apoyo de sus seguidores de su histórica plaza. Si no fuera por esa fila que se estruja en el corredor vallado a través de cuadras enteras, donde los ramos de flores luchan por sobrevivir en manos de los dolientes que soportan estoicamente el calor, uno podría llegar a pensar que Néstor va a subirse en cualquier momento a una tarima y arengar a sus simpatizantes con ese estilo que despertó tantos amores y odios.

Pero Kirchner se fue, eso está claro para todos y a medida que la fila se acerca al ingreso del salón de los patriotas latinoamericanos, los rostros de quienes esperan dan fe de que ellos también se acaban de dar cuenta de que el hombre que encabezó la idea de la que muchos se sienten parte ha dejado de vivir.

La fila avanza, una vez más, a paso de tortuga; las banderas se reacomodan sobre el cielo impecable; alguien grita que no puede ser, que se están colando, que paren un poco. Cuando todo termine, cuando el duelo se traslade al cementerio, cuando los curiosos se aburran del espectáculo y cuando la última bandera haya abandonado la Plaza quedará el recuerdo del día en el que la gente de Néstor Kirchner fue a escucharlo por última vez.

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