Multitudinario adiós
Néstor Kirchner no se murió. Se consumió en 60 años de incandescencias, en los que conoció alternativamente los caminos de la dicha, la tristeza, el éxito y la derrota.
Cualquier cosa puede decirse de él, menos que convocó a la indiferencia. Militó con firmeza en un peronismo en crisis, al que llevó al gobierno en dos ocasiones y jamás concedió ?ni se concedió? siquiera un milímetro de hesitación.
En el día de su partida, miles de argentinos se congregaron en la Plaza de Mayo, en tanto que otras manifestaciones de lirismo, de dolor, de tristeza, pero también de esperanza, quedaron plasmadas en cientos de carteles que improvisados poetas escribieron amorosamente y pegaron en las vallas que rodean a la Casa Rosada y en las que dividen en dos a la Plaza de Mayo.
La mística que surge del dolor
En honor a este hombre, en apariencia áspero, pero afectuoso con sus amigos, a partir del mediodía miles de argentinos a los que nadie había llamado empezaron a llegar este miércoles a la Plaza de Mayo para rendirle su homenaje.
Las organizaciones que apoyan al Gobierno habían convocado a sus militantes a que se hicieran presentes a las 20.00 en la Plaza ?ésa que fue desde el 17 de octubre de 1945 el corazón de la política argentina?, pero muchísima gente decidió no esperar y se acercó, más por la necesidad de estar juntos que para generar un hecho político.
Allí se mezclaban los colores, las banderas y las actitudes. Había gente que marchaba organizadamente detrás de sus estandartes, pero predominaban los que habían decidido ir por su cuenta, las familias y hasta la gente que no se interesa habitualmente por los misterios de la política. Se mezclaban también las pieles oscuras de los habitantes del conurbano profundo con los atildados residentes de los barrios de clase media de la Ciudad. Los jóvenes militantes de este tercer milenio, que twittean como si la vida se les fuera en ello, se cruzaban con los viejos peronistas, de los que muchos apenas son capaces de encender una computadora.
Cuando promediaba la tarde, campeaba en la multitud ?porque ya era una multitud? un sereno dolor, que sólo era importunado por la algarabía que generaban los cánticos de las huestes juveniles, entre las que predominaba la identidad peronista. Fue así que la canción más escuchada de la tarde fue la ?Marcha peronista?, que atronó una y otra vez, coreada por los manifestantes, casi como un talismán contra el dolor y la tristeza.
En muchos momentos predominaba entre la gente un respetuoso silencio, una necesidad de mirarse hacia adentro, de reflexionar, de pensar en lo que viene y todas esas actitudes que asume la gente en los momentos más duros y más tristes.
Para muchos viejos peronistas, el sentimiento era similar al que reinaba aquel 1 de julio de 1974, cuando Juan Domingo Perón se fue de este mundo para ir a vivir al corazón de los argentinos. La misma tristeza, la misma sensación de desamparo. La diferencia es que en este caso Kirchner no estaba ejerciendo la presidencia, por lo que la línea sucesoria no está en cuestión. No habrá internas por el momento, aunque la muerte del jefe provocará inevitables reacomodamientos en el seno del peronismo.
Cuando llegó la noche, una segunda oleada de manifestantes, que algunos expertos en movilizaciones evaluaban en más de 100 mil argentinos, comenzaron a llegar, casi todos ellos organizados, alineados detrás de banderas y carteles. Desfilaron ordenadamente, cantando y desafiando a la desesperanza, convocando a los indiferentes y prometiendo que este jueves, día del velatorio y en coincidencia con la llegada de este semanario a los quioscos, habrá un nuevo 17 de octubre.
Las flores, la poesía y la historia
La valla que suele servir para evitar que algunas manifestaciones se acerquen demasiado a la Casa Rosada quedó tapizada en la tarde por los mensajes y las flores que dejaron las manos de millares de anónimos argentinos. La literatura del dolor estaba teñida, en este caso, de palabras amorosas, pero entre ellas predominaba claramente la palabra ?Gracias?, dirigida tanto a Néstor Kirchner como a la Presidenta.
Los hijos de un conocido periodista deportivo dejaron un mensaje que seguramente representó a muchos: ?Millones de lágrimas censadas?, se leía en la valla, devenida en diario mural.
También podían leerse muchos ?Fuerza, Cristina?, que eran a la vez un ruego y una apelación.
Uno de los muralistas no quiso contener su acidez: ?Le pegaste al chancho, saltó el dueño. Tu mejor movida, lo demás es chamuyo. Campo, milicos, medios, curas, jueces festejan?. La misiva terminaba con un enigmático ?No pueden más?.
Otros eligieron la lírica de la tristeza para festejar al que fue en vida intendente de su ciudad natal, Río Gallegos; gobernador de la provincia de Santa Cruz y presidente de los argentinos. En esta dirección, alguien escribió: ?Porque el que murió peleando vive en cada compañero. Fuerza, Cristina?.
En la heterogeneidad de los mensajes se filtró alguna apelación al heroísmo, como aquella leyenda que rezaba: ?No hay amor más grande que dar la vida por sus hermanos. Del dolor renace la fuerza y la esperanza. ¡Fuerza, Cristina! También estuvieron los que convocaron a la esperanza. ?Cristina, tu pueblo te necesita?, podía leerse, casi como un ruego surgido de la pluma de un argentino desconocido.
Otro de los mensajeros utilizó la historia para explicar el presente: ?Belgrano, San Martín, Rosas, Perón, Evita, Néstor, Kristina... Bárbaros, las ideas no se matan?.
Colmado de lirismo, un grupo de argentinos se retrotrajo a la historia del peronismo para explicitar sus sentimientos: ?Eva, Perón y Néstor, juntos en el cielo. En la tierra, todos con Cristina?. Firmaba este cartel La hora de los Pueblos.
En el dolor, a veces se mezclan la poesía y los deseos de eternidad: ?Cristina, Néstor no murió. Florece en nuestros corazones?, se esperanzó una mujer y lo pegó precariamente en la valla, con cinta adhesiva y alambre.
Para el final quedaron los agradecimientos, que fueron muchos. En un cartel se leía: ?Néstor, gracias. Nos convocaste a muchos exiliados a retornar a la Patria?. Otro, emocionado, escribió: ?Gracias, Néstor, por devolvernos la esperanza. Estarás eternamente en nuestros corazones?.
La voz del pueblo
Un hombre con ropas típicas del pueblo diaguita tocaba la jaca ?una especie de trompeta de caña, que imita a la pava del monte, que sirve para convocar al combate? cerca de la Pirámide de Mayo.
?¿Se van a poner difíciles las cosas ahora?
?Sí, pero tenemos una presidenta fuerte, a la que le venimos a dar un apoyo como pueblo originario. Yo soy bisabuelo y mañana espero venir con toda la familia, vestidos con nuestra ropa para despedir a Kirchner. Creo que todo el mundo originario está conforme con lo que él hizo con nosotros, por eso vamos a venir a despedir al hermano Kirchner. No nos vamos a olvidar nunca de él. Yo, como abuelo, conozco qué coraje que tuvo para estar adonde está.
Entre la heterogénea concurrencia se destacaban dos jóvenes que desplegaban una bandera chilena. ?Este país me dio cosas que mi país no me dio. Me dio orgullo, me dio una posición como persona, es decir, sentirme alguien?, soltó uno de ellos, llamado Alberto, natural de Santiago de Chile. ?Vivo acá hace 20 años ?continuó?, y mi propósito era nacionalizarme para votar por Kirchner, para que Néstor siguiera adelante. Acá encontré el corazón de la gente, el apoyo. Siempre hay solidaridad en la gente, siempre hay compañerismo, o sea, nunca estás solo?. Alberto se quejó por la filmación del rescate de sus compatriotas de la mina San José. ?Fue todo muy mediático. Era como la búsqueda de que logre la fama el actual presidente. Fue un desplante mayor para la gente. El tipo puso la sonrisa y la cara y nada más. Lo demás lo hizo la gente. Fue la energía que emanaba de esa gente.?
?Kirchner es parecido a Salvador Allende, el más importante presidente que tuvo Chile en su historia. Para mí es como Allende, ése es mi sentimiento?, remató con emoción el joven, que reside en Santos Lugares.
Stefi, una adolescente, vendía sus rosas en la entrada de la Plaza, frente a la Catedral. Consideraba que sus productos eran caros, a dos pesos por unidad. A las 18.30 calculaba que había vendido unas 200 flores. ?La gente las lleva como un recuerdo para dejarle a Kirchner, casi siempre con una nota que dice: ?Cristina, te apoyamos?. Lo que sucedió fue una tragedia muy dolorosa para la gente, porque Kirchner ha sido muy buen presidente, porque ayudó, ayudó mucho. Por eso toda la gente lo recuerda?, remató la tímida jovencita.
Un dirigente social de Lugano, Miguel ?Mope? Eviner, consideró que ?hoy fue un día triste, difícil, pero aprendimos de las Madres a transformar el dolor en lucha. Estamos convencidos de que el pueblo argentino se va a recuperar. Lo que viene es profundizar el modelo, porque se está construyendo un modelo de país en el que se recuperó la dignidad de los trabajadores, en el que los que menos tienen han logrado mejorar su calidad de vida, aunque, como decía el Pingüino, apenas hemos abandonado el infierno?, advirtió este dirigente de La Tendencia.
?Este modelo es político, social y productivo, no sólo se define por lo económico. Buscamos una Argentina que pueda poner valor agregado a su producción. Pero hoy vinimos para darle fuerza a Cristina, nuestra Presidenta Coraje, como la llamaba el Flaco, y decirle que estamos todos acá, dispuestos a seguir construyendo una Argentina que merezca ser vivida?.