Publicado: 17/06/2012 UTC General Por: Redacción NU

“Preservar no es embalsamar”

El director general del Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires dialogó con Noticias Urbanas sobre las medidas que se toman para proteger esa área patrimonial y sobre la restauración de la iglesia de San Ignacio.
“Preservar no es embalsamar”
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El Casco Histórico San Telmo y Monserrat se ubica en el polígono definido por las calles Bartolomé Mitre, Ingeniero Huergo, Brasil, Paseo Colón, Martín García, Montes de Oca, Finochietto, Lima, Independencia y Combate de los Pozos. Abarca 250 manzanas, sobre una superficie de cinco kilómetros cuadrados.

Apenas unos metros más allá del límite sur del Casco Histórico, en las inmediaciones del Parque Lezama, algunos cronistas sitúan el lugar exacto en el que Buenos Aires fue erigida por primera vez por el adelantado Pedro de Mendoza, el 2 de febrero de 1536.

Esta zona de la Ciudad es una de las más valiosas desde el punto de vista histórico, cultural y patrimonial porque allí se asientan algunos de los edificios más antiguos, que ofician de un mudo testimonio del pasado.

Luis Jacobo Grossman es el director general del Casco Histórico, que tiene a su cargo el cuidado del área en la que nació Buenos Aires.

?Nuestra misión principal es la de proteger y mejorar la zona fundacional de la Ciudad de Buenos Aires. Por lo general, en esta parte de la Ciudad tenemos edificios y calles muy antiguos, de los que algunos llegan hasta los dos o tres siglos de antigüedad, que exigen cuidados especiales y chequeos, como todos los viejos?, informa el funcionario, que explica: ?Damos asesoramiento y conseguimos subsidios para los que tienen que poner en valor fachadas o edificios. Otra tarea es la de defender esa zona de la dinámica a veces excesiva o abusiva de la actividad inmobiliaria?, se preocupa Grossman.
?Esto tiene una razón muy simple: los centros históricos están siempre muy cerca del centro económico de las ciudades. En Buenos Aires, en Nueva York o en Londres, el downtown es la zona en la que pasan las cosas, por lo que todas las empresas quieren tener sus oficinas cerca de allí, porque es donde están los bancos, las compañías de seguros, las otras empresas y las oficinas gubernamentales. De todos modos, esta instalación no siempre es posible, porque todas las ciudades nombradas tienen un centro histórico protegido y con restricciones?, expresa Grossman a Noticias Urbanas.

?Lo mismo, yo siempre sostengo que conservar no es paralizar. Preservar no es sinónimo de embalsamar, porque lo embalsamado está muerto y, por el contrario, nosotros hemos revitalizado la zona. Así, hemos logrado que muchas empresas instalen oficinas de alto estándar, de mucha calidad y confort, en edificios patrimoniales, en los que han debido invertir para adaptarlos a sus necesidades sin alterar su esencia?, se entusiasma este arquitecto especializado en patrimonio urbano.

San Ignacio

En el año 2003 casi colapsó la iglesia de San Ignacio, que fue construida por los jesuitas desde 1686 e inaugurada en 1712. Este templo, que es el más antiguo de la Ciudad, debió ser reforzado y reconstruido. Por estos días se lo puede visitar como en los viejos tiempos.

?La iglesia de San Ignacio ya no está más en peligro como lo estaba hace unos años ?manifiesta Grossman con alivio?. Habría que invitar a todo el mundo a visitarla por fuera y por dentro, porque es una joya. Es la iglesia más antigua de la Ciudad, en 2010 se cumplieron los 300 años de su construcción. Es de 1710, usted piense que en el año 2010 la República Argentina cumplió su bicentenario mientras San Ignacio cumplía su tricentenario?.

Grossman cuenta que se debió reforzar su estructura, arreglar las grietas que tenía y se trabajó en las tareas de conservación. ?Se hicieron refuerzos en la base de la cúpula y en los cimientos que corren sobre la calle Alsina, que habían sido afectados por una filtración de agua que provocó rajaduras en la torre norte ?relata el funcionario?. Luego se apuntaló el edificio. El interior de la iglesia fue restaurado con mucho cuidado. Los retablos y los altares son deslumbrantes. Mire, yo que no soy católico entro ahí y me conmuevo, imagínese?.

Desarrolladores versus conservadores

Grossman, que durante muchos años fue columnista del diario La Nación, reflexiona: ?En su momento hubo en esta zona de la Ciudad una batalla que definí como ?en este rincón? José María Peña, versus Rodolfo Vinelli?. Ellos eran los contendientes. El primero, un conservacionista, y el segundo, cabeza de una gran inmobiliaria. Hoy debo reconocer que si no hubiera sido por Peña, el Casco Histórico no existiría, y una ciudad como Buenos Aires no se merece esa amputación?, subraya el funcionario.

?No se puede permitir que a la Ciudad le amputen el Casco Histórico nada más que para sumar metros cuadrados y levantar un par de torres. Eso no ocurre en ninguna ciudad que se precie en el mundo, aunque he visto en Londres, por ejemplo, aparecer un edificio contemporáneo en zonas en las que se derrumba una antigua construcción o hay un espacio vacío?, expresa a continuación el especialista.

?De todos modos ?prosigue Grossman? debo aclarar que Peña es un enemigo de la nostalgia y sostiene que si hubiera un terreno baldío en la zona del Casco, el edificio que se levante en ese lugar debería tener el lenguaje contemporáneo. Tiene que respetar las normas, pero no debe imitar el estilo arquitectónico antiguo para mimetizarse con los demás edificios?.

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