Ibarra y un guiño a la masonería
El jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, inaugurará este jueves a las 10 las obras de restauración y puesta en valor del edificio de la Logia Masónica Los Hijos del Trabajo, ubicado en San Antonio 814, de Barracas, que encararon la Secretaría de Cultura de la Ciudad y la Corporación Buenos Aires Sur.
El arreglo del inmueble, una casona centenaria con valor histórico, cultural y arquitectónico por ser uno de los escenarios del transcurrir diario de Barracas y por su imagen generadora de identidad barrial, es parte del proyecto "Aquí Patrimonio", instrumentado por la Subsecretaría de Patrimonio Cultural, dependiente de la Secretaría de Cultura porteña y en el que la Corporación Buenos Aires Sur tiene una activa participación.
Además de Ibarra, en la ceremonia estarán el secretario de Cultura de la Ciudad, Gustavo López; la subsecretaria de Patrimonio Cultural, Silvia Fajre; el presidente de la Corporación Buenos Aires Sur, Enrique Rodríguez; la directora general de Patrimonio, María de las Nieves Incollá.
La puesta en valor de este histórico edificio trajo aparejada la firma de un acuerdo del uso del inmueble, lo que permitirá que sea visitado y utilizado para diversas actividades por los vecinos, que podrán participar de las ceremonias de graduación de los miembros de la institución.
En los barrios de Barracas y la Boca, lugares de activa presencia masónica, se formaron las primeras agrupaciones gremiales, alentadas intelectualmente por logias que, en ocasiones, brindaban apoyo económico y espacio para reuniones clandestinas en esta zona donde proliferaban negocios, talleres, industrias y viviendas modestas levantadas por inmigrantes, en su mayoría italianos.
La Logia Masónica Los Hijos del Trabajo fue fundada el 14 de mayo de 1882, y debió mudar su sede en varias oportunidades, siempre dentro de los límites del barrio de Barracas, para instalarse en forma definitiva en su sede actual de la calle San Antonio 814.
En junio de 1890 se consagró este Templo Masónico. Su arquitecto y constructor fue Francisco Cabot (hijo), mientras que los trabajos de pintura y decoración estuvieron a cargo de Francisco Prato y del francés Claudio Dive. La Logia compró un terreno con una casa chorizo existente y en la primera etapa construyó el templo en las habitaciones contiguas a la sala de recibo.
La Corporación Buenos Aires Sur quedó encargada de la restauración y puesta en valor del edificio, tanto en el interior como en el exterior, con el formato original en cuanto a forma, color y diseño. Se trata de un edificio de estructura portante de mampostería, con techos de bovedillas y cubiertas de chapa acanalada, presentando una fachada significativamente decorada y colorida, con revestimiento símil piedra cubierto por varias capas de pintura. El edificio responde a la tipología residencial de la "casa chorizo", con un tratamiento de fachada adaptado a su uso como sede masónica.
Sobre un proyecto de la Dirección General de Patrimonio, se hizo la limpieza de la casona, se restauraron los ornamentos, las carpinterías, la puerta de acceso, las ventanas, las celosías y las cubiertas de chapa y losa del Gran Salón y de la Biblioteca Federico Garrigos. Asimismo, se intervino la caja principal del Gran Salón: se consolidaron los revoques existentes, tanto en muros como en cielorraso, se reconstruyeron y restauraron los murales y los pisos de madera.