Publicado: 14/11/2010 UTC General Por: Redacción NU

El cajero de la salud

Un poderoso empresario, relacionado a tabacaleras y a un hospital privado, maneja el presupuesto, las obras y los abogados del sistema de Salud porteño. Lo acusan por gastar medio millón en la compra de autos y por malos acuerdos con un laboratorio que entrega remedios en cajas de pizza.
El cajero de la salud
Redacción NU
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Su apodo es sinónimo de poder en el ámbito de la Salud pública. Ralph. Simplemente Ralph Kirby. Así aparece en el organigrama oficial del Gobierno de la Ciudad. En lugar de Rodolfo Antonio, como figura en su DNI. Ostenta su poder haciéndose llamar como su abuelo inglés.

Pero Kirby es más que todo eso. Hombre fuerte del Hospital Británico es, además, el funcionario que maneja en los hechos el sistema de salud público de los porteños. Kirby es el poder real detrás del ministro más cuestionado de la gestión PRO, Jorge Lemus. Por su profesión en el sector privado, Kirby no puede ocupar el primer plano de la cartera de Salud, aunque en los hechos la maneja.

Sucede que Ralph no es médico. Su profesión es ingeniero químico. Su capital inicial en el ámbito de la salud es haber manejado una empresa relacionada con el sector. Química Estrella nació hace más de 150 años como una farmacia, que con los años se convirtió en Droguería La Estrella. Al mismo tiempo, se volcó a la producción de algodón. Luego llegarían los agroquímicos y los pañales y las toallas femeninas (con Química Estrella San Luis).

Durante quince años (de 1992 a 2007) fue gerente general y vicepresidente del conglomerado de empresas que formaban Química Estrella, que luego incursionó en la producción de productos de alimentación, hoy Grupo Estrella, que cotiza en bolsa y produce el Arroz Gallo, las chocolatadas Toddy y Zucoa y la yerba mate Cruz de Malta.

Kirby asegura que nunca estuvo involucrado en política partidaria o gestión estatal alguna, aunque compartió actividad comercial con el ex ministro de Economía de la última dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz y se lo involucró en la causa de los empresarios millonarios que inexplicablemente sortearon la confiscación de depósitos del corralito de 2001.

Su llegada al macrismo fue gracias al ex presidente interino de la Nación y empresario yerbatero, el misionero Ramón Puerta. Éste fue su principal proveedor para Cruz de Malta. Kirby y Puerta, con el tiempo superaron la relación cliente/proveedor y se hicieron buenos amigos. Así logró Ralph arribar al gobierno de Mauricio Macri, actividad que, según sus palabras, desarrolla con fines sociales, como una especie de empresario que hace filantropía.

Kirby tiene un solo antecedente en la administración sanitaria: haber integrado el consejo administrativo del Hospital Británico, cuyos miembros son elegidos dentro de un grupo de fideicomisarios que provienen y representan a la Comunidad Angloparlante de Buenos Aires. Hoy, el funcionario más fuerte de la cartera de Salud, además, es una de las autoridades del Británico: vocal titular. Aunque la ley prohíba desarrollar al mismo tiempo una actividad privada y otra pública, Kirby se justifica diciendo que lo que hace en el Británico es sin fines de lucro.

Su experiencia empresarial y sus contactos con la diplomacia inglesa lo llevaron a la cumbre del Ministerio de Salud de la Ciudad, específicamente, a la Subsecretaria Administrativa del Sistema de Salud. Este puesto, que para la mayoría de los mortales es insignificante, lo convierte en el hombre clave que determina la política sanitaria, excepto para poner la firma y la cara ante los medios de comunicación.

Ralph Kirby es el ministro en las sombras, porque a los 67 años maneja el segundo presupuesto en importancia de la Ciudad, casi cinco mil millones de pesos que, según se prevé, le serán asignados para el próximo año, en un presupuesto general que, se estima, superará los 25 mil millones de pesos.

Desde allí, no sólo controlará a rajatabla el presupuesto de los hospitales. También decidirá sobre el destino de los miles de profesionales que se designan en planta permanente, contratados o cualquier otra modalidad. Como si esto no alcanzara, el megaempresario mantiene bajo su poder otras áreas claves del Ministerio a través de direcciones generales.
Desde las construcciones y remodelaciones, pasando por los abogados que responden los embates de la justicia, hasta llegar a los contadores, todo pasa por el control de Ralph.

Desde el propio gabinete del Ministerio de Salud revelaron su pasado empresarial, que poco tiene que ver con la salud. De hecho, todo lo contrario. ?Es un empresario que pasó por Massalin Particulares y Philip Morris. Él unifica empresas. A veces tenemos muchas diferencias, sobre todo a la hora de entender a la salud como una inversión a largo plazo. Los misioneros empresarios (así llama a los recomendados por Ramón Puerta, ex gobernador de esa provincia) miden todo por eficacia y resultados. Su lógica es empresarial, no del Estado. A veces les cuesta entender las responsabilidades de los funcionarios, el deber del cumplimiento del funcionario público?, reconoció ante Noticias Urbanas un hombre cercano a Lemus, que lo acompaña desde la vieja militancia en el radicalismo.

El propio subsecretario, Kirby, dialogó con NU y resaltó: ?En el ámbito privado uno manda a hacer algo y si no se cumple echás al responsable. En cambio, en el Estado tenés resoluciones, decretos y leyes. No podés echar a nadie?. Otros altos integrantes del Gobierno porteño definen su accionar con una frase: ?A él le importan más las reactualizaciones de las licitaciones que cumplir con las sentencias judiciales?.

Esta definición, a Kirby no lo inquieta, aunque se encarga de desmentirla. ?Me paso más tiempo respondiendo amparos judiciales que haciendo obras?, sostuvo mientras bajaba las escaleras de salida de la Legislatura porteña que desembocan en la calle Hipólito Yrigoyen, tras la exposición presupuestaria que realizó su área.

Funcionarios gubernamentales explicaron sus diferencias con el empresario: ?Hoy la orden es que al Ministerio de Hacienda no se le saca un peso. En los otros gobiernos aprovechábamos cada amparo para que Hacienda nos tirara un mango. Hoy ni eso se usa porque está cerrado el grifo?.

Los medicamentos en cajas de pizza

El miércoles de esta semana, a lo largo de casi siete horas, la plana mayor del área de Salud quedó expuesta ante los legisladores de la Comisión de Presupuesto. Debieron responder incómodas preguntas. Es que dos diputados porteños dejaron entrever graves acusaciones en el manejo de cientos de miles de pesos.

Primero fue el presidente de la Comisión de Salud, Jorge Selser, ex médico del hospital Argerich, quien cuestionó las contrataciones con la droguería Progen. ?Progen pasa como presupuesto al Ministerio un medicamento a 5,65 pesos mientras que el hospital lo paga 2,65 pesos. También tengo los datos de un remedio que el laboratorio le cobra al Estado 50 centavos y el hospital paga 15 centavos. Además, por este laboratorio recibí más denuncias por irregularidades. Entre las más graves está el envío de medicamentos en cajas de pizzas. Encima, el servicio de Progen es insuficiente, ya que cuenta sólo con cuatro camionetas?, afirmó Selser, del bloque Proyecto Sur.

Por el escándalo del tema Progen, el subsecretario Kirby esbozó una justificación que lo complicó aún más. ?Progen es el nombre que reúne a varias empresas. En realidad es una compañía de cuatro laboratorios. Antes entregaban los pedidos en cajas de papas fritas y luego fue en cajas de pizzas?, reconoció el funcionario la acusación de Selser.

Luego atinó a aclarar: ?Igualmente, los medicamentos iban envasados. Además, ese mecanismo no va más?. Sin embargo, los legisladores se escandalizaron por la despojada confesión.

Luego, y ante el avance de las críticas de los diputados porteños, Ralph trató de defenderse diciendo: ?No minimizo la irregularidad cometida, sino que la pongo en contexto?. El legislador Sergio Abrevaya, de la Coalición Cívica, recordó que en la licitación por la compra de medicamentos participó un solo laboratorio. Justamente Progen.

?Es cierto que la empresa tiene orden de compra por 110 millones de pesos. Pero un 40 por ciento de los medicamentos los compran los hospitales. El resto, por licitaciones en la Unidad Especial de Compras unificada?, se defendió Kirby y ante el desconocimiento generalizado de las siglas que citaba, UPE-UOAC, el propio funcionario aclaró que es ?un directorio para las licitaciones que integran dos funcionarios de Salud y dos de Hacienda?.

El otro subsecretario y ex jefe de gabinete del área, Néstor Pérez Baliño, afirmó: ?Las licitaciones son globales, por lo tanto, es difícil de comparar con una sola compra que hace un hospital. Así se puede comprar el medicamento pero también la distribución, el control de stock, que no haya vencimientos y protegerse de los robos. Así se maneja el sector privado?.

Autos de lujo

Diego Kravetz, del Bloque Peronista, destapó otra presunta irregularidad. ?Usted compró cuatro Citroën C4 y gastó medio millón de pesos. ¿Me puede decir con qué finalidad sanitaria??, preguntó el legislador mirando a los ojos a Lemus, el ministro de Salud.

?La compra de cuatro autos último modelo para el ministro y sus tres subsecretarios fue de manera directa, a 125 mil pesos el costo de cada auto. Nunca pasaron por la Dirección de Flota Automotor, la que tiene que hacer las especificaciones técnicas para la compra de los vehículos. Tampoco se hizo por licitación pública?, prosiguió el legislador, de profesión abogado. Este medio consultó a Kravetz si iniciará acciones legales contra los funcionarios. ?Ellos se comprometieron a remitir la información. Después de que la envíen veré los pasos a seguir?, señaló.

Quien maneja las cuentas y la billetera de la cartera de Salud, Ralph Kirby, contestó en lugar de Lemus, como hizo siempre que se preguntaban cuestiones de finanzas. ?Compramos autos nuevos porque se terminó la vida útil de los anteriores?, aseguró. Noticias Urbanas, terminada la reunión, también consultó a Kirby por los Citroën C4. ?Todavía no los entregaron. Tendríamos que recibirlos este lunes?. En la calle lo esperaba un chofer que maneja un Renault gris.

Por su parte, el diputado Kravetz recibió una querella del director del Hospital Neuropsiquiátrico ?Braulio Moyano?. La disputa judicial nace por el Protocolo de Investigación, o sea, por el hecho de que hay pacientes que reciben plata a cambio de dejarse probar drogas, similar a conejillos de la India.

?Dije que era Mengele y me querelló. Vaya adelantándole a Alberto Monchablón que me mantengo en mis declaraciones?, dijo el legislador, quien está en pareja con la subsecretaria de Niñez del Gobierno porteño, Soledad Acuña, antes legisladora y titular de la Comisión de Salud.

El más claro ejemplo de la lógica empresaria en Salud es el cierre del programa de Zooterapia del Parque Roca para chicos discapacitados. Los argumentos de los funcionarios ante la cuestionada medida fueron que había ?animales no analizados por el Pasteur, no se atiende a la gente que dicen y las historias clínicas están mal realizadas?. Una legisladora respondió: ?Entonces para ustedes, es mejor cerrar que mejorar el lugar?.

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