Vidal: "Corrupción: ¿por qué nunca pasa nada?"
La noticia es esta: en 2025, Argentina volvió a caer en el índice global que mide la percepción de la corrupción. Obtuvimos una calificación de 36 puntos, siendo 100 el puntaje que se le da a los países más transparentes y 0 a los menos. Caímos un punto respecto al año anterior y quedamos en el puesto 104 de 182 naciones. Una señal de que en materia de transparencia y lucha contra la corrupción, la cosa no marcha.
Es cierto, hay países de la región que están debajo de nosotros en el ranking. Pero también hay otros, como Uruguay (puesto 17 con 73 puntos) y Chile (puesto 31 con 63 puntos) que están muy por delante.
Y no se trata de un número. Se trata de la confianza y de la credibilidad que hay en nuestro país, en nuestras instituciones, en nuestra Justicia. Se trata de la imagen que damos: la de un país serio, donde no da lo mismo hacer las cosas bien que hacer las cosas mal, o la de uno donde reina la impunidad.
Este índice, que elabora desde 2012 la organización Transparencia Internacional, llegó a un piso en 2015, último año del kirchnerismo, cuando se ubicó en 32 puntos. Durante la gestión de Mauricio logramos revertir la tendencia. Mejoró en 2016, en 2017, en 2018, y en 2019 llegó a su máximo histórico: 45 puntos.
No fue casualidad. El índice mejoró porque dimos los mensajes correctos y porque adoptamos una actitud y una posición clara en contra de la corrupción y a favor de la justicia. Porque empezamos a trabajar seriamente en una legislación que penaliza la corrupción de los políticos. Porque hicimos más transparentes los procesos de la administración pública.
Porque dejamos trabajar a la Justicia con plena independencia. Y porque cuando hubo dudas sobre algún funcionario o algún programa de nuestro gobierno, pusimos a todos los responsables a disposición rápidamente para que den las explicaciones que correspondían.
Cuando uno administra recursos públicos, hay que explicar siempre. Ante la ciudadanía y ante la Justicia. Cuando esa explicación no está, se despiertan las dudas. Y con las dudas, la desconfianza. Eso es lo que ha pasado desde que estalló el año pasado el escándalo por presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad. Nadie ha explicado nada, lo único que escuchamos es que hubo una operación, pero lo cierto es que la Justicia determinó que había razones suficientes para procesar al ex director ejecutivo del organismo, que era un funcionario cercano al presidente y otros funcionarios importantes del gobierno.
¿Sabremos algún día la verdad de lo que pasó? Ojalá no tengamos que esperar lo que esperamos en otras causas. Como en Vialidad, que se denunció por primera vez en 2008 y que tuvo una condena… en 2022. O la Causa Cuadernos, que se abrió en 2018 y hoy finalmente está avanzando.
Hablando de la Causa Cuadernos, ¿se acuerdan por qué avanzó en sus inicios? Sí: fue porque en diciembre de 2016 aprobamos la Ley 27.304, popularmente conocida como la Ley del Arrepentido. Una iniciativa para facilitar la investigación de delitos complejos con múltiples implicados.
**¿Cuáles fueron las iniciativas en estos más de dos años para combatir en serio la corrupción? ¿O el tema no está en la agenda del “Congreso más reformista de la historia”? ¿Algún diputado o senador está pensando en volver a poner en la mesa el proyecto de Ficha Limpia, que el año pasado estuvimos tan cerca de hacer ley y que se cayó en el Senado? ¿Se va a votar la imprescriptibilidad para los delitos de corrupción? ¿Alguien ha pensado en la aplicación de herramientas de la IA para garantizar mayor transparencia en las licitaciones y en los diferentes procesos administrativos del Estado? **
Por lo pronto, tenemos una oportunidad para avanzar en marzo con algo muy básico, que es la aprobación de los pliegos para jueces federales. Hay que ser justos: uno no puede reclamar un funcionamiento más ágil a la Justicia si tiene más de 200 vacantes sin cubrir. Sin hablar de la Corte Suprema, la cabeza de uno de los tres poderes del Estado, que tiene un puesto sin ocupar desde 2021 y otro desde 2024. ¿Vamos a realizar las designaciones para esos cargos tan importantes? ¿Y qué vamos a aprobar? ¿Jueces competentes, que puedan dar cuenta de una conducta intachable? ¿O nombres afines a uno u otro partido?
Si hay algo que al menos a mí me queda claro es que hay una sola forma probada para reducir la corrupción: el voto de la gente. Cuando se avanzó en serio, fue porque, más allá del gobierno, las personas dieron un mensaje claro en las urnas. Ojalá el gobierno decida encarar una agenda que hoy nadie parece querer tomar. Y ojalá en 2027 los argentinos vuelvan a dar un mensaje contundente contra la corrupción que tanto daño nos ha hecho.