Una propofest por 2000 dólares, subí que te llevo
La utilización de fentanilo y propofol en fiestas clandestinas, dos potentes hipnóticos, adquiere dimensiones de modalidades descontroladas. Un prestigioso médico de un hospital público porteño confirma a Noticias Urbanas los excesos y cuenta cómo se organizan ese tipo de eventos sociales. No es joda, la joda. Por 2000 dólares estás adentro.
El profesional de la salud, en primer término, relata como los involucrados, en particular anestesistas y enfermeros, consiguen sus productos “recreativos”, que, sin embargo, ya costaron dos muertes investigadas por la justicia. “Un anestesiólogo, ante cada operación quirúrgica, se provee en la farmacia de cada hospital o sanatorio de los medicamentos (anestesias) que tendrá que utilizar en cada caso”.
“En el quirófano cada uno hace los suyo y no nos controlamos entre nosotros porque estimamos que estamos todos capacitados”, agrega.
Todos los excedentes, de propofol o fentanilo, quedan en manos de los organizadores de fiestas, cuyos detalles son un paseo por Disneylandia.
La primera variante de la movida, son “reuniones de trabajo”. Los participantes son enfermeros y anestesistas. Una especie de secta exclusiva. Después de horas y horas de labor, en algún lugar utilizado como vivienda por los actores, se juntan en grupos de tres o cuatro personas para inyectarse las drogas farmacólogicas.
El efecto los pone en un clima de levitación, en el mar de la tranquilidad, y de a poco se duermen. Solo unos diez minutos, y cuando se despiertan están en carrera para seguir con cualquier actividad. Rescate express. En una de esas experiencias pasó al otro mundo el médico anestesista Alejandro Zalazar, de 29 años, integrante de la guardia del hospital de niños Ricardo Gutierrez.
A Zalazar lo encontraron muerto en su departamento de Palermo. En ese caso está involucrada Chantal Leclerc y Delfina “fini” Lanusse, señaladas como acompañantes habituales del fallecido. En esa oportunidad encontraron ampollas de propofol y fentanilo y otras drogas.
“El tipo se pasó de rosca”, sentencia en lenguaje sencillo el médico consultado por NU. Lo encontraron desvanecido, todavía con una banda elástica atada a su tobillo, un elemento que se usa en medicina para restringir el flujo de presión sanguínea. “La modalidad de inyectarse en el pie tiene una explicación simple –dice la fuente que prefiere conservar el anonimato- y es que en algún momento deben volver al quirófano con sus delantales de manga corta y serían evidentes los pinchazos en los brazos”.
Todos los hospitales públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires están en alerta máxima e iniciaron investigaciones internas. Los privados también. En esa lista figuran, entre otros, el Italiano, la Trinidad, el Finocchietto y la fundación Favaloro. La Asociación de anestesiología, que registra al 90 por ciento de los profesionales, también trabaja en cómo mejorar los controles.
Las fiestas sociales califican en otro rango, delirante. Un organizador, generalmente del rubro de las relaciones públicas de la noche porteña, un inversionista y los socios activos que deben desembolsar 2000 dólares estadounidenses para acceder al parque de diversiones. Subí que te llevo. La membresía se activa siempre de la mano de un amigo, previamente calificado. El candidato debe reunir varios requisitos. Primero el silencio, luego depositar la totalidad de la entrada en efectivo, “plata o mierda”, una frase originada en el dialecto rioplatense.
El inversionista alquila un buen departamento, tipo penthouse con acceso a la terraza del edificio. Todo el tiempo la locación cambia, dos o tres fiestas a lo sumo y a buscar otro lugar. Alquileres caros y temporarios, obviamente sin contratos o papeles. El mobiliario debe reunir requisitos especiales. Amplios sillones para estirar las patas, al menos tres toilettes completos, tres dormitorios, cocina amplia, balcón ancho y largo con buenas plantas y, por las dudas un cuarto pequeño con camilla para masajes y eventuales emergencias clínicas.
Cuatro empleados, que sólo saben la hora del evento el mismo día de la fiesta, cumplen roles perfectamente asignados, con una charla previa de “entrenamiento”. Un hombre para la seguridad (el patovica), un asistente multifunción con botiquín preparado de jeringas y otras dosis del apocalipsis, el encargado de las bebidas y los alimentos y el técnico audiovisual, bah …., el dj.
Chicas y muchachos el futuro llegó. Prohibido el uso de celulares. Para los impuntuales sólo hay diez minutos de tolerancia.
En el salón la música está en segundo plano, acompaña. Bandas de sonido de películas que enamoran, temas de Pink Floyd, amor latino lento y el new age que se utiliza en la meditación. El decorado complementario está diseñado con banners o fotos de lugares de ensueño.
Sólo champaña, wisky importado y agua, bruschettas gourmet y un crocante caliente, toda comida de mano (finger food). En el fondo de la noche, que no se extiende más alla de las dos de la mañana, un bocado dulce.
El capo de la fiesta, según pudo reconstruir NU, es alguien amable, seductor, de buen chamuyo…. Habla con cada participante hasta que llega el momento del extásis emocional.
Los invitados están en un mundo donde cada uno inventó su propia identidad en un estado en el cual se autoperciben como animales mitológicos héroes de historieta o personajes de ficción. Batman, el hombre araña, Zeus, Afrodita, el payaso plin plin, la mujer maravilla, un animé coreano ….
En diez minutos puede pasar de todo. Sexo, siesta corta y de nuevo a la pista, alguna droga de corte y de a poco “la bajada”, técnicamente retornar al universo real. Subí que te llevo.