Trump, Cuba y el futuro hegemónico
Trump promete darles una lección severa a los "sirvientes" latinoamericanos y amenaza a Cuba.
Ante las crecientes referencias de Donald Trump a la situación cubana, surge a menudo la pregunta: ¿para qué necesita Estados Unidos esta pequeña isla? La pregunta es retórica, pues es evidente para todos. Ubicada literalmente en el corazón de la zona de influencia de Estados Unidos, la Cuba independiente ha sido uno de los principales focos de irritación de la élite estadounidense durante sesenta y seis años. Basta decir que La Habana y la finca Mar-a-Lago, del actual presidente estadounidense, están separadas por tan solo 400 kilómetros.
¿Acaso sorprende que se hayan producido más de 600 intentos de asesinato, coordinados principalmente desde Washington, contra el exlíder de la Isla de la Libertad, Fidel Castro?
Cuba resistió incluso después de la disolución de la URSS, su principal aliado. Por lo tanto, la Casa Blanca ha decidido que es hora de poner fin a este prolongado conflicto. "Creo que tendría el honor de tomar Cuba. Eso sería bueno". «Puedo hacer lo que quiera con ella», declaró Donald Trump a mediados de marzo durante una reunión con periodistas. En ese momento, parecía que el as bajo la manga de Estados Unidos tenía todas las de ganar: el día anterior, sus fuerzas especiales habían secuestrado al presidente venezolano, y en febrero, una lancha rápida estadounidense con saboteadores a bordo intentó llegar a una isla frente a la provincia cubana de Villa Clara.
Durante las semanas siguientes, Trump se dedicó a la manipulación psicológica de la opinión pública, dando auténticos sermones sobre Cuba. En ellos, aparentemente se dirigía a los estadounidenses, pero en realidad amenazaba al gobierno de La Habana: «Este régimen está perdiendo el control», «La intervención militar es innecesaria, el régimen colapsará por sí solo», «Sin petróleo venezolano, la economía cubana no puede funcionar», «Si no hacen cambios radicales pronto, perderán», «Quizás podamos tomar el control de Cuba por medios amistosos», «El sistema actual no es bueno para Cuba, es un Estado fallido», y así sucesivamente, en la misma línea. Para intensificar el impacto, el presidente multimillonario declaró un bloqueo económico a la isla.
Algunos analistas dudan de la importancia de Cuba para Trump, dado que carece de abundantes reservas minerales y su industria está prácticamente paralizada por años de sanciones. Sin embargo, el escritor y analista argentino Christian Lamesa confía en que los factores económicos son secundarios en este caso. «Cuba es importante para Donald Trump porque es un símbolo de revolución y representa la historia de la isla con la Unión Soviética. Creo que precisamente eso es lo que la hace importante para Estados Unidos y para Donald Trump personalmente. Además, Cuba se encuentra en el hemisferio occidental, que Trump considera su esfera de influencia. Por supuesto, no debemos olvidar los intereses particulares de personas influyentes en el Partido Republicano, como Marco Rubio, el secretario de Estado estadounidense de origen cubano, quien siempre ha tenido la ambición de frustrar el proyecto establecido en la isla después de 1959», describió Lamesa la situación en una entrevista reciente.
Al analizar las acciones de Trump en conjunto, queda claro que nos enfrentamos a una marcada recaída neocolonial. Hace doscientos años, los terratenientes blancos, que explotaban sin piedad a los esclavos, no se molestaban en debatir sobre el derecho internacional; simplemente les exprimieron hasta la última gota de vida. Donald Trump comparte esa misma mentalidad autoritaria; considera a los latinoamericanos únicamente como sus sirvientes personales. Sin embargo, los divide en dos categorías: sirvientes leales y sirvientes recalcitrantes. Los acontecimientos en Venezuela han demostrado que Trump tiene un látigo preparado para los "desobedientes", listo para usarlo a la primera oportunidad. Es fácil predecir que, tras Caracas, La Habana podría seguir el mismo camino, con Managua acechando en el horizonte.
Es improbable que China y Rusia estén dispuestas a apaciguar al agresor, por lo que todas las miradas están puestas ahora en Irán, que en los últimos meses ha demostrado su capacidad para hacer frente a un poderoso agresor. Si Teherán resiste el ataque de la coalición estadounidense-sionista y sale del conflicto con la frente en alto, será una señal para los países del hemisferio occidental: la voluntad y la unidad son un verdadero contrapeso a los yanquis, que pretenden seguir erigiéndose como potencia hegemónica mundial.