Tensión por la obra de la Avenida Dellepiane: “Dividieron Lugano”
El denominado Masterplan Dellepiane forma parte de la estrategia oficial para reconvertir uno de los principales accesos al sur porteño en una traza más ágil y ordenada. Desde el Ejecutivo aseguran que la intervención permitirá acortar los tiempos de traslado, optimizar la circulación vehicular y sumar nuevos espacios públicos a lo largo del corredor. Pero en el barrio la lectura es distinta: vecinos sostienen que la obra “divide Lugano”, reduce áreas verdes consolidadas y plantea un esquema de transporte cuyo acceso —afirman— no fue pensado en función de quienes viven a ambos lados de la autopista.
La traza, de 4,6 kilómetros entre la Avenida General Paz y el peaje Dellepiane, es utilizada por unos 140 mil vehículos y 15 mil pasajeros de colectivos por día. El rediseño incluye ensanche de puentes, nuevas rampas de acceso, reconfiguración de carriles, siete puentes peatonales nuevos, un puente vehicular, obras hidráulicas en la Cuenca Cildáñez y la creación de un parque lineal de más de cuatro kilómetros.
También prevé un carril central exclusivo para transporte público, con cuatro paradores, que conectará con el Metrobus de la Autopista 25 de Mayo.
Desde el Gobierno de la Ciudad sostienen que se trata del primer rediseño integral desde la reconversión de la Dellepiane en autopista en los años noventa y que la intervención “moderniza una traza histórica para hacerla más segura, eficiente y sustentable”. Destacan además que la obra hidráulica beneficiará de forma directa a más de 3 mil vecinos y a 63 mil habitantes del área de influencia, al reducir el riesgo de anegamientos mediante nuevos conductos y un cruce bajo autopista en la rotonda de Larrazábal ejecutado con sistema linner, que permite trabajar sin afectar la circulación en superficie.
En paralelo, el plan contempla la eliminación de las cabinas tradicionales del peaje Dellepiane y su reemplazo por un sistema de peajes inteligentes sin barreras. Durante abril convivirán el cobro manual y el nuevo esquema, antes de que las autopistas porteñas operen 100% con tecnología inteligente.
Pero en Villa Lugano, donde actualmente se concentran los trabajos más visibles, la percepción es otra. Un grupo de vecinos envió hace dos semanas una carta al jefe de Gobierno, Jorge Macri, para solicitar una reunión y exponer lo que consideran “deficiencias y problemáticas” del proyecto. Aseguraron que la mesa de trabajo creada entre el Ejecutivo y asociaciones intermedias “quedó casi sin funcionamiento” y que los espacios de diálogo son “meramente formales”.
Según explican, la instancia debía funcionar como ámbito participativo para revisar avances, discutir impactos y acordar ajustes. Sin embargo, sostuvieron que nunca se consolidó como un canal real de intercambio. “Debería ser una mesa abierta a todos los vecinos de la traza afectada. Necesitamos ser escuchados”, plantearon. También señalan que realizaron presentaciones judiciales y amparos que no obtuvieron respuesta favorable. “Todo se maneja en un marco de falta de información. No hay claridad sobre etapas, plazos ni modificaciones”, cuestionan.
Uno de los ejes centrales del reclamo es el acceso al futuro carril central exclusivo para colectivos. Los vecinos sostienen que las rampas proyectadas obligan a recorrer distancias extensas y que el diseño no contempla adecuadamente la conectividad desde el tejido barrial. “Lo que dicen del beneficio del Metrobus es una verdad a medias por la dificultad de los accesos”, afirman.
Además, remarcan que el servicio anunciado sería de carácter diferencial, con un costo superior al de las líneas tradicionales, lo que —según advierten— limita su impacto en términos de inclusión. “Es un transporte más costoso y no se genera accesibilidad real desde el trasbordo del ferrocarril Belgrano Sur hacia esta área”, sostienen. Para ellos, la integración con otros medios no está resuelta y el beneficio sería más acotado de lo que se comunica oficialmente.
El otro punto sensible es el ambiental. Vecinos denuncian la tala de “un centenar de árboles” y sostienen que el anunciado parque lineal no compensará la pérdida de superficie verde existente. Aseguran que las áreas parquizadas previas se redujeron y que lo proyectado no equivale a un verdadero pulmón urbano.
“Un parque lineal sería potenciar el espacio verde que ya había, no reducirlo. En la práctica las superficies verdes se achicaron sustancialmente”, señalan. También cuestionan que los usos recreativos —postas deportivas, equipamiento urbano y áreas de permanencia— no fueron consultados con la comunidad. “Son usos inventados por las autoridades. A los vecinos no se nos preguntó qué necesitábamos”, remarcan.
Desde la Ciudad aseguran que se incorporará nuevo arbolado con especies nativas y que se regenerarán 260 mil metros cuadrados de espacio público con criterios de sustentabilidad, incluyendo sistemas de drenaje urbano sostenible que permiten captar y filtrar el agua de lluvia. También indican que los ejemplares retirados serán compensados y que el nuevo diseño prioriza estándares ambientales más exigentes.
Para el Ejecutivo porteño, la intervención mejorará la conexión con nodos estratégicos del sur como la Terminal Dellepiane, la UTN, el Parque Olímpico, el Autódromo, la línea E de subte, el Premetro y el ferrocarril Belgrano Sur. La obra sobre el puente de la calle Río Negro, cuya demolición comenzó en diciembre de 2025 y tiene inauguración prevista para abril de 2026, es presentada como una pieza central para ordenar cruces y reforzar la seguridad vial.
Sin embargo, en Lugano persiste una preocupación más profunda: la sensación de fragmentación urbana. “Dividieron Lugano, va en contra del lema de nuestra junta desde 2018”, expresan.